20 septiembre, 2021

FERIA DE SAN MIGUEL DE SEVILLA 2011… CORTO CICLO EN QUE LOS TOREROS ESTUVIERON POR ENCIMA DE LOS TOROS.

Pasada la importante Feria de Bilbao quedan tres ferias a celebrarse en plazas de primera, las breves de San Miguel en Sevilla y la de otoño en Madrid, y la más larga de El Pilar, en Zaragoza. Con la temporada ya entrando en la recta final es difícil motivar a las figuras para que actúen en esas plazas en esas tardías fechas, y eso es lo que anualmente les ocurre en los empresarios de Madrid y Zaragoza.

Pasada la importante Feria de Bilbao quedan tres ferias a celebrarse en plazas de primera, las breves de San Miguel en Sevilla y la de otoño en Madrid, y la más larga de El Pilar, en Zaragoza. Con la temporada ya entrando en la recta final es difícil motivar a las figuras para que actúen en esas plazas en esas tardías fechas, y eso es lo que anualmente les ocurre en los empresarios de Madrid y Zaragoza. En cambio, en Sevilla es diferente pues la empresa evita ese problema completando en febrero o marzo los carteles de las dos corridas que generalmente contiene la Feria de San Miguel, que son incluidas en el abono para toda la temporada. Sin embargo, este año ha habido un cambio en el sistema, pues se añadió una corrida más al abono sin anunciarse el cartel en la primavera, con la intención de incluir a diestros que se hayan distinguido durante la temporada. Ese cartel se anunció recientemente y estaba compuesto por Iván Fandiño y David Mora, diestros que han sido las sorprendentes revelaciones de la temporada, y por el sevillano Esaú Fernández, como premio por haber triunfado la tarde de su alternativa en un festejo de la pasada Feria de Abril. Con este festejo abrió la feria el viernes 23 de septiembre. Luego, en las corridas del sábado 24 y del domingo 25 actuaron El Cid, Sebastián Castella, Alejandro Talavante, Curro Díaz, El Juli y José María Manzanares, quienes ya estaban anunciados desde marzo.
Con respecto a la asistencia de público, en la corrida del viernes los espectadores llenaron poco más de la mitad del aforo de la plaza, en la del sábado cubrieron alrededor de tres cuartas del mismo, y en la del domingo la plaza estaba prácticamente llena.
En el aspecto ganadero no se lidió ningún buen encierro en conjunto, aunque en cada encierro hubo un par de toros que dieron algunas opciones al lucimiento. En general los toros eran mejores por fuera que por dentro, pues tenían más presencia y peso que buena casta. Los astados de Pereda/La Dehesilla fueron descastados, excepto por el manejable segundo y el bravo sexto. Del descastado encierro de Torrealta destacaron el noble cornúpeto que abrió plaza y el manejable sexto, aunque ambos tenían las fuerzas justas. En cambio, el quinto presentó muchas más dificultades que sus hermanos. El peor encierro se lidió en la última corrida, en la que se corrieron cuatro toros de El Pilar, todos con bastantes dificultades, y uno, el primero, con el hierro de Moisés Fraile, que fue noble y bravo. El sexto se inutilizó al estrellarse con un burladero, y el de Salvador Domecq que lo sustituyó fue el más complicado que salió al ruedo esa tarde.
En los tres festejos se cortaron un total de tres trofeos; ninguno en la primera corrida; El Cid y Talavante cortaron una oreja cada uno en la segunda; y Curro Díaz fue el recipiente de la única oreja que se concedió en el último festejo. Basado en lo que vi en la pantalla de televisión, comento aquí sobre las actuaciones de los tres triunfadores, al mismo tiempo que hago algunas breves observaciones sobre las actuaciones de los otros diestros.
La segunda corrida tuvo un buen principio al cortar El Cid la primera oreja de la feria, pues en el festejo que inició la feria los tres espadas se fueron de vacío, y también tuvo un mejor fin al Talavante cortarle al sexto otro apéndice de aun más peso. Los dos espadas aprovecharon los dos únicos toros potables, pues tanto ellos como Castella, quien completaba el cartel, poco notable pudieron hacer con los restantes cuatro astados del descastado encierro Torrealta.
El Cid recibió al primer toro con unas templadas verónicas rematadas con una elegante media. El animal era noble y bravo, pero tenía las fuerzas justas, a lo que quizás contribuyó la voltereta que se dio al salir de una de las verónicas. Después de brindar al público, el de Salteras lidió al animal con mucha maestría, primero ejecutándole las dos primeras cortas series de derechazos alargando las embestidas con la muleta a media altura, sin esforzar al animal, y dándole sus tiempos, para luego completar otra tanda de derechazos y dos de naturales, cuyos pases tuvieron más hondura. Sobresalieron los largos pases de pecho y unos majestuosos adornos, incluyendo unas ajustadas trincherillas. Cuando el animal comenzó a rajarse, sabiamente El Cid concluyó su medida y magistral faena con un estoconazo. Se le concedió un merecido trofeo. El sevillano no pudo redondear la tarde con el cuarto, que era un feo y descastado astado que no podía con los 616 kilos que cargaba, yendo de más a menos. El maestro estuvo por encima del toro, lidiándolo con facilidad y voluntad para sacarle algunos que otros pases de calidad. Lo mejor fue la buena estocada con que mandó al animal a mejor vida. Fue aplaudido.
Talavante no encontró en el tercer toro el material apropiado para responder al triunfo de El Cid, teniendo que esperar a que saliera al ruedo el sexto toro para hacerlo. Su primer astado de salida embestía al capote con brusquedad y, en cambio en la muleta, aunque fue más manejable, tuvo poco fondo y corta duración. No obstante, el extremeño se las avió para ofrecer pequeñas dosis de su firme y templado toreo. Mató mal de dos pinchazos y una estocada corta al encuentro. El público apreció el esfuerzo del torero y lo premió con fuertes aplausos. No se pensaba al salir el sexto astado que este iba ser un toro para el triunfo, pues el animal, con sus asperezas y achuchones, no le permitió torear bien con el capote. Algo le vería Talavante para primero brindar al público y luego componerle, con mucha entrega y sabiduría, una intensa faena, en la que la firmeza, el temple y la ligazón predominaban. Hizo un toreo profundo y con enjundia, adornándolo en algunos momentos con inspirados remates y adornos. Pinchó antes de cobrar una estocada contraria, lo que no le quitó para que diera la vuelta al ruedo, llevando en la mano una oreja de peso. Sin duda, Talavante tiene su público en la Maestranza, un ruedo en donde el extremeño en el pasado había mostrado las dos caras de su personalidad torera, la entrega total como la tuvo en estas actuaciones con los torrealtas, o la apatía, cuando las cosas no le rodaban bien.
Por otro lado, a Sebastián Castella no le acompañó la suerte. Al francés le tocó el peor lote, y con sus toros estuvo esforzado y firme, pero en conjunto lo hecho careció de brillantez. Fue silenciado al rematar a ambos toros. Durante el primer tercio del quinto toro se vivió momentos de mucha preocupación en la plaza, al ver al picador José Doblado ser estrepitosamente derribado con su caballo. La cabeza chocó fuertemente en el piso, quedando allí inerte, y así fue llevado a la enfermería. Se temía lo peor, pero afortunadamente fue solo una conmoción momentánea, de la que se recuperó en la enfermería, volviendo de nuevo al callejón antes de terminarse el festejo.
En la corrida del domingo, de los espectadores que llenaban el coso del Baratillo, pocos o ninguno podrían haber imaginado que Curro Díaz sería el triunfador del festejo. Especialmente si se considera que el diestro de Linares era un complemento en el cartel, y que su puesto pudiera haber sido cubierto por cualquier otro diestro, pues la importancia del cartel consistía en que reunía a los dos máximos triunfadores de la pasada Feria de Abril y de la actual temporada europea: El Juli y Manzanares.
Así fue, pues el de Linares le esculpió al noble ejemplar de Moisés Fraile que abrió el festejo una de esas faenas que se quedan en la mente del aficionado. Es verdad que el astado, un serio cinqueño con 578 kilos de peso, en el último tercio tuvo grandes cualidades bovinas, como casta, nobleza y movilidad; pero también es cierto que la pureza, la majestad y el arte que Curro le imprimió a su toreo sobrepasaron a las cualidades del cornúpeta. Con el capote no hubo quites que anotar, pero sí las dos pintureras medias verónicas con que remató su labor de poner en suerte al toro. Brindó la faena al doctor que lo operó de la grave cornada que un toro le infirió en la penúltima corrida de la pasada Feria de abril.
La faena tuvo dos fases, una primera honda, en la que el diestro, llevando al toro engarzado en la pañosa con gran temple y majestad, se lo pasaba cerca cargando la suerte, para luego conducirlo hacia atrás, y rematar las series con artísticos pases de pecho más con algún toque de pellizco. En la parte final de su labor, apareció la simpleza de la difícil naturalidad, pues el espada, muy relajado, apoyándose en los talones, sin apenas toques, y solo con el juego de su muñeca, parecía que llevaba al toro a pasear atado a la muleta como si de un amigable perro se tratara. Terminó su hacer con una estocada algo contraria y el entusiasmo se desbordó en los tendidos. La petición del primer trofeo fue clamorosa, y después del presidente concederlo, la petición por otra oreja continuó, pero el presidente se resistió a otorgarla, lo que le costó una bronca. Otra cualidad más de la faena fue su relativa brevedad que contrastaba con tantas tan de moda compuestas por maratones de pases. No creo que la faena contara con más de una treintena de muletazos, o sea que la calidad superó con creces a la cantidad. Con el manso tercero el torero estuvo muy decidido, luciéndose al ejecutar muletazos de calidad, pero le fue imposible ligar faena. Mató de una buena estocada y fue fuertemente ovacionado. En conjunto en su actuación el de Linares ha hecho gala de una dimensión de alta calidad torera muy superior a la que exhibía en sus pasadas actuaciones en el ruedo sevillano.
Esa tarde El Juli también pudiera haber obtenido otro trofeo por lidiar como un supremo maestro al violento segundo toro que, como los tres siguientes, llevaba el hierro de El Pilar. Empezó por imponerse al animal después de tantearlo de salida, al darle unas templadas verónicas. Luego, con la muleta se dobló con el toro para meterlo en carril, lo que consiguió con mucha exposición. Completó varias series de derechazos, las dos primeras toreando a media altura para enseñar a embestir al toro, aliviándose algo, y las restante bajando la mano, mandando y ajustándose a un toro que aun lo buscaba. Al tomar la izquierda la labor decayó algo, pues el toro presentaba más dificultades por ese lado. Con un público con muchos aficionados, que obviamente apreciaban su superior lidia, ya tenía el trofeo en sus manos, cuando falló con la espada al matar de dos feos pinchazos y una media estocada. Con el difícil quinto toro, andarín y sin entrega, ni usando toda su ciencia lidiadora le fue posible el lucimiento. Lo mejor fue un quite por chicuelinas y la efectiva estocada con que se quitó del medio a la prenda que tenía delante.
Aun peores condiciones tuvieron el tercer toro de El Pilar y el sobrero de Salvador Domecq que sustituyó al sexto titular, y ninguno permitió al maestro Manzanares triunfar otra vez más ante un público que lo ha adoptado como suyo. El alicantino siempre estuvo por encima de sus toros, lidiándolos sin perder su compostura y su nativa elegancia, y aunque no redondeó faenas, sí se lució cobrando dos estupendas estocadas. Como siempre fue un lujo el ver lidiar y banderillear a los miembros de la excepcional cuadrilla de Manzanares que fueron fuertemente aplaudidos en varias ocasiones.
En la corrida que abrió el ciclo los toreros revelaciones de la temporada Iván Fandiño y David Mora, aun sin cortar orejas, dejaron constancia del porque han estado triunfando esta temporada y del porque poco a poco, con todo en contra, se están buscando sitios en las ferias importantes. En Sevilla esto lo han hecho imponiéndose a los toros del mal encierro de José Luis Pereda y lidiándolos bajo molesto viento. Fandiño y Mora son diestros que hacen un serio toreo con un estilo muy castellano que raya en lo clásico.
Iván Fandiño no se había ganado el entrar en esta feria por haber triunfado antes en la Maestranza, pues en su única actuación en la pasada Feria de Abril sus buenas intenciones se estrellaron al enfrentarse con un pésimo lote del encierro del Conde de la Maza, sino por la repercusión que sus recientes triunfos en otras plazas importantes están teniendo. Con el primero de la tarde poco más pudo hacer que mostrar su firmeza y entrega, y eso lo estropeó al pinchar cuatro veces para luego tener que usar el descabello. Hubo silencio. En cambio, en su segundo, un toro que humillaba poco, se las avió para, con gran firmeza, ejecutar una buena serie de derechazos, en la que hubo mando y temple. Mejoró esa tanda con otra aun mejor, para luego ejecutar otras dos series de naturales compuestas por muletazos lentos y largos. Sonó la música, la que luego paró al diestro no seguir toreando al mismo nivel, por la aspereza del toro y por las molestias del viento reinante que hacía ondear el engaño como si fuera una bandera. Antes de matar de pinchazo y estocada desprendida, cerró la faena con unas ajustadísimas bernardinas. Salió al tercio a agradecer los aplausos.
David Mora, aunque no triunfó, tampoco defraudó en su debut como matador en la Maestranza. Sus mejores momentos los consiguió lidiando con firmeza y valentía al segundo astado de la tarde, el que parecía tener la intención de imposibilitar el triunfo del diestro. Aun así, David se impuso y consiguió con mucha firmeza plasmar templados y artísticos pases, ejecutados con gran empaque, verdad y clase, que calaron en los tendidos. Mató de un estoconazo y fue premiado con grandes aplausos. El quinto, con sus 595 kilos, tuvo mucha fachada, pero poco fondo, pues topaba en vez de embestir, dificultando el lucimiento del maestro. De nuevo con la muleta se vio a un fino torero que puede con todo, y de nuevo se encontró con un animal que quiso, sin conseguirlo, manchar su debut en Servilla. Terminó su hacer ejecutándole una estocada fulminante. Pero no fue la estocada lo que queda en la memoria, sino las templadas verónicas rematadas por dos elegantes medias que le plasmó de salida al quinto astado. Mora, sin triunfar, ha impactado en Sevilla y no sorprendería si entrara en el próximo abono de la Feria de Abril.
El caso de Esaú Fernández no es de envidiar pues. Después haber cortado dos orejas y de haber dejado una buena impresión en la actuación en la corrida de su alternativa en la feria abrileña pasada, solamente ha toreado cinco corridas antes de hacer el paseíllo la tarde del viernes. Esta falta de rodaje se le nota en la plaza por la falta de acople y de templanza en su toreo, que a veces es algo acelerado. Ahora bien, lo que no ha perdido es el valor y el entusiasmo para buscar el triunfo, si no con un toreo profundo, al menos toreando con entrega y haciendo gestos valerosos que el público en general agradece. A sus dos toros los recibió a portagayola, y en su segunda faena, después de brindarla a los areneros de la plaza, la inició con dos arriesgados pases cambiados en los medios. También a ese toro de Perera, el mejor del mal encierro, le ejecutó un par de tandas de ligados y vistosos pases. A su primero lo mató de una buena estocada, en cambio al sexto, con el que estuvo más airoso, estropeó lo hecho matando de una estocada desprendida que necesitó el uso del descabello.
En conjunto, aunque en la Feria de San Miguel, edición 2011, poco toreros han tenido actuaciones que hayan merecido trofeos y en general los toros han sido descastados, pero no tontos, y con algunos también presentando dificultades para su lidia, en los tres festejos se han visto cosas interesantes que han causado que los espectadores, o los televidentes, no se hayan aburrido.
Reseñas:
23 de septiembre. 1ª de la Feria de San Miguel. Toros de José Luis Pereda/La Dehesilla (desiguales de presentación, mansos y descastados en conjunto, el más manejable del 6º) para Iván Fandiño (silencio; saludos tras aviso), David Mora (saludos; silencio tras aviso) y Esaú Fernández (saludos; saludos). Entrada: ½.
24 de septiembre. 2ª de la Feria de San Miguel. Toros de Torrealta (bien presentados y descastados con poco fondo, pero manejables; los mejores los nobles pero justos de fuerzas 1º y 6º; el peor el 5º que tuvo peligro) para El Cid (oreja; palmas), Sebastián Castella (silencio; silencio) y Alejandro Talavante (palmas; oreja). Entrada: ¾.
Reseña: 25 de septiembre. 3ª y última de la Feria de San Miguel. Cuatro toros de El Pilar, uno de Moisés Fraile, el 1º, y uno de Salvador Domecq, el 6º bis, (desiguales de presentación, deslucidos y con dificultades en conjunto; el mejor el noble y manejable 1º y el peor el complicado sobrero de Domecq) para Curro Díaz (oreja; saludos), El Juli (saludos tras aviso; silencio) y José María Manzanares (silencio; palmas). Entrada; casi lleno.

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