24 julio, 2021

LAS ESCUELAS DE TOREO –FORMACIÓN Y CULTURA- ELEMENTO NATURAL PARA PRESERVAR LA COSTUMBRE Y TRADICIÓN TAURINA.

ARRASTRE LENTO… Queda claro que el enemigo a vencer, defendiendo la Fiesta y el Toreo, es el que se esconde en el escandaloso aparato alucinador de las falsas filosofías redentoras de los derechos de los animales.
Permítaseme la posibilidad de intentar explicarme.

ARRASTRE LENTO… Queda claro que el enemigo a vencer, defendiendo la Fiesta y el Toreo, es el que se esconde en el escandaloso aparato alucinador de las falsas filosofías redentoras de los derechos de los animales.
Permítaseme la posibilidad de intentar explicarme.
La intensidad del asombro todavía tiene sumido en la perplejidad al taurino. Lo que parecía imposible se hizo realidad. Cuando el movimiento contra la Fiesta tomó fuerza impulsado por la galopante animadversión de ciertos sectores que radicalizando su postura trabajaron en conjunto para lograr su objetivo, los taurinos vieron sin atender los embates con la superficialidad de un ingenuo. Hoy pagan las consecuencias de su tibieza. Creían que la Fiesta por su raigambre mitológica e histórica permanecería incólume, máxima si, tal y cual lo suponía el derecho legendario, sería defendida por la inercia de la añeja tradición de la cultura. Empero, a los enemigos del toreo, tránsfugas de su propia identidad, poco les importó la nobleza de su patrimonio, y con un poco de malicia, encontraron los filtros por donde acosarla: además de primitiva, salvaje, bestial, cruel y violenta, la catalogaron como una manifestación anacrónica que, al atentar contra la dignidad de los animales, no merece ninguna consideración ni humana ni legal el tibio argumento con el que los taurinos defienden la prevalencia del espectáculo.
Lo cierto es que el toreo se hizo viejo. También es cierto que al amputarle los espacios, limitándolos con crecientes amenazas, se escuchan los primeros lamentos del héroe vencido. Y vaya que duele escucharlos. ¡Qué pena!
Los taurinos, faltos de previsión, no calcularon la enjundiosa amenaza de quienes, dictaminando una solución que niega el derecho a la libertad, ya lograron poner a la Fiesta en el paredón. Y parece tardío el descubrimiento que, a manera de conclusión, los aficionados y profesionales del toreo, han realizado: “El enemigo de la Fiesta, el más perfecto profesor de odio al toreo, es un adversario irreconciliable de la democracia”. Éste, radicalizada su actitud y postura, no admite razones. Lo curios del caso es que, visto el daño económico y la amputación geográfica y territorial causada por los que han fulminado la libertad de la razón, los taurinos se sienten culpables. Lo malo es que el hecho presagia inutilidad toda vez que, al menos en el medio taurino, cuando la culpa es de todos, la culpa es de nadie, de tal suerte que la pelota ardiendo va de mano en mano sin que a ninguna deje quemaduras, aunque finalmente a todas tizne. Sabían que había lumbre, pero nadie asumió la responsabilidad de apagarla.
¿Quién puede defender al saldo de la Fiesta?
La cultura innovada, -educación impartida a jóvenes y niños en escuelas de toreros que la verán y admirarán con una óptica práctica y humana más coherente con la finalidad del toreo- a futuro es la que abrirá los ojos de la sociedad para que contemplando las maravillas que contiene, se den cuenta de los beneficios que conlleva el toreo como manifestación en la que alternan cualidades naturales toros y toreros.
Pero la lucha será no sólo contra enemigos visibles pues hay en la retaguardia del frente enemigo otros tan o más peligrosos: los invisibles, los alternos. Atentos, habrá que luchar contra todas las vulgaridades del aparato alucinador de las falsas filosofías redentoras de los derechos de los animales.
arrastrelento@gmail.com

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