31 julio, 2021

EL PUNDONOR GANADERO DE DON ADOLFO LUGO VERDUZCO.

Sábado primero de octubre del 2011. Novillos: Cinco de Huichapan. Quinta novillada de la temporada de la Plaza de toros Antonio Velázquez de Arroyo.
(Paulo Campero regaló uno), muy bien presentados. Los jugados en segundo, tercero y cuarto lugar fueron excelentes por su bravura y su nobleza. Los tres primeros fueron aplaudidos al saltar al ruedo y al abandonarlo tirados por los percherones, y al cuarto se le concedió el arrastre lento.

Sábado primero de octubre del 2011. Novillos: Cinco de Huichapan. Quinta novillada de la temporada de la Plaza de toros Antonio Velázquez de Arroyo.
(Paulo Campero regaló uno), muy bien presentados. Los jugados en segundo, tercero y cuarto lugar fueron excelentes por su bravura y su nobleza. Los tres primeros fueron aplaudidos al saltar al ruedo y al abandonarlo tirados por los percherones, y al cuarto se le concedió el arrastre lento.
Novilleros: Paulo Campero, al primero de la tarde lo mató de tres pinchazos y tres cuartos: leves palmas. Regaló un quinto ejemplar al que despachó de cinco pinchazos y estocada entera: palmas tras aviso. Jaime Adrián, liquidó al segundo de pinchazo hondo y trasero: petición de oreja y vuelta al ruedo.
José María Macías, al tercero se lo quitó de enfrente mediante tres pinchazos y una municipal, esa estocada entera y contraria que atraviesa por el costillar al burel, como si del sable que se terciaban los antiguos guardias municipales de Sevilla se tratase: al tercio.
Jorge Rizo, dos municipales, un pinchazo y entera contraria: palmas tras aviso.
En este quinto festejo de la temporada, el ganadero hidalguense, don Adolfo Lugo Verduzco, y el primer espada, Paulo Campero, demostraron lo que es pundonor. Fue una lástima que Campero, el más torero de los cuatro muchachos, intentara todo y hasta regalara un astado sin conseguir el triunfo grande por fallar a la hora de la verdad. También fue un pena que los novillos que merecían irse sin orejas al destazadero cayeran en manos de tres jóvenes que carecen de los elementos necesarios para enfrentar reses bravas como las que cría el ex-gobernador de Hidalgo.
El primero de Huichapan apareció por la puerta de toriles y asombró por su trapío. En los dos primeros tercios Campero lanceó a la verónica, quitó por excelentes gaoneras, puso dos pares de banderillas e invitó a Adrián a poner el segundo.
Tomó la muleta y comenzó de rodillas el trasteo con mucha verdad. Lástima que el torito era soso y débil, que se quedaba corto y se frenaba a media embestida. Aun así Paulo estuvo todo el tiempo en torero, arrimándose con clase y logrando pegar muy buenos naturales en un palmo. No faltaron los medios molinetes o medios trincherazos que ha puesto de moda José Tomás, ni el molinete de rodillas para abrochar el trasteo. Lástima que la suerte suprema sigue siendo la asignatura pendiente de Campero. La posibilidad de un trofeo se esfumó, pero su labor merecía más que leves palmas del público de Arroyo, mismo que siempre e inexplicablemente se porta muy frío con el primer novillero de cada sábado.
Vino el segundo de la tarde y la gente le ovacionó de salida por su lámina. Jaime Adrián veroniqueó gritando mucho, el cornúpeto tumbó espectacularmente al varilarguero, el novillero en turno instrumentó el quite de oro y cubrió con Campero el segundo tercio, hasta ahí todo iba bien.
Lo triste fue que con la muleta pues el muchacho capitalino nunca entendió al toro. Le faltaron oficio y las ganas de dar ese pasito que invade el terreno del toro, provoca la embestida y hace que el bicho repita. Hubo encomiables naturales sueltos y derechazos largos, pero la faena nunca levantó el vuelo. Adrián se arrimó de tal manera en las joselillinas finales que el toro le cogió aparatosamente y le vapuleó de lo lindo. Gracias a Dios no recibió una cornada grave en la ingle. El respetable pidió la oreja para premiar el valor de Jaime Adrián, pero todo quedó en una cariñosa vuelta al ruedo.
El tercero de la divisa amarillo y azul fue aun mejor que el anterior, pues tuvo recorrido, nobleza y alegría. ¿Qué logró con él José María Macías, el novillero de Huamantla? Poco, la verdad muy poco. Nunca le cogió la distancia al toro ni le completó los muletazos. Para no desentonar mató fatal y no es probable que vuelva a encontrarse pronto a un novillo con tanta clase. Lo mejor fueron los pares de banderillas de Christian Sánchez, quien cuarteó maravillosamente por ambos pitones y se desmonteró.
El cuarto de la lidia ordinaria fue de igual calidad que el anterior, pero Jorge Rizo ni se arrimó ni ligó los muletazos. Castella no sabe el daño que le ha hecho con su particular tauromaquia a esta nueva camada de novilleros mexicanos, quienes abusan de quitarle el engaño de la cara al toro, retroceden entre pase y pase y acaban aburriendo al rumiante y al paciente público. La fijeza y la nobleza del novillo le hicieron acreedor al arrastre lento. Siempre nos quedarán las ganas de saber por qué Rizo llegó 45 minutos tarde a la Antonio Velázquez, y por qué traía puesto un pantalón de monosabio sobre la taleguilla desde el principio de su actuación.
Paulo Campero nos regaló al sobrero, pero éste ya no se pareció a los tres bichos anteriores. Ante un burel rajado, parado y reservón, Campero se esforzó con torería, atacó al toro en todos los terrenos y tuvo buenos momentos con la sarga. Volvió a estar mal con la toledana y se nos terminó el festejo.
Me imagino que en algún lugar del universo hay un limbo repleto de toros buenos que no corrieron con suerte en la plaza. Ahí fueron a parar seguramente tres de los novillos de Huichapan.

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