1 agosto, 2021

FERIA DE OTOÑO 2011 DE MADRID FANDIÑO Y MORA, UN MANO A MANO APASIONANTE.

Cuatro días después de terminar la Feria de San Miguel sevillana dio comienzo la última feria taurina madrileña del año.
La edición del 2011 de la corta Feria de Otoño se compuso de cuatro festejos. Comenzó el jueves 29 de septiembre con una novillada, con la repetición de novilleros que recientemente se han distinguido actuando en la Plaza de Toros de las Ventas. Fue seguida por tres festejos mayores; la corrida del viernes con un cartel de tres figuras, los que son de admirar por no haber dudado en dar la cara ante la exigente y docta afición madrileña a estas alturas de la temporada; la del sábado en la que actuaron en un mano a mano Iván Fandiño y David Mora, los dos maduros diestros que, lanzados por Madrid, han resultado ser, por sus varios

Cuatro días después de terminar la Feria de San Miguel sevillana dio comienzo la última feria taurina madrileña del año.
La edición del 2011 de la corta Feria de Otoño se compuso de cuatro festejos. Comenzó el jueves 29 de septiembre con una novillada, con la repetición de novilleros que recientemente se han distinguido actuando en la Plaza de Toros de las Ventas. Fue seguida por tres festejos mayores; la corrida del viernes con un cartel de tres figuras, los que son de admirar por no haber dudado en dar la cara ante la exigente y docta afición madrileña a estas alturas de la temporada; la del sábado en la que actuaron en un mano a mano Iván Fandiño y David Mora, los dos maduros diestros que, lanzados por Madrid, han resultado ser, por sus varios impactantes triunfos en algunas ferias importantes, las revelaciones de esta temporada; y se cerró con otra corrida de toros el domingo 2 de octubre, en la se corrió un encierro de los duros que fue lidiado por valientes maestros especializados en confrontar esos peligrosos retos.
Considerando la gran cantidad de gente que acudió a la plaza, es obvio que la empresa tuvo un gran acierto elaborando los carteles, aun sin contar con las figura más distinguidas, pues la plaza casi se llenó en las corridas primera y última, y hubo un lleno de “no hay billetes” para presenciar el festejo del mano a mano del sábado, mientras en la novillada hubo la entrada más floja, al cubrirse solo dos tercios del aforo.
De lo visto en la pantalla del televisor, en forma de resumen, anoto a continuación lo más relevante, con énfasis en lo positivo, de lo sucedido en los cuatro festejos de la feria otoñal celebrados en Las Ventas.
Los novilleros Francisco Montiel, Alberto Durán y Víctor Barrio abrieron la feria lidiando un bien presentado encierro de Gabriel Rojas, cuyos cinco primeros utreros carecieron de casta y fondo, y ofrecieron algunas dificultades, las que no hubieran sido tan obvias con toreros con más recursos. Hubo un bravo y noble sexto que permitió a Barrio salvar la tarde con una buena actuación.
Durante la lidia de esos cinco novillos primeros poco notable se vio, otro que poder apreciar algunas de las buenas maneras del toreo de capote y muleta de Alberto Durán. En cambio, no se puede decir lo mismo del uso de los aceros por este torero zamorano, pues mató a su primero de estocada atravesada y cuatro descabellos, y a su segundo de tres pinchazos y estocada, lo que motivó que fuera silenciado al retirarse al callejón. Ahora bien fue Francisco Montiel el que dio la nota más negativa por su falta de recursos y por usar mal los aceros. Esto causó que oyera dos avisos antes que doblara el primero de la tarde, y que viera como le devolvían al corral su segunda astado por el torero haberse eternizado usando el descabello sin considerar que el novillo no estaba listo para descabellar. Ahora bien la nota más negativa la causó ese novillo al herir de mucha gravedad al banderillero Antonio Cama. La cogida no fue impresionante, pero desgraciadamente la realidad fue otra, pues según el parte facultativo el subalterno fue operado de “Herida en región perineal izquierdo de 20 centímetros que desgarra esfínteres externo e interno y recto. Reconstrucción esfinteriana del recto. Muy grave”.
Para admirar lo positivo se tuvo que esperar que saliera el sexto novillo, el que en los dos primeros tercios no mostró todo lo bueno que atesoraba y que lo sacaría a relucir en el último tercio. Embistió a la muleta con casta y bondad, y Barrio aprovechó esas buenas condiciones para completarle una buena faena que fue premiada con una oreja. El espigado joven comenzó la faena de rodillas toreando por derechazos en los medios. La serie fue larga y templada y rematada, aun sin levantarse, con dos pases de pecho. Siguió, ya de pie, con otras dos muy bien ligadas tandas por el mismo lado, ejecutando los pases aun con más temple. A continuación hizo un toreo más emotivo con pases circulares regulares e invertidos. En cambio, la faena bajó de tono al torear por naturales, y entonces se refugió en la espectacularidad para terminar su labor en tono mayor, dando, entre otros adornos, unas ajustadas y emotivas manoletinas de rodillas. Agarró una efectiva estocada contraria, asegurándose el trofeo. Su actuación proveyó un buen final a una aburrida novillada.
Si en la novillada solo embistió con franqueza y nobleza el sexto novillo y Víctor Barrio le cortó una oreja, en la primera corrida, de los cinco toros que se lidiaron de El Puerto de San Lorenzo solo fue encastado uno, y a este El Cid le completó una superior faena de oreja, aunque se dejó ir el premio por fallar con la espada. Los cuatro titulares restantes y el sobrero de Los Bayones, que sustituyó al debilucho sexto, eran manejables en conjunto, pero les faltaban raza y fuerza, lo que restaba emoción a lo poco brillante que los diestros lograron hacer, y esa falta de bravura en las entrañas de los animales provocó que el público no apreciara la insistencia y el esfuerzo de los toreros para sacar algún partido de unos toros que nada tenían para ofrecer. Este fue el caso de las actuaciones de Sebastián Castella y Miguel Ángel Perera en sus lotes y en la de El Cid en su primero. No obstante, los tres espadas, aunque sin lograr completar faenas, estuvieron en maestro y tuvieron algunos momentos brillantes, pero no los bastantes para caldear el ambiente. Entre los tres sumaron cinco silencios al completar las actuaciones.
Lo bueno estuvo a cargo del diestro de Salteras con el buen cuarto noble y repetidor astado. De salida, después de unos lances de tanteo, le recetó dos templadas verónicas, llevando al animal embebido en los vuelos del capote, y una preciosa media. Sonaron los primeros aplausos. Después de brindar al público, se fue al centro del ruedo para, a gran distancia aguantar las prontas arrancadas del astado, para llevarlo muy toreado en una tanda de sobrios, bellos y largos naturales, que remató con un hondo pase de pecho tras un artístico cambio de mano. Repitió dos tandas de naturales más con similar calidad. Y aun mejores fueron las dos series de derechazos, al ejecutarlas con más ajuste, firmeza y gusto. Concluyó su hacer con unos trincherazos y adornos para cuadrar al toro, pero emborronó lo bien hecho al pinchar antes de cobrar un feo bajonazo. En vez llevarse un trofeo, el premio fue únicamente el tener que salir al tercio para agradecer los nutridos aplausos con los que el público le agradecía la buena faena y le perdonaba el bajonazo.
Antes de comentar sobre lo sucedido en el festejo del mano a mano, resumo aquí lo poco notable que se vio en la última corrida de la feria, en la cual Rafaelillo, Antonio Barrera y Serafín Marín lidiaron una moruchada de Adolfo Martín. El encierro fue serio, muy bien armado, pesado y hubo cuatro toros con los cinco años bien cumplidos. En cambio, en conjunto, los astados eran descastados, dados a las medias arracadas y a la irregularidad en las embestidas, y aunque tenían peligro, no era el de la clase que asusta al público. Tal vez, el lote de Rafaelillo mostró más las dificultades, permitiendo a este pequeño gigante pelearse con ambos toros y entusiasmar con su valiente actuación. El primer toro de salida intentó saltar al callejón y puso en apuro al murciano al recibirlo de capa. Este se escapó ileso, pero el brusco animal volteó muy feamente al banderillero José Mora que resultó corneado en el muslo derecho. Con la muleta Rafaelillo se jugó el físico para sacar con mucha habilidad unas series de derechazos y naturales, unos con más temple y hondura que otros. Por consiguiente, no pudo redondear faena, no había manera, pero sí la completó con gran mérito y, al matar de una estocada tendida echándose encima, el público le hizo salir a los medios para ser recipiente de fuertes ovaciones. La misma determinación mostró en el cuarto toro, consiguiendo ligar series con buenos muletazos a un toro que se dejaba algo más, pero su labor tuvo menos intensidad que la primera por el toro flojear y rajarse. Sonó un aviso por el animal tardar en cuadrar, y esta vez mató de un metisaca bajo, aun así saludó de nuevo desde el tercio como premio a su entrega. Los saludos de Rafaelillo fueron los máximos premios de esa tarde, pues tanto Barrera como Marín solo oyeron silencios al deshacerse de sus oponentes. El sevillano toreó con firmeza y lidió con suficiencia y maestría, pero su labor no tuvo trascendencia, mientras que el catalán estuvo menos decidido y habilidoso que en anteriores actuaciones en la Ventas. Aquí sigue el parte facultativo del subalterno herido:
El banderillero José Mora ha sido atendido en la enfermería de una herida por asta de toro en el tercio medio de la cara interna del muslo derecho con una trayectoria de 15 cm hacia adentro que causa destrozos en músculos abductores. Contusiones y erosiones múltiples. Pronóstico menos grave. Intervenido con anestesia general. Trasladado a la Clínica la Fraternidad. Firmado Dr. García.
La corrida del sábado con el mano a mano entre Iván Fandiño y David Mora había levantado tremenda expectación en Madrid, y al sonar los timbales Las Ventas estaba cubierta de público hasta la bandera. Había circunstancias muy especiales para que estos dos diestros fueran el centro de atención de la afición madrileña, pues habían usado el ruedo de Las Ventas con el aliento de su público para dar un salto gigantesco para intentar salir del circuito de las duras en que se encontraban durante algunos años, y además toreando poco, y al que, por el depurado estilo con que hacen el toreo no pertenecen. También, Mora y Fandíño, después de sus triunfos madrileños han entrado esta temporada en ferias importantes, en algunas ocasiones alternando y triunfando junto a las figuras con encierros comerciales. Se esperaba que esta tarde con sonados triunfos reivindicaran esos éxitos.
Si examinamos los resultados en las reseñas, Fandiño, ovación, silencio y oreja, y Mora ovación, silencio y vuelta tras petición, uno podría concluir que el triunfo fue moderado. En cambio, hay ocasiones en que las reseñas no reflejan los éxitos toreros, y esto es lo que sucedió en este caso cuando la emoción que las actuaciones de los dos diestros hicieron sentir a los espectadores no se mide con el número de trofeos.
En realidad ni Fandiño ni Mora hicieron grandes faenas que se pudieran describir con altisonantes adjetivos. Eso hubiera sido una quimera, ya que los toros de Gavira eran flojos, sosos y descastados, algunos con peligro y todos presentaban dificultades para torearlos con brillantez.
Entonces ¿qué hicieron estos titanes para que sus actuaciones tuvieran tanto eco que fueran catalogadas como triunfales? Pues simplemente se jugaron la vida para el uno superar al otro en una leal competición, como lo prueban las cinco dramáticas volteretas que sufrieron entre los dos, y en las que, por suerte, los toros solo les rasgaron las sedas de sus vestidos, y no las carnes. Esto de exponerse a lo peor no lo hicieron de una manera loca, sino siempre exponiéndose con sentido, y en su hacer no hubieron ni mantazos ni de medios pases que la dificultad del ganado hubiera justificado, sino cuando salían las suertes eran pases templados y hondos de olés.
Con el toro quinto Iván tuvo los mejores momentos de su actuación, ya que el animal, aunque tenía peligro, se movía y trasmitía emoción. La faena se compuso de dos brillantes cortas series con la derecha y otras tantas con la izquierda. Luego el toro buscaba y no hubo redondez, teniendo que abreviar después de dar unas apretadísimas manoletinas. Entonces sucedió lo inesperado, ya que el diestro, para asegurar el trofeo, se tiró encima del alto morillo para cobrar una de las más dramáticas estocadas que se hayan visto, ya que el diestro se quedó colgado de los pitones del alto animal que pesaba 625 kilos. Los segundos parecieron horas, pues Fandiño permanecía entre los pitones mientras que el toro continuaba tirando cornadas. Cayó inerte en la arena para en unos instantes levantarse sin otra consecuencia que un enorme palizón, para ver al toro morir sin puntilla. La plaza era un manicomio y la petición de oreja fue unánime y la concesión no tardó. Este premio también recompensaba la valiente actuación que el espada había tenido en sus toros anteriores, con el primero un difícil e incierto sobrero de Lozano Hermanos que sustituyó al titular por romperse un cuerno contra el peto, y con el tercero, un peligroso astado más interesado en el hombre que en los engaños.
Mora, desde que le hizo un buen quite por chicuelinas al primer toro de su compañero, ya dio un toque de atención de que no estaba dispuesto a dejarse ganar la pelea. Así que no fue sorpresa que recibiera al segundo toro a portagayola con una larga cambiada, seguida por templadas verónicas y una artística media. Fandiño fue de nuevo volteado al hacer un quite forzado por gaoneras. La competición seguía. Con la muleta comenzó la faena con unos pases por alto dados con gallardía y empaque. Continuó con series con ambas manos que resultaron cortas por el animal pararse en medio de las suertes. Por haber matado de tres pinchazos y descabello el premio quedó en aplausos. Lo mejor que le ejecutó al cuarto fueron las verónicas de salida, pues al toro caerse varias veces la emoción en la faena de muleta fue nula. Mató de estocada y descabello y hubo un respetuoso silencio en los tendidos.
Consciente de que se iba la tarde en blanco respondió al corte de oreja de Fandiño dispuesto a dejarse matar por un toro que tenía peligro por ambos lados. Devolvió el brindis que Fandiño le había hecho en el primero de la tarde, y yéndose a varios metros de distancia, aguantó las primeras arrancadas del despierto animal. Fue volteado espectacularmente saliendo ileso. No queriendo que el triunfo se le escapara, hundió los pies en la arena para seguir toreando por naturales. De nuevo fue volteado. Continuó toreando como si nada hubiera pasado, para luego cobrar una espectacular estocada. Hubo petición, pero al no ser concedida dio una aclamada vuelta al ruedo sin trofeos.
Terminó el festejo con el público aplaudiendo a los dos valerosos toreros que quieren ser figuras a cualquier precio.
Reseñas:
Madrid. Jueves 29 de septiembre. 1ª de la Feria de Otoño. Novillos de Gabriel Rojas Fernández (descastados y con complicaciones, excepto el 6º que fue bravo y noble) para Francisco Montiel (silencio tras dos avisos; pitos tras tres avisos), Alberto Durán (silencio tras aviso; silencio), Víctor Barrio (silencio; oreja). Entrada: 2/3.
Madrid. Viernes 30 de septiembre. 2ª de la Feria de Otoño. Toros de El Puerto y un sobrero de Los Bayones, 6º bis (descastados, flojos y rajados, aunque manejables en conjunto, la excepción el bravo, noble y repetidor 4º; el 6º fue devuelto por inválido) para El Cid (silencio; saludos), Sebastián Castella (silencio; silencio) y Miguel Angel Perera (silencio tras aviso; silencio). Entrada: casi lleno.
Madrid. Sábado 1 de octubre. 3ª de la Feria de Otoño. Toros de Gavira (bien presentados; mansos, faltos de fuerza, deslucidos y con complicaciones; el 1º retirado por partirse un pitón contra el peto; el 1º bis de Lozano Hermanos se lastimó una mano; el 6º con mucho peligro) para Iván Fandiño (ovación; silencio; oreja) y David Mora (ovación; silencio; vuelta tras petición) mano a mano. Entrada: lleno de “no hay billete”.
Madrid. Domingo 2 de octubre. 4ª y última de la Feria de Otoño. Toros de Adolfo Martín (cinqueños desiguales de presentación y bien armados, pero desrazados, sosos y deslucidos, el peor el 1º, y el más manejable el 4º) para Rafaelillo (saludos; saludos tras aviso), Antonio Barrera (silencio; silencio ) y Serafín Marín (silencio; silencio). Entrada: casi lleno.

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