MANOLO BELTRÁN, PREMIO A LA CONSTANCIA.

Uno de los grandes triunfadores del pasado Bolsín Taurino de Castellón fue, sin duda alguna, el ganadero Manuel Beltrán Izquierdo, quien puede presumir de haber lidiado una novillada de auténtico lujo, de las que hacen afición, de las que dan espectáculo y, además, y esto es lo mejor, de las que permiten a los chavales cuajar faenas realmente importantes.
No fueron novillos tontorrones, de esos que se dejan pegar pases y pases, pero que no transmiten absolutamente nada.
Tampoco fueron especialmente complicados, salvo el segundo que se vencía por el derecho y, aunque no se comía a nadie, si exigía algo más de oficio. Fueron, en conjunto, lo que uno espera de cualquier festejo, animales con movilidad, con alegría en la embestida, con un punto de nobleza que permita cuajarlos cuando el novillero se pone donde hay que ponerse, y con ese punto de casta que pone la nota de emoción a cada lance.
Si el toro bueno descubre al torero malo, el novillo bueno descubre no solo al novillero malo, también al que con buenas cualidades adolece todavía de una buena preparación, por lo que no conviene equivocarse, ni cargar las tintas, a la hora de juzgar a quienes no fueron capaces de estar a la altura de los erales. Conviene, sin embargo, valorar en su justa medida a quienes sí lograron cuajar estos animales, dejando patente, sobre todo, unas ganas inmensas de lograr algo en esta complicada profesión. Varea derrochó sentimiento y suyo es el mérito de saber embarcar la magnífica embestida del de Beltrán, logrando una conjunción difícil de ver en un novillero con tan corto bagaje. Soler se mostró, una vez más, poderoso en todos los tercios, capaz de poder con lo que le pongan por delante y con una progresión interesantísima. Iván, puso ese duende gitano que sale de sus muñecas y que puede llegar a romper en un torero que nos haga disfrutar. Tiempo al tiempo.
Gracias a estos chavales, de los que puede sentirse legítimamente orgullosa la escuela castellonense, y a los magníficos novillos del amigo Manolo, los espectadores que abarrotaban la plaza de Vinaroz pudieron gozar, salvando las distancias, de una de las mejores tardes de la temporada provincial.
El triunfo de Manolo Beltrán es el triunfo de la constancia, la perseverancia y el buen hacer de un ganadero que lleva décadas trabajando para que, cada vez que sus novillos salten al ruedo, den el espectáculo que pudimos ver en Vinaroz. Si esto, para los grandes ganaderos supone un reto complicado y no siempre conseguido, no quiero ni pensar lo difícil que debe resultar para los criadores modestos, con camadas mucho más cortas y con una capacidad de selección mucho más limitada.
Sin embargo, los sacrificios y el esfuerzo, de cuando en cuando, dan estas satisfacciones y si alguien se merece que sus novillos embistan este es, sin duda, Manolo Beltrán.

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