5 agosto, 2021

POR EL DÍA DE LA RAZA FUE POSIBLE QUE HOY GOCEMOS CON LA LUMINOSA EXPRESIÓN DEL MILAGRO REVELADOR DEL TOREO.

ARRASTRE LENTO… Con la discreción como marco, festejamos otro aniversario que, al amparo de la cultura popular, conocemos como “el día de la Raza”. Luego de las conclusiones aportadas por los beneficios del acontecimiento histórico, se habla de una nueva raza que, ufana y oronda, presume de su linaje: la madre fue india, y el padre español.
Si hay motivos para aplaudir el arribo de las carabelas que, dada la dimensión tan notable de sus jarcias y velas, ensombrecieron la brillante luminosidad del sol azteca, y alteraron brusca y repentinamente el orden indigenista de América, existen sin embargo otros enfoques que obligan a protestar por la cruel desaparición de la siniestrada, derrotada y moribunda civilización que aún contra su voluntad, fue for

ARRASTRE LENTO… Con la discreción como marco, festejamos otro aniversario que, al amparo de la cultura popular, conocemos como “el día de la Raza”. Luego de las conclusiones aportadas por los beneficios del acontecimiento histórico, se habla de una nueva raza que, ufana y oronda, presume de su linaje: la madre fue india, y el padre español.
Si hay motivos para aplaudir el arribo de las carabelas que, dada la dimensión tan notable de sus jarcias y velas, ensombrecieron la brillante luminosidad del sol azteca, y alteraron brusca y repentinamente el orden indigenista de América, existen sin embargo otros enfoques que obligan a protestar por la cruel desaparición de la siniestrada, derrotada y moribunda civilización que aún contra su voluntad, fue forzada a cruzar su sangre con la española y verse absorbida por nuevos elementos culturales.
Creo escuchar, como eco doliente, el lamento de los grandes núcleos indígenas en los momentos en los que las naves españolas se adentraban a explorar las costas de México, naos extranjeras que colapsaron a partir de aquel día, provocando su abrupta caída y hundimiento, a las sociedades aborígenes del maravilloso país antiguo.
Aún así, y participando del juego doliente en el que se trasplantó a nuestra tierra lo español -la religión, la lengua, las costumbres, el modo de reaccionar en las tendencias que eran propias de su raza y espíritu- debo agradecer que, una vez fundidas las entrañas españolas bajo perfiles indígenas, y se hizo posible el mestizaje de lo mexicano, en la sucesión temporal me hayan involucrado, no en lo abstracto, sino en una realidad concreta, en la luminosa fantasía del toreo.
A partir de aquel día, hoy el “día de la Raza”, España se quedó en mí. A partir de aquel día quedó sembrada la nueva cultura que al paso de los años florecería en un valles que nunca podrá negar la paternidad hispana. Bien. Si así fue, lo creo, lo entiendo, y lo asimilo. Asumo la realidad de ser un miembro más de la nueva raza que, por fortuna, se solaza proyectando su destino a la conquista insondable del mundo del toreo.
Pero hay algo que, como piedra en el zapato, me molesta al dirigir mis pasos hacia esa deslumbrante experiencia –contemplativa o ejecutada- que es el toreo. En lo taurino tengo que dar a conoce mi insatisfacción por el rumbo que, a través de los años, ha tomado la herencia histórica de la cual me resisto a prescindir.
No importa que la cultura taurina mexicana sea originada y derivada de España toda vez que me es urgente reconocer que en México poseemos una cultura propia que nos identifica. En ella se aprecian perfiles que no concuerdan con la nobleza del espíritu con la que taurinamente se hizo propicia la invasión.
Pues sí, taurinamente son diversas las razones que me obligan a aplaudir la invasión colonizadora de los ibéricos, pero hay algunas más que me hacen detestar la actitud profesa de los españoles tiranos, sintiéndose con el derecho absoluto de los hombres superiores, autorizados a extender y llevar por todas partes la influencia bienhechora de su ideal que sólo a ellos beneficia.
Pero también me causa comezón la timidez y tolerancia, a veces en paralelo con la impotencia, de los toreros mexicanos que nos son capaces de tomar la espada para que, al estilo de Juan Pablo Sánchez, Arturo Saldívar, Diego Silveti, Sergio Flores y otros de la nueva camada, generen una invasión triunfante en España.
arrastrelento@gmail.com

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