1 agosto, 2021

EL MONJE TORERO DE LA VIRGEN DEL CAMINO.

En los dominicos estuvo el único torero que cambió el capote por los hábitos, Juan García “Mondeño”.
Tuvieron este fin de semana los dominicos de La Virgen del Camino un curioso encuentro. Estaban los frailes que lo son pero también muchos ex alumnos e, incluso, ex frailes que mostraban una especie de ‘‘orgullo de casta’’; no se percibía la distancia y hasta resentimiento que a veces se intuye o se manifiesta en este tipo de reuniones.

En los dominicos estuvo el único torero que cambió el capote por los hábitos, Juan García “Mondeño”.
Tuvieron este fin de semana los dominicos de La Virgen del Camino un curioso encuentro. Estaban los frailes que lo son pero también muchos ex alumnos e, incluso, ex frailes que mostraban una especie de ‘‘orgullo de casta’’; no se percibía la distancia y hasta resentimiento que a veces se intuye o se manifiesta en este tipo de reuniones.
Giraban muchas conversaciones en torno a dominicos ‘in y ex’, como dicen ellos, famosos en algún ámbito de la vida social, cultural o política. Por allí andaba el alcalde de León, Emilio Gutiérrez, habitual participante en actos del colegio, pero también se recordaba a otros muchos, como los hermanos Trapiello (el escritor Andrés, el pintor Seve, el singular Pedro y el todavía fraile José María), el dibujante asturiano Alfredo (tantos años en El País), el escultor Iribertegui, el padre Curro, arquitecto de la nueva basílica de La Virgen del Camino, el ex luchador “El Elegante”, muchos músicos… habría que utilizar toda la página simplemente para enumerarlos. Pero en las conversaciones surgía como “exotismo” de la congregación un torero, que además estuvo en La Virgen del Camino. Se llama, aún vive, Juan García, tenía el nombre taurino de “Mondeño”, y fue una de las figuras de la época y uno de los personajes más enigmáticos de este mundillo singular. Un capote suyo recuerda su paso por este colegio y algunas fotografías. Él había tomado los hábitos en Caleruega, la cuna de Santo Domingo.
El llamado “torero-monje” fue un personaje muy singular. Poco antes de ingresar en los Dominicos y venir a La Virgen del Camino le concedía una entrevista a Luis de Armiñán en el ABC y ya se veía a un torero diferente a lo habitual, que reconocía que se iba a ir pero no decía que para ingresar en una orden religiosa. “Me voy por falta de afición. Yo no estoy ni he estado nunca en el toro”. Y ante la pregunta de los motivos que le llevaron a saltar a los ruedos sin afición ni motivación era sincero y contundente. ‘‘Para poner a mis padres en un sitio seguro. A mí me llevaron a un colegio de Escolapios y no me dio tiempo a emprender carrera, ni oficio. Todo se me iba en pensar la forma de ganar dinero para ellos y me hice torero, tenía que ser as풒. Curiosamente esta forma de entender el toreo se convirtió en su mejor virtud y hablaban los cronistas de ‘‘un torero triste, como si no tuviera sangre ni nervios y lo manifestaba con una artística lentitud’’. Tomó la alternativa en 1959 y había sido su padrino el gran mito de la época, Antonio Ordóñez. Después confiesa que se va pero lo hace con una enigmática frase. ‘‘Ya he ganado dinero para mis padres y para tener libertad para desarrollar mi idea’’.
– ¿Cuál es su idea?; le pregunta Luis de Armiñán.
– No debo decirlo. Lo tengo prohibido por mi conciencia. No puedo permitir que nadie lo considere como publicidad.
Y así llegó a La Virgen del Camino, era el año 1964. Sólo estuvo dos años y en 1966 volvió al mundo del toro. Quienes le conocieron entonces aseguran que mantenía como dominico la misma característica que como torero, “un personaje aparentemente triste pero que decía no serlo”. Javier del Vigo escribe sobre él: ‘‘Durante unos meses del curso 64-65 venía a las misas un “chico mayor”, que había sido torero, pero que tenía vocación. Lo traían de las celdas de los frailes y lo colocaban en la parte de atrás, la única relación con aquel alienígena -serio y elegante- que yo recuerdo era colocarse cerca, en las filas, cuando los apostólicos íbamos a comulgar’’.
Parece que tampoco en los dominicos encuentra lo que esperaba pues, al ser famoso, había hasta excursiones para que hiciera un milagro y abandona la orden.

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