23 julio, 2021

BERNARDO RODRÍGUEZ… COMIENZA EL SUEÑO.

Es un chaval de aspecto melancólico, habla poco, empero tiene blindado en su alma un sueño, el de ser torero. Con 14 años de edad, se llama Bernardo Rodríguez, traza el segundo año de la educación secundaria y el domingo debutará oficialmente como becerrista en el primer festejo que abre una serie en el Cortijo Sánchez.

Es un chaval de aspecto melancólico, habla poco, empero tiene blindado en su alma un sueño, el de ser torero. Con 14 años de edad, se llama Bernardo Rodríguez, traza el segundo año de la educación secundaria y el domingo debutará oficialmente como becerrista en el primer festejo que abre una serie en el Cortijo Sánchez.
El arte de torear es un rito y un misterio; la preferencia del chamaco por este ejercicio bárbaro llegó del halo de su padre –notado pintor taurino-, se fue y retornó… esperemos que para nunca irse de él. Aquel 23 de noviembre del 2008 en el círculo del coso San Marcos, durante un festejo soportado en el matador Armando Mora –uno de sus maestros al cual se agregaron Marcos Mireles y Pepe Ornelas-, abrió por vez primera sus tiernas telas… se quedó inmóvil y traslució lo menos que para ser lidiador se requiere: valor.
Ya en la intimidad, sus emociones encontradas hallaron el desahogo biológico, y confesó a su padre que no quería ser torero, sin embargo el virus de la fiesta le había contaminado.
Bernardo aprecia la clase en el toro bravo, se clasifica en la hoja de lo clásico y gusta del toreo al natural. En su encuadre le va de verdad la capa y mejor resalta su efigie al interpretar las navarras.
El domingo llegará con 20 salidas en festejos compartiendo la bravura de las reses, aproximadamente, y cuando esté plantado en el paseíllo, iniciará su sueño de ser figura del toreo. Su gusto por la fiesta le exige realizarse entre los pitones y las embestidas. Buscará la gloria y para ello ofrece a la afición su entrega toda.
Ahí estará el venidero domingo, como un jovencito aguascalentense más que vio la ventana del toreo abierta cuando la abrió aquel episodio glorioso de “El Juli”, niño prodigio que fuera.

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