24 julio, 2021

CORRIDAS DE TOROS INSPIRADAS POR CALAVERAS Y ESQUELETOS ATORMENTADOS EN UN AMBIENTE DE CARNAVAL EN EL CAMPO SANTO.

ARRASTRE LENTO… Sólo a los mexicanos se les ocurre tal cosa. Son dos historias: una; de las calaveras de Posada, y otra; la celebración del día de Muertos como festividad de uso corriente.
A las calaveras y los esqueletos los conocí desde que tengo memoria: y no recuerdo si fueron de azúcar o de barro cocido las que primeo llegaron a mis ojos impresionándolos con su cromática luminosidad. Me gustaba comer las de azúcar de colores; empezaba por el hueco de la nariz. A partir de entonces las he visto con su desdentada y exuberante sonrisa sin temerles, y a los esqueletos sonar como matracas a ritmo de eternidad.

ARRASTRE LENTO… Sólo a los mexicanos se les ocurre tal cosa. Son dos historias: una; de las calaveras de Posada, y otra; la celebración del día de Muertos como festividad de uso corriente.
A las calaveras y los esqueletos los conocí desde que tengo memoria: y no recuerdo si fueron de azúcar o de barro cocido las que primeo llegaron a mis ojos impresionándolos con su cromática luminosidad. Me gustaba comer las de azúcar de colores; empezaba por el hueco de la nariz. A partir de entonces las he visto con su desdentada y exuberante sonrisa sin temerles, y a los esqueletos sonar como matracas a ritmo de eternidad.
El día de Muertos no me parece en absoluto cortés; no me identifico con quienes exhuman el nombre de los difuntos con sacrílego murmullo de plegaria y parranda. Los siento como maleantes peregrinos que viven, gozándolo, una rutina macabra.
Recuerdo, eso sí, que la festividad de muertos con el murmullo de las voces acumuladas en reducidos espacios me gustaba, me gustaba tanto como me placía el murmullo que se originaba en las puertas de la plaza San Marcos los días 24 y 25 de abril. (Claro: había toros).
Lo recuerdo bien. Caía en una excitante turbación cuando la ingeniosa calaca, caricatura que en diferentes moldes se ha perpetuado en un estilo que luce en volantes, ilustraciones, estampas, comerciales, colecciones de obras de arte, golosinas, máscaras, calendarios, en una esquina y bajo cualquier sombra callejera, reprendía la venalidad de la celebración a su costa.
Su demandada explotación en ocasiones me salpicaba como gotitas de entretenimiento profano. Lo cierto es que la divertida y nunca agotada representación de los personajes que despojados de su fardo carnal no ofrecía a mi imaginación sino lo que en realidad le correspondía al ser chuscos elementos de comercialización en el tiradero del folklore que se expende en el vulgar mercado de muertos.
Por eso, cuando escuchaba el sordo tintineo de las calacas y los esqueletos, me parecía que sonaban como instrumentos atormentados en un ambiente de carnaval en el campo santo.
Y me divertía, pero no con la hondura y preocupación gustosa como cuando estaba a la puerta del coso de la calle Democracia –en la feria de Abril, que era cuando había verdaderos tumultos- esperando ver la nerviosa y solemne entrada de los subalternos y matadores que actuaban. Hoy recuerdo que, lo cual me hubiera parecido una colosal insolencia- haber visto a El Calesero, Procuna, Silveti, Rodríguez, Moro, Leal, El Ranchero, Huerta, Capetillo –por ejemplo- regateando su prestigio en los tiraderos de las rudimentarias calaveras en día de Muertos.
Me queda claro que el conjunto simbólico que representan las calaveras y los esqueletos es una tradición religiosamente arraigada en Aguascalientes, lo cual ha servido para que mis ojos se saturen con los personajes uniformados en osamentas de humor macabro. Por ello lamento, puesto que ya no me conmocionan con la violencia de la sorpresa, el no dejarme sorprender tan fácilmente con la insólita comedia inspirada en el fandango que se traen el esqueleto y la calavera con disfraz de muerte.
Lo que me sorprende es que la cultura popular exhume a los muertos para hacerles tragar-lo que depositan en sus tumbas y altares- lo que en la vida a muchos de ellos los llevó a la tumba. Creo que los grandes difuntos del toreo están mejor allá. Y supongo que si tuvieran opción de hacerlo, ninguno decidiera retornar. Y es que, saben que en la memoria de los vivos están más que vivos los maestros de la tauromaquia que ¡menudo jaleo se han de traer en la gloria!
arrástrelento@gmail.com

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