28 julio, 2021

EL COMENTARIO TAURINO DE JOSÉ LUÍS ESPAÑA.

Queridos amigos, de nuevo tiro de nuestro refranero, para aplicarlo en mi comentario semanal “El hombre propone y Dios dispone”. La semana pasada finalicé este comentario proponiéndome no regresar hasta dentro de unas semanas, pero la actualidad, la siempre triste actualidad de la muerte de un torero, me obligan a una reaparición prematura.

Queridos amigos, de nuevo tiro de nuestro refranero, para aplicarlo en mi comentario semanal “El hombre propone y Dios dispone”. La semana pasada finalicé este comentario proponiéndome no regresar hasta dentro de unas semanas, pero la actualidad, la siempre triste actualidad de la muerte de un torero, me obligan a una reaparición prematura.
Este final de temporada no está siendo bueno para el toreo. Si la semana pasada hablábamos de la terrible cogida de Juan José Padilla en Zaragoza, (por cierto que ya ha salido del hospital y ha anunciado, con la raza que le caracteriza, que ninguna cornada le va a quitar del toreo), esta semana nos encontramos con la desaparición, el sábado, de “Antoñete”.
Sí, amigos Antonio Chenel “Antoñete”, que ya no pensaba torear mas inviernos en América, tomó el rumbo a lugares celestiales, donde a buen seguro se va a encontrar compañeros, con los que formara carteles de lujo que vivirán eternamente en la memoria de los buenos aficionados.
Esa voz ronca, macerada por el maldito tabaco y mil agresores mas, no volverá a sonar en las ondas de la radio y la televisión donde colaboraba desde su retirada de los ruedos, para darnos lecciones magistrales de lo que es el toreo.
Igual que sus muñecas dejaron de dibujar el trazo perfecto de una verónica o el barroquismo de un natural, los aficionados recordaremos siempre su toreo clásico y artístico, su raza, su valor y su conocimiento del toro, su carrera jalonada de cornadas y sus huesos maltratados, (verdadero punto débil del madrileño).
Recordaremos su encerrona con seis “miuras” en Palma de Mallorca o la faena en Madrid al toro “Atrevido”, “ensabanao” de Osborne, en 1966, que le reafirmó como torero predilecto de la plaza de Las Ventas, una plaza de la que decía que toreaba como en el patio de su casa. Nunca esta afirmación fue más correcta, pues se crió entre sus muros, en la casa de su tío, mayoral de la plaza madrileña, y allí surgieron los sueños de niño por la gloria de ser torero.
Había nacido Antonio Chenel Albadalejo, en Madrid el 24 de junio de 1932, también Madrid le vio vestirse de luces por primera vez en 1949, y como no podía ser de otra manera, su debut con picadores fue en la plaza madrileña, donde cimentó su intermitente carrera, en la que habido de todo: desde cornadas terribles, hasta triunfos de enorme eco, desde retiradas fugaces hasta reapariciones soñadas.
Toreo su última corrida, en Burgos, el 1 de julio de 2001, y nos dejó para siempre el pasado sábado 22 de octubre, como consecuencia de una bronconeumonía, que se lo llevo a hombros, camino de una retirada definitiva.
Descansa en paz, torero y que Dios reparta suerte entre los que, de momento, nos quedamos aquí.

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