1 agosto, 2021

ÉXITO EN EL GÉNESIS DE LAS BECERRADAS.

Lleno, ánimo dimensionado, buenas becerras, episodios estéticos y toreros, dan totales que sintetizados rematan una palabra: ¡Éxito!
Esto fue ayer en el Cortijo de Sánchez cuando los rayos del rey de los astros quemaban la línea del meridiano.
El edificio acogedor y nuevo no pudo con otra alma; se derramó de un lleno y en ese mar de pupilas expectantes los cuatro chavales anunciados hicieron el paseíllo ataviados con casimires al estilo de los camperos andaluces. Arriba los calañés con sus alas medianas.

Lleno, ánimo dimensionado, buenas becerras, episodios estéticos y toreros, dan totales que sintetizados rematan una palabra: ¡Éxito!
Esto fue ayer en el Cortijo de Sánchez cuando los rayos del rey de los astros quemaban la línea del meridiano.
El edificio acogedor y nuevo no pudo con otra alma; se derramó de un lleno y en ese mar de pupilas expectantes los cuatro chavales anunciados hicieron el paseíllo ataviados con casimires al estilo de los camperos andaluces. Arriba los calañés con sus alas medianas.
En los corrales que aún se mantienen inodoros de aquel olor inconfundible de animales bovinos, había un cuarteto de becerras inmaculadas, que no conocían telas.
De medianas condiciones fue la vaquilla primera; y embistió a los engaños del mocito Alejaqndro Adame quien con su carisma y simpatía le toreó alegre, solo interrumpido por una voltereta que le hizo llorar. Su entendimiento y ahínco le granjearon que fuera apoyado con “una oreja”. Así recorrió el pequeño anillo, aderezado con las palmas del cotarro.
Juan Manuel Díaz estaba esperando a la mejor becerra del festejo; fija, larga y noble, le fue hasta donde la quiso y pudo mandar. Por momentos entregó cuadros formidables que obligaron a cantar ¡ole! “dos orejas”, en justicia, le fueron aprobadas. Fáltale solo el trabajar mejor las distancias y el ritmo del toreo.
Condiciones nada aptas para el avasallamiento, no dieron vértice del juramento a la belleza de la faena de muleta; pero para “El Berni” Rodríguez fueron suficientes las primeras embestidas para fraguar lo mejor del festival con la tela rosa. Ahí están sus fundamentales lances, para quien quiera ir a verles. Salió al tercio, como recompensa a su serenidad.
Cerró “El Chicharito”, entrado al cartel de última hora, y también sostuvo el lineamiento bien hecho con que le antecedieron. Desligado, pero actuó a lo clásico y pudiera reiterar su suertuda inclusión.

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