28 julio, 2021

LOS PUYAZOS DE SERGIO.

Cuando hay voluntad política y se pone a favor del pueblo y sus intereses generales, cómo es obligación de los dirigentes de gobierno realizarlo, se logran trascendentales hechos.
Lo sucedido en Aguascalientes fue nota colgada en alto y con luz diáfana; y nada local, ni nacional, inclúyanse vastedades internacionales y del año taurino todo… y de muchos años.

Cuando hay voluntad política y se pone a favor del pueblo y sus intereses generales, cómo es obligación de los dirigentes de gobierno realizarlo, se logran trascendentales hechos.
Lo sucedido en Aguascalientes fue nota colgada en alto y con luz diáfana; y nada local, ni nacional, inclúyanse vastedades internacionales y del año taurino todo… y de muchos años.
El lunes 17 será efeméride aguda en las planas que guardan fechas exactas de la historia de la fiesta brava. Fue el hecho que el gobernador constitucional del estado de Aguascalientes, Carlos Lozano de la Torre, en la entraña misma del histórico coso del barrio del evangelista San Marcos, reunió de entrada a la fauna taurina –prensa, aficionados, ganaderos (cabales y apócrifos), matadores, vasallos y otros, advenedizos de pilón-, los llevó luego a una finca oficial de su gobierno y pronunció un decreto delante de todos.
Ante el asombro y agrado exaltado de muchos –pese que la mayoría sabíamos ya de lo que se trataba la rueda de prensa-, el señor notició oficialmente que la fiesta brava es Patrimonio Cultural inmaterial de Aguascalientes. Constado quedó físicamente en hoja y tinta del Diario Oficial.
La metodología usada por el dirigente para legalizar nuestro espectáculo será atractiva, y huella a seguir en diferentes entidades, así nacionales como internacionales, que cuenten con cultura taurina.
De cierta manera silenciosa, y necesariamente astuta, el gobierno estatal aguascalentense fue gestando esta propuesta y no la descubrió en la totalidad si no cuando la tuvo cuajada, segura e irrefutable.
El espectáculo taurino, en el nivel que se publicita en Aguascalientes, es un mito, pero también tiene otros elementos y características que lo convierten en herencia formidable, a pesar de todo.
La posición geográfica que tiene el estado y su capital son ya de por sí un atractivo que otorga facilidades para su acceso; de ahí que una actividad económica tan necesaria como es el comercio, con toda su catarata de consecuencias positivas, haya prosperado.
Sobre su suelo se han registrado en tiempos modernos 11 dehesas, número inferior a las que tienen el Estado de México, Jalisco, Guanajuato, Querétaro y Tlaxcala, por ejemplo, sin embargo se enriquece del segundo por la vecindad que tiene con él.
Cuenta con tres escuelas que enseñan la técnica del toreo y “todos” los niños y adolescentes aguascalentenses quieren ser “toreros como el Juli”. Hoy solamente tres plazas “atienden” a los novilleros y les proyectan de aceptable manera: Arroyo en el DF, Guadalajara con su Nuevo Progreso y Aguascalientes con su añosa San Marcos. (Pido perdón a la “Señora de Insurgentes”, pero que alguien me diga quién es el máximo triunfador de la recién terminada campaña y cuantos festejos tiene ya no firmados, por lo menos en calidad de promesas).
Más por cantidad que por calidad, la entidad de las aguas cálidas se ha rotulado también como cantera de buenos espadas –Figuras solo ha tenido, hasta hoy, dos y media: Rafael Rodríguez, que conoció cuna primera en el DF, Alfonso Ramírez “El Calesero” y… en el límite donde quiera considerar a Miguel Espinosa “Armillita” el amable lector-. Mejor, muchos diestros fuereños han hecho su estancia en la ciudad capital y hasta se les ha dado el título de “adoptivos”.
La Feria Nacional de San Marcos, con sus corridas de toros, es aire para el robustecimiento del gran rostro cultural y de su identidad. Por el comercio, ya repasado, inició ésta, ya desde su génesis con espectáculos taurómacos incluidos.
El serial taurino es el más popular de México –no necesariamente el de más categoría-, y no por el hecho de que vayan a él las figuras (algunas), como pretenden hacerse creer algunos, si no por la consolidada y establecida tradición que tiene.
Todo eso y aún más, hacen de Aguascalientes un sitio distinguido en el ámbito taurino de la patria.
Era justo que en la parcela de la política se hiciera algo por la tauromaquia local.
Sin embargo lo hecho no fue en su totalidad por amor incondicional a la fiesta de oro, seda, sangre y sol. Hubo otros motivos convenencieros, quizás menos legítimos, para que el gobierno actual haya gestionado lo que hoy es legalmente un blindaje útil para recubrirla de posibles ataques futuros de “animalistas” furibundos, cursis y mojigatos disfrazados de hojas verdes. Las corridas son un recurso que garantiza al gobierno estabilidad y equilibrio en la estructura de los espectáculos de la Feria Nacional de San Marcos y, lo mejor para los directamente beneficiados, un negocio estupendo. El derivado económico que se produce en la Monumental de Las Flores es copioso, punto más que suficiente para que permanezca el edificio y el quehacer de quien lo administra. La ganancia neta de primera, muchas veces se logra con ganado de segunda.
Indolente, absurdo y contradictorio, el gobierno se anota un logro administrativo ciertamente complejo por la serie de intereses encontrados que engendra la fiesta en los cuadros políticos, sociales y culturales, pero no ha sido capaz de hacer valer el reglamento, asunto que se antoja menos enrevesado.
Pasaba lentamente por una de aquellas viejas calles durante su apacible momento y untándome la tenue luz artificial que en discreto piropo se quería mezclar con los últimos suspiros de lumbre del sol, y la persona de mi meditación me preguntó al respecto: ¿Qué hará ahora el gobierno para fortalecer desde su entraña a la fiesta?…

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