29 julio, 2021

GUADALAJARA LA CABEZA Y AGUASCALIENTES ¡LA CORONA!

En el toreo cada cabeza es un mundo. ¡Ah, cuidado con el mundo de los toros!
Las bocas dicen que la de Guadalajara es la plaza que por seria, exigente y rigurosa en el formato tradicional, por su papel de autoridad y conciencia, evalúa con un sentido de justicia tan sobrecargada de solemnidad que a los toreros les impide parpadear haciéndoles pasar malos ratos. Dicen que la plaza y la Fiesta de Guadalajara es un mundo aparte.

En el toreo cada cabeza es un mundo. ¡Ah, cuidado con el mundo de los toros!
Las bocas dicen que la de Guadalajara es la plaza que por seria, exigente y rigurosa en el formato tradicional, por su papel de autoridad y conciencia, evalúa con un sentido de justicia tan sobrecargada de solemnidad que a los toreros les impide parpadear haciéndoles pasar malos ratos. Dicen que la plaza y la Fiesta de Guadalajara es un mundo aparte.
Y también hay bocas que dicen que la de Guadalajara, exagerando cual ser vivo el rictus de intransigencia, es la plaza que con inmoderado afán de perfeccionismo lucra con su propio prestigio. Dicen que exige mucho, pero da poco.
Lo cierto es que hay bocas que, en relación a la Fiesta de Guadalajara, hablan, pronuncian, vociferan, y el cuerpo todo, con ademanes sin fingimientos, parlotea. Es la voz de los ojos que ven la Fiesta a su manera. Pero también es cierto que hay otras bocas que pintan un mundo tan diverso que, quien las escucha, se pregunta si están hablando de un mismo universo.
En el toreo la ambigüedad es tan honda y radical que hay un mundo para cada cabeza. Cada cabeza ve su propio mundo. Será porque el hombre es una cabeza, y en cada cabeza hay dos ojos, dos ojos y una cabeza que ven las cosas de distinta manera a como la ven la infinidad de pares de ojos depositados en su propia cabeza.
Hay bocas que dicen que la plaza de Guadalajara –la afición y la crítica- tiene ojos especializados en ver la “verdad pura”. Dicen que, envilecida y cual juez, dicta la sentencia con hiriente tono de menosprecio “Guadalajara no les gusta a los toreros porque en su plaza demuestran que no saben cuajar a un “toro de verdad”. Para los tapatíos esa es su Fiesta, ese su mundo, esa su cabeza, y esos sus dos ojos.
Lo mejor de toda esta charlatanería es que esa exigente afición de Guadalajara, conocedora hasta merecer el rango de autoridad y conciencia, aplaudió y reconoció el domingo pasado a dos toreros y una ganadería de Aguascalientes. Reconocieron a Saldívar y a Adame luego de haber cortado sendas orejas, y a San Isidro por la calidad de sus pupilos. Toreros y ganadería a hombros de los aficionados más exigentes de México ¿Habrá mejor elogio para ellos?
Lo cierto es que el elogio, y el reconocimiento implícito es para mí linda tierra. Lo cierto es que en Aguascalientes bien se pondera a la plaza de Guadalajara reconociendo su alto nivel de conocimiento y exigencia, pero en Aguascalientes somos otra cosa.
(Y vuelta otra vez al rollo de que cada cabeza tiene dos ojos, que esos dos ojos y su cabeza ven las cosas y los hechos a su manera. ¿Charlatanería?)
Lo que me queda claro –porque así lo ven mis ojos, y así lo entiende mi cabeza- es que el buen aficionado sabe que la verdad en el toreo es pura y cristalina, y que cuando se da sirve de recreo para el espíritu y la mente. Y sabe que por el imperio mágico y misterios de la verdad se desborda la imaginación, se excita la sensibilidad, y se enciende la pasión.
Si Guadalajara tiene sus ojos y su cabeza, Aguascalientes es la que la corona.

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