LA CORRIDA DE MAÑANA –DE LAS “LAS CALVERAS” – CUAL LUNA, ILUMINA Y ENCIENDE EL AMBIENTE TORERO DE AGUASCALIENTES.

ARRASTRE LENTO… ¡”De las lunas, la de octubre es más hermosa…”! Vamos, hasta enamora: ¡”Ese toro enamorado de la luna…”!
Confieso mi emoción compartida con las noches de luna llena: son fantásticas, enigmáticas, y hasta excitantes. Festino, desde luego, la ocasión de admirar la noche cuando la luna está de por medio. También confieso que fue la luna la que influyó para que le perdiera el miedo a las noches. Y fue ella, la luna, la que, en el reino de la fantasía, logró convencerme que la parte oscura del día no es otra cosa que el mismo día peinándose la negra cabellera que se avergüenza ante la magnificencia del sol.
Me gustan las noches claras: me gustan cuando la noche está plena, totalmente satisfecha de ser ilusión y fantasía. Me guastan cuando me brindan en un tono claroscuro el paisaje de ensueño que resulta inexplicable a la inquieta curiosidad de un chiquillo. Y me gustan las noches cuando entre nubarrones rotos anda la luna de cuarto creciente como jugando a las escondidas en la coquetería y el requiebro del enamorado.
Así es la luna llena: tan bella que “hasta el toro enamorado de la luna, abandona por las noches la manaá”… ¡para contemplarla!
Me gustan la noche y la luna brillante porque de alguna manera me hacen sentirme torero. Si supiera el lector la intensa emoción que viví cuando, en mis mocedades, junto a otros soñadores, furtivamente incursionábamos en los potreros de ciertas ganaderías para torear “a la luz de la luna”. ¡Fascinante!
Pues sí; me gusta la noche cuando alterna con la luna para producir la desconcertante presencia de la sombras. Sí: me deleitan los juegos de las sombras móviles, fugaces, caprichosas, extravagantes, torcidas, juguetonas, queriéndose atrapar en travieso silencio unas a otras. En esas mágicas noches de luna y sombras diría que, antes de ceder el dominio al sueño, no hay otra diversión más placentera que acariciar los inasibles trayectos de la luna.
Noches, lunas, sombras, hondo misterio que en un mismo tono cromático canta a las hadas de la fantasía. ¡”Y ese toro enamorado de la luna”…!
Lo cierto es que todavía, a pesar de los resabios de la veteranía, como incógnita no resuelta me pongo a reflexionar en esas noches, en esa luna, en esas sombras, y le doy vuelta que vuelta al asunto hasta quedarme dormido.
Y por el efecto del manto claro e inspirador de la luna, se fuga el fandango y arriba el concierto; un concierto compuesto por la vena virtuosa de Gastón Santos, Alejandro Talavante, José Guadalupe Adame, (Joselito), y Mario Aguilar, artistas que, con las tétricas y desdentadas “Calaveras” de testigos, saldrán al ruedo de la Monumental mañana por la tarde para jugar, como lo hicieron de niños en las noches de luna brillante, reluciente, colmada de esperanzas y alegrías. Y se comerán las calaveras de azúcar como si fuera el postre nocturnal.
De pasadita se despojarán las sombras de las dudas de los aficionados que no creían que la empresa se interesara en montar carteles basados en jóvenes de Aguascalientes. Cierto, es la oportunidad para que Adame y Aguilar dejen de ser simples sombras a la luz de la luna, y se muestren como toreros reales, luminosos, encendidos, incandescentes, llamativos, forjadores e inspiradores de sueños.
arrastelento@gmail.com

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