24 julio, 2021

LOS PUYAZOS DE SERGIO.

La palabra prestigio, de raíz latina, tiene hasta tres acepciones, según la Real Academia de la Lengua Española; la más conocida y, consecuentemente, aplicada es: “Concepto favorable que alcanza a una persona o cosa”.
No se detiene la idea en los límites de las etimologías, ya que ondulan bien involucrados en cada una de las letras del vocablo, asuntos meramente de índole moral y ético.
El prestigio, las más de las veces se gana, no se regala, y cuando se hereda no se garantiza necesariamente que se vaya a mantener.

La palabra prestigio, de raíz latina, tiene hasta tres acepciones, según la Real Academia de la Lengua Española; la más conocida y, consecuentemente, aplicada es: “Concepto favorable que alcanza a una persona o cosa”.
No se detiene la idea en los límites de las etimologías, ya que ondulan bien involucrados en cada una de las letras del vocablo, asuntos meramente de índole moral y ético.
El prestigio, las más de las veces se gana, no se regala, y cuando se hereda no se garantiza necesariamente que se vaya a mantener.
Hoy que la ganadería brava de México, en juicio general ha decaído, se ha lacrado y ha sido víctima de torcidos entendidos e intereses fatuos, un aficionado viejo en una plática a la luz mesurada de faroles colgados en calles del Aguascalientes que por las noches recupera la seducción de su pasibilidad de antaño, me preguntó: -¿Qué es y en qué consiste el prestigio de una divisa?
Aquella reflexión me dejó pensando y me hizo viajar por los muros transparentes de la meditación.
Sí, mucho y rico sentido guarda el cuestionamiento.
Lo que demasiado se espera y se trabaja, en dos horas, poco más, poco menos, se explotará y se enjuiciará. Entonces, cuando se entronque el arrastre del último ejemplar de la tarde con el estado de ánimo de los aficionados, habrá una tabla mental de rangos en la que se colgarán los listones que en colores distinguen al hierro.
La raza de lidia, siendo del Phyllum (tipo) Chordata (tiene sistema nervioso bien desarrollado), Subtipo vertebrado, Clase mamalia o mamífero, Subclase euteria (tiene glándulas mamarias provistas de pezones y se desarrolla en placenta), Orden ungulado (sus falanges terminan en pezuñas), Suborden artiodactilae (tienen la pezuña hendida, es decir, en dos falanges como los cerdos, los venados, los borregos, etcétera), Familia bovidae (tiene cuernos no ramificados y persistentes, es decir, que no cambian por ciclos, únicamente le crecen), Subfamilia bovinae (presenta una cavidad en los cuernos y las palas –dientes- tienen forma de media luna), al igual que la infinidad de las razas bovinas del mundo, es radicalmente diferente a todas ellas por demasiadas cosas, las principales: temperamento, conformación y fin.
Hay más, mucho más. Las dehesas de antaño que se colocaban en el gusto de los aficionados, en el atractivo de las empresas y en la preferencia de los coletudos, eran las que criaban reses bien hechas, finas, con trapío (conformación), bravas (temperamento) y que por consecuencia provocaban, casi siempre, el triunfo de los actores (fin). Por supuesto que como beneficio obtenían cartel y eran las que más encierros vendían en el año o, por lo menos, aparecían sus nombres impresos en los carteles de las plazas de mayor trascendencia y en fechas resaltadas.
Ahí descansaba el prestigio de sus divisas. Y era cuidado hasta el grado religioso.
Cada uno de los hierros se diferenciaba por el tipo y comportamiento de sus productos. Solo dos ejemplos: La Punta =trapío soberbio y casta seca; La Laguna= morfología descolgada y bravura discretamente oculta y después nobleza.
De manipular los diamantes… ni se diga. Ahora una anécdota contada de primera mano al que esta cuartilla firma: -Se embarcó un encierro punteño a un coso de los altos de Jalisco. Su titular, anticipándose a los vicios, remitió atrás a uno de los vaqueros de confianza. Éste sabía lo que podría pasar y transitó a distancias prudente. Efectivamente, en un punto, el camión que trasladaba el encierro hizo parada, se acomodó en transversal cercano de un árbol y… el asunto llegó hasta la aparición de las armas, pero los cuernos salieron inmaculados al anillo…
En las dehesas de hogaño, irrumpe e invade espontáneamente la pregunta: ¿En qué consiste la distinción?
Es cierto, hoy también subsisten ganaderías que por titulares tienen a gente de honor, orgullo y gusto cabal por el toro de lidia y el prestigio de sus divisas, sin embargo, esa expresión que puede ser preposición maldita, no son las más pedidas.
Hoy se han enchuecado los términos y los conceptos han retrocedido. Las ganaderías que más lidian, de quince a veinte aproximadamente, no necesariamente son las que producen toros con trapío y bravura. Son, en mejor adjetivo según el caso, las más comerciales. No las que tienen ganado que exalte las características naturales de su raza.
Esa tribu maldecida y tediosa de “ganaderos” que se cuelgan cada ocho días en cualquier cartel, lejos de enriquecer y/o mantener una posición, como Moctezuma y Marina, se empinan ante el “dios barbado” llegado por donde el sol sale, y en actitud acomodaticia, complaciente y deshonesta mandan al toro apócrifo; si, aquel que no tiene edad de adulto para ser llamado toro, simplemente, y que para disimular su ausencia de características definitorias de tal, es inflado con recursos alimenticios hijos del abuso. Ya antes, por ensañamiento en la manipulación de la genética, le fue restada su casta, su raza, ese su pleno comportamiento agresivo natural.
La pregunta sigue en espera de la respuesta: ¿En qué consiste hoy el prestigio de la divisa… sabrán qué es eso los “ganaderos” contemporáneos?

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