5 noviembre, 2011

EL CRISTO NEGRO PARA FERMÍN.

Nuevo homenaje al Cristo Negro del Señor del Encino, que majo bajó de su altar para ser paseado en su palio a hombros de los toreros, en una procesión fervorosa alrededor del ruedo del castizo, que entre castizos estábamos, coso San Marcos, iluminado por las velitas que los asistentes tenían prendidas en los tendidos, dando al evento un toque mágico, inigualable, lástima que de nuevo fue insuficiente el graderío de la plaza para albergar en todas su capacidad a los miles de aficionados que asistieron al festival en su honor, no pudiendo accesar un mayúsculo numero que se quedaron afuera de la plaza.

Nuevo homenaje al Cristo Negro del Señor del Encino, que majo bajó de su altar para ser paseado en su palio a hombros de los toreros, en una procesión fervorosa alrededor del ruedo del castizo, que entre castizos estábamos, coso San Marcos, iluminado por las velitas que los asistentes tenían prendidas en los tendidos, dando al evento un toque mágico, inigualable, lástima que de nuevo fue insuficiente el graderío de la plaza para albergar en todas su capacidad a los miles de aficionados que asistieron al festival en su honor, no pudiendo accesar un mayúsculo numero que se quedaron afuera de la plaza.
Por ahora el ganado lidiado nos privó de ver grandes faenas, mas no de detalles de alto kilataje como fue el caso de Fermín Espinosa, único en cortar una oreja y por lo tanto, fue el acreedor del trofeo del Cristo Negro en disputa. Ahí han quedado los pases en redondo con la derecha, al igual que los cambios de mano por delante y el pase del desdén, todos bellas pinceladas de arte.
En cuanto al primer espada, Eloy Cavazos, se enfrentó a un novillo de Guadiana que le exigió el carnet, enrazado y con mucho motor, viéndose en maestro el regiomontano. Saludo en el tercio.
El segundo fue Fermín, que bordó el toreo, sin bien carente de ligazón a cambio de momentos muy intensos. Cortó una oreja.
Humberto Moro con uno de José Julián Llaguno, indefinido, manso y distraído, ha estado muy enterado, ante un novillo que llegó al tercio final con brusquedad. Regaló un sobrero de San Isidro, un toro, que no sirvió.
José Antonio Ramírez El Capitán, se las entendió con un toro muy hecho de la ganadería de Valparaíso, que jamás terminó por romper, incierto y sin humillar, jugándose la epidermis en cada pase. Mató de entera y saludo en el tercio.
La mala fortuna continua acompañando a Luis Fernando Sánchez, en estos rumbosos festivales, porque ahora de nueva cuenta no tuvo enemigo a modo. El de Sierra Ortega, más que un torero requirió de un camillero, mas Fernando a base de llevarlo entre algodones logró extraerle muletazos meritorios plenos de aguante y temple. Palmas.
Eulalio López, ahora como sexto espada, a base de inteligencia se inventó una faena ante un toro muy redondo de Marrón, malo y sin trasmisión. Fallo a la hora de matar perdiendo por lo menos una oreja. Salió al tercio.
Finalmente, actuó Jorge Mora, con un novillito de Cerro Viejo, cobrando estupendos momentos en el último tercio, plenos de arte y belleza. Y cuando ya tenía hecha la faena, no pudo firmarla con la toledana al pinchar varias veces, escapándose un triunfo que ya tenía en la espuerta.
Al final, el señor Obispo, don José María de la Torre, en compañía del señor canónigo y párroco del templo del Encino, don Ricardo Cuellar, que antes habían participado en la procesión inicial, depositaron en manos de Fermín la réplica del Cristo Negro, el de los toreros, continuando con viaje de retorno del Señor del Encino a su Parroquia, acompañados de una gran multitud de personas.

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