24 julio, 2021

EN EL AGUASCALIENTES QUE SOÑABA CON TOROS Y MÁS TOROS.

FUE EN el desaparecido cine Encanto de esta capital de las aguas termales, Aguascalientes. Costumbre de aquellos lejanos años, primeros de los sesentas, era que en los cines locales se exhibieran dos películas en la misma función, cierto día de la semana eran tres las cintas que veíamos. En veces nuestros padres para concedernos el permiso para asistir nos condicionaban a leer los avisos que se pegaban a las puertas de las iglesias, en ellas había la clasificación moral de las películas programadas.
LA “A” indicaba… Apta para toda la familia… La “B”… Para jóvenes y adultos… La “C”… Prohibida por la moral cristiana. Nosotros las calificábamos así. La “A”, aburrida, la “B”, buena, y la “C”… ¡¡¡COLOSAL!!!.

FUE EN el desaparecido cine Encanto de esta capital de las aguas termales, Aguascalientes. Costumbre de aquellos lejanos años, primeros de los sesentas, era que en los cines locales se exhibieran dos películas en la misma función, cierto día de la semana eran tres las cintas que veíamos. En veces nuestros padres para concedernos el permiso para asistir nos condicionaban a leer los avisos que se pegaban a las puertas de las iglesias, en ellas había la clasificación moral de las películas programadas.
LA “A” indicaba… Apta para toda la familia… La “B”… Para jóvenes y adultos… La “C”… Prohibida por la moral cristiana. Nosotros las calificábamos así. La “A”, aburrida, la “B”, buena, y la “C”… ¡¡¡COLOSAL!!!.
ÉRAMOS JÓVENES, a esa edad y en aquellos años había muchas cosas que nos vedaban, ni esperanzas de ver una pechuga femenil descubierta, nada de minifaldas, nada de escotes, máximo el huesito del tobillo y bien nos iba, ni una mala palabra delante de las mujeres o personas mayores a nosotros, tiempos en que debíamos de levantarnos del asiento del camión para ofrecérselo a las mujeres que iban de pie, hoy costumbre tan desaparecida que de hacerlo nos verían como animales raros. Desde luego que mentirá aquel que niegue no haber desvestido a las maestras con la poderosa quinceañera vista de rayos X. ¡Y a una que otra novia o amiga!.
PERO NO hablaremos de cuestiones XXX, nada de eso, solo iniciamos así los recuerdos de cuando en esa sala fuimos a la taquilla y de manera muy seria solicitamos… ¡¡¡Uno de sombra!!!.
USTED SE preguntara porque la compra de esa manera y la explicación es entendible, esa tarde vimos tres películas taurinas, “Tarde de Toros”, “Mi Reino por un Torero”, y “Un Caballero Andaluz”. La primera con Domingo Ortega, Antonio Bienvenida y Enrique Vera, la segunda con don Carlos Arruza y la tercera con Jorge Mistral interpretando a un rejoneador-ganadero. Lo disfrutábamos, afición nos sobraba aunque para ser sinceros qué bueno que en esos lejanos años no estaba tan choteado el hoy casi reglamentario “toro de regalo”.
HOY SABOREAMOS recordar esos años, desde luego que los añoramos, la edad tanta no nos quita el paladar y la memoria, la maestría de esos toreros se queda en nuestro cerebral disco duro y fue parte importante para irnos adentrando más seriamente en la fiesta. Tanto lo fue que al día siguiente, al llegar al salón de clases, muy seriamente y ante mí asombro me decía uno de los maestros escolares, sub director de la secundaria por cierto… -“Señor Jiménez, recibí la constancia de su enfermedad por la que ayer tuvo que faltar clases por la tarde, espero ya esté mejor”.-
A LA salida, al pasar su servidor a su lado, seriamente y en voz baja escuchaba un… -“El mejor es don Domingo, yo lo vi en La Condesa”.- Excuso decirles que él nos daba la peor de las materias por aprender, química, de la cual hasta la fecha ni su significado sé, pero “milagrosamente” a final del año vi en mi calificación un preciosísimo numero 9, la realidad es que ese número ni al revés lo merecía. Lo confieso, fui burro entre los burros, y esto confirma que la afición abre puertas, da buenas calificaciones y deja amigos-maestros para toda la vida. Años después uno de sus hijos me preguntó a los pies de la tumba que recibía el cuerpo del químico… -¿Por qué le dices que es cierto?.
LO DECIA porque era cierto, don Domingo Ortega era un excelente torero, al igual que mi profesor, el que inventaba haber recibido la mencionada constancia de mi enfermedad que me hacia faltar a clases, al largarme al cine a ver a esos enormes toreros, en este caso yo nunca falte al salón, simplemente me fui al que yo esperaba aprender algo de lo que quería ser… Nos Vemos.

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