1 agosto, 2021

EN MEDIO DE LA MANSEDUMBRE DE LOS “TEÓFILO GÓMEZ”, SALDIVAR RESCATA LA TARDE CORTANDO UN RABO.

Ya está saldada la segunda corrida del XVII Festival de las Calaveras.
Ayer muy tarde (6:00 pm) se abrieron todos los enrejados de la bella Monumental de la otrora rambla de López Mateos y en sus escaños recibió a público que cubrió más de la mitad de su capacidad de miles.
Y algo extraño sucedió. Anunciada la casa de Teófilo Gómez, la mayoría esperaba un encierro sin atractivo físico, pero no sucedió del todo eso. Los herederos del señor mencionado, que tuvo enfermiza empatía con sus colegas (fue matador sin relevancia) desembarcaron seis ungulados, casi todos novillos –observé sin proponérmelo las mandíbulas inferiores, denotando éstas rotunda falta de edad para ser catalogados como adultos, la mayoría de bonita lámina, bien cortados y bien

Ya está saldada la segunda corrida del XVII Festival de las Calaveras.
Ayer muy tarde (6:00 pm) se abrieron todos los enrejados de la bella Monumental de la otrora rambla de López Mateos y en sus escaños recibió a público que cubrió más de la mitad de su capacidad de miles.
Y algo extraño sucedió. Anunciada la casa de Teófilo Gómez, la mayoría esperaba un encierro sin atractivo físico, pero no sucedió del todo eso. Los herederos del señor mencionado, que tuvo enfermiza empatía con sus colegas (fue matador sin relevancia) desembarcaron seis ungulados, casi todos novillos –observé sin proponérmelo las mandíbulas inferiores, denotando éstas rotunda falta de edad para ser catalogados como adultos, la mayoría de bonita lámina, bien cortados y bien gordos, pero, en esto no se equivocó la afición, descastados y débiles (entre los seis cayeron a la arena hasta 18 ocasiones) que se pitaron en el arrastre cuatro de ellos. Fueron de esos que teniendo al diestro a merced es más fácil que le den cariñoso beso a que lo hieran. Lamento no poder hacer algo por el desprestigiado criadero que así, con esos animales sin bravura, encumbró su mansedumbre, muy a pesar que la autoridad, nueva como persona física pero con los mismos añosos vicios, ordenó el arrastre lento para el sexto, un animal pasador pero bobo, que de todos los pases salió soseando con la cara apuntando a las emblemáticas torres del edificio taurómaco.
La parte triunfal de los actores se la ganó el joven de Jalisco Arturo Saldívar, que olvidado de que hoy parte el paseíllo en la México, arriesgó su bienestar físico encontrando paga a eso: un rabo que será el primero en sus estadísticas aguascalentenses.
Y el resultado para el francés Sebastián no fue lo mejor. Con ejemplares insulsos y fallando con el acero no se puede más que acoger un par de silencios, división y palmas de despedida.
La suficiencia y sitio del mencionado torero llegado de la Francia, fueron cabales recursos con que dio solución exacta a la blandura de la primera res. Pero no cerró la capa sino hasta dejar con delicadeza de testales un quite estético plenamente. Y aquel pasaje muletero se selló con la marca de la intrascendencia como respuesta natural a las embestidas para señorita del bovino, que sin casta, tuvo nobleza dando el igual de la plástica sin emoción. El tercero, por un tono de raza y apenas necesaria fuerza para medio mantenerse en las cuatro extremidades, generó algunas dificultades, así como para haber disfrutado el oficio del galo, sin embargo éste no vio necesario hacer mayor esfuerzo y por ello dividió las apreciaciones.
Luego lanceó breve pero bellamente al quinto, que sumiso, descastado, de flaca fuerza y algo de clase le dio licencia al extranjero de andar de vacaciones pagadas con elevada moneda. Sobrado en el redondel, erguido y bien trasplantado esperó a que como perrito faldero el ungulado oliera el encaje de su avío escarlata para luego correr la mano lentamente. Pero aquello se observó de manera infrecuente y más bien enfadó al final. Como para equilibrar sus imposiciones absurdas, que caminan en contra de los intereses de los aficionados y de la misma sustancia de la fiesta, obsequió un feísimo astado de Fernando de la Mora que fue probón, encajado a la corteza y que cada venida de obispo pegaba descompuesto arreón para nuevamente atracarse. Todo eso en la región del tablero. El diestro hizo cierto esfuerzo que se fragmentó con su mal uso de la espada, mal que dejó ver toda la función.
El descastamiento y debilidad del primero de Saldívar fueron como para poner iracundo al santo de Asís; pero la gente que va al embudo de las Flores tiene una nobleza ejemplar y apenas se manifestó con discreto concierto de silbidos. El esfuerzo del jalisciense, de cualquier manera, fue distinguido con palmas leves.
Al modo clásico veroniqueó al cuarto, lo que mereció el ole cantado y a gran coro; y su quiete según enseñanza del formidable “Chicuelo” fue para verse. Ahí está. Cuando el génesis de la parte muletera todo vaticinaba que algo bueno detonaría. Pero en el cuento apareció la bruja. Equivocado y quedándose muy en la órbita de un bóvido que embestía con cierta raza y clase, su quehacer valeroso quedó en algo trunco porque lo ahogó, lamentablemente. Después la función cambiaría ya que un rumiante pasador pondría la aldaba a la lidia ordinaria. Fue suficiente ese vértice para que el joven descargara su valor, temperamento y perfil de aspirante a figura, entregando como producto de ello un trasteo variado y completado con pases templados, extensos y reuniéndose; pero también de incorrecciones técnicas que pagó con volteretas, afortunadamente sin percusiones indeseables. Mató de media espada en medio de la escápula, provocando consecuencias mortales inmediatas para empuñar el de cerdas que, siendo premiado primero con dos orejas, la apabullante mayoría reclamó con pañuelos albos.

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