31 julio, 2021

EXITOSA TARDE DE SALDÍVAR EN UNA TARDE DE SOSERÍA.

Pobre Plaza México, sigue siendo concubina de los coletudos extranjeros. Ayer en la lluviosa tarde de la inauguración de la campaña grande, a capricho del estilista de Valencia, Enrique Ponce, se liberaron de toriles hasta ocho bóvidos de la aguascalentense explotación de San Isidro; si, fueron ocho toros apócrifos, casi melones, con los que se ensañaron en las pilas del forraje y se portaron dadivosos en las notas de tienta. Este hierro entró ya, lamentablemente, en el grupo mafioso que tiene a la fiesta hecha una piltrafa y un simulacro de su grandiosa historia y savia.

Pobre Plaza México, sigue siendo concubina de los coletudos extranjeros. Ayer en la lluviosa tarde de la inauguración de la campaña grande, a capricho del estilista de Valencia, Enrique Ponce, se liberaron de toriles hasta ocho bóvidos de la aguascalentense explotación de San Isidro; si, fueron ocho toros apócrifos, casi melones, con los que se ensañaron en las pilas del forraje y se portaron dadivosos en las notas de tienta. Este hierro entró ya, lamentablemente, en el grupo mafioso que tiene a la fiesta hecha una piltrafa y un simulacro de su grandiosa historia y savia.
Los conceptos han cambiado, hoy es la mansedumbre por la bravura, las posturas por el poder y el dominio como recurso al servicio del arte. Con ese comportamiento lacayuno de todos, que producen rumiantes para burla de la ganadería brava de antaño, la suerte de varas no tarda en desaparecer…
En ese contexto, el éxito mayor lo adquirió el jalisciense Arturo Saldívar con el argumento de su frescura, variedad, valor y empaque, lo que le fue apreciado con cuatro orejas y un rabo, trofeo éste excesivo y cortado a un “absurdo” obsequio.
Con destellos estéticos inició Diego Silveti la tarde de su confirmación, deshaciéndose de la capa después de haber dado un quite con los modos de su difunto padre. Cuando el tramo muletero, ya hecha la ceremonia protocolaria, el torillo con cuernitos, por su descastamiento admitió estar a gusto al joven, quien interpretó sueltos momentos artísticos. El estoque ha sido la pesadilla de la dinastía y no pudo matar al primer viaje. Palmas fueron para él.
Que si se quedó quieto, quizás más y mejor que en la narrada intervención, cosa que se le evaluó bien, sobre todo por lo descompuesto de las embestidas del “sanisidro”; sin embargo se dio luego a pinchar en nueva versión.
Una destanteada, inepta, insulsa e inadmisible actuación tuvo Ponce ante aquella segunda joven res. Y el público no le complació; parecía que estaba despertando de la anestesia y justificadamente repelió con pitos todo lo visto. Pero los chilangos en masa son dóciles, y como indigentes taurinos gustan del ballet y las posturas sin emoción. Eso hizo el extranjero en su siguiente turno y también con el ungulado de yunta que se atrevió a obsequiar. Hubo una sumisión de borregos en público y astados, lo que aprovechó el de Chiva para realizar una formidable tienta de luces. Un apéndice en el cuarto y una vuelta al ruedo, más por la despedida de su banderillero Antonio Tejero, en el regalo, ya que más trofeos hubiese conseguido, pero el pinchar ha sido una constante en su dilatada carrera.
Saldívar bien se puede decir que “borró” a sus alternantes –los tres tuvieron similares oportunidades-. Toda la función, presenciada por miles que hicieron casi el lleno, se vio valeroso, vertical, corriendo la mano con temple, encajado en la carpeta de arena y haciendo el toreo con variedad y buen gusto, no faltando los tramos de embarullamientos y hasta una voltereta. A su segundo el cortó las orejas y al de regalo el rabo… buen entrenamiento tuvo para que continué con su proyecto profesional en una fiesta de altura como es la de la Península Ibérica.

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