5 agosto, 2021

MI AMIGO EL MATADOR DE TOROS PACO HUERTA.

LLEGÓ A comentarme que sus primeros pasos y juegos fueron con osamentas y cráneos humanos, la razón era entendible por dos motivos, las carencias económicas de sus padres y sobre todo por el haber nacido como vecino de un hoy desaparecido panteón en su natal Guadalajara, Jalisco. El rumbo lo conocí años después, inclusive infinidad de veces estuve por ahí ya que al llegar la modernidad, y crecer la urbanización en la capital del estado de Jalisco, en los terrenos del camposanto se edificó la central camionera, hoy también ya desaparecida. Estaba donde comienza la calle Niños Héroes, antes Faustino Cevallos.

LLEGÓ A comentarme que sus primeros pasos y juegos fueron con osamentas y cráneos humanos, la razón era entendible por dos motivos, las carencias económicas de sus padres y sobre todo por el haber nacido como vecino de un hoy desaparecido panteón en su natal Guadalajara, Jalisco. El rumbo lo conocí años después, inclusive infinidad de veces estuve por ahí ya que al llegar la modernidad, y crecer la urbanización en la capital del estado de Jalisco, en los terrenos del camposanto se edificó la central camionera, hoy también ya desaparecida. Estaba donde comienza la calle Niños Héroes, antes Faustino Cevallos.
EN PASADAS ocasiones he hablado de este torero, de nuestra amistad y de compartir el gusto por el alcohol, de vivir juntos espantosos “días sin huella”, mismos que lo llevaron a morir en la más terrible soledad y haberla encontrado a media calle, por cierto en un lugar muy cercano a donde le conocí, por los rumbos del desaparecido coso, el más bonito de México, El Progreso, en el corazón de San Juan de Dios.
PACO ERA callado, sencillo, amigo muy fiel, gustaba de la buena música, siempre silbando o tarareando La Vida en Rosa, la de Edith Piaff, recorría las calles de su ciudad haciéndose el casual aparecido a sus amistades, mismos que nunca lo desamparaban, de constante le ayudaban de varias maneras, unos le daban auxilio liquido, vía tequila, otros le tendían la mano dándole unos pesos o invitándole a comer, nadie lo abandonaba pero ya el vicio lo consumía y desde hacía años se había apropiado de su voluntad. Todo el santo día de Dios caminaba sin aparente rumbo, cierto, repito, solo tendía a buscar la ayuda que lo hacía sobrevivir.
FUE EL novillero triunfador en El Progreso por varias temporadas, era un ídolo por esos años de los cincuentas del siglo pasado, y Guadalajara se rendía a su quehacer taurino, mismo que le llevó a tomar la alternativa de manos de don Alfonso Ramírez Alonso, “El Calesero”, y de don Antonio del Olivar tiempo después. La provincia mexicana le vio en varias ocasiones compartiendo cartel con figuras de la talla de don Carlos Arruza, ya rejoneador en esos años, y de muchos más, desgraciadamente pocos lo sabían pero el alcohol ya se había adueñado de sus voluntades, así me lo confiaba…
-“LA TARDE de mi alternativa no la saboreé a pesar de no haber estado mal, la noche anterior a ella la pase encerrado en el cuarto del hotel tomando, tenía meses ya enganchado en el vicio, miedo no sentía, era imposible parar, era convulsiva la manera de tomar, claro que rezaba esperando el milagro de parar, de dejar la botella pero era imposible, casi al amanecer me dormí un rato pero lógico era que despertara pronto, el cuerpo me pedía más alcohol, bajé al restaurante desesperadamente buscando el tonto milagro que un café muy cargado me cortara la borrachera y salí a caminar un poco. Sin darme cuenta cuando menos lo esperaba estaba a las puertas de Catedral y ore devotamente, palabra que eso me reanimó y prometí no tomar un trago más ese día, era iluso a esa edad.-
CIERTA MAÑANA me desayunaba en el restaurante “La Mesa del Matador”, de Enrique Briones en San Miguel de Allende, Guanajuato, hojeaba un diario deportivo y me acompañaba un amigo, veía el periódico de reojo, comentábamos, desde luego, los temas taurinos entre sorbos de café y de pronto no podía creer lo que leía pero se nublo mi vista, la noticia que en el anfiteatro de Guadalajara habían descubierto que el cadáver que estaban por desmembrar los estudiantes de medicina era el de mi entrañable amigo al cual, como decía, lo encontraron sin vida a media calle, esto me impresionó y entristeció grandemente. Nadie reclamaba el cuerpo y por lo mismo pasaría a ser “material de estudio”. Me dolió mucho perder de esa forma a un fiel amigo, el mismo que tantas veces me acompañó “en las buenas y en las malas”.
AFORTUNADAMENTE A uno de los alumnos llamaron su atención varias cicatrices en los muslos y de inmediato solicitó a sus maestros el permiso para respetar los restos mientras trataba de investigar de quien se trataba, no todo herido cuenta con ese tipo de costurones, el estudiante era aficionado taurino y dada su atinada observación es que de inmediato se trasladó al coso de la avenida Independencia, la Monumental Jalisco, y me cuentan que fue “El Pipiolo”, torero bufo y buen amigo, quien dada la descripción del desconocido se trasladó a identificar el cuerpo que efectivamente era el de Paco. Las cicatrices de viejas cornadas le salvaron de ser “material de estudio”. Sin menospreciar la atinada reflexión del futuro doctor. Continuamos…
DE LA tarde de su alternativa, a la esta relatada convivencia nuestra tranquilamente habían pasado ya más de cuarenta años, pero me confesaba jamás había dejado la bebida. Siempre lo acompañaba un envase plástico de medio litro que en su interior guardaba el líquido de 96 grados del fermentado jugo de la caña de azúcar. Mañana continuaremos con más recuerdos de mi extrañado y querido amigo Paco, quien ha de estar a la vera del Señor, los pecados que cometió es seguro los pagó con creces en vida, la que inconscientemente llevó, el alcoholismo llega, nunca lo pide uno… Nos Vemos.

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