5 agosto, 2021

¿SERÁ JUAN PABLO SÁNCHEZ EL REVOLUCIONARIO DEL TOREO MEXICANO?

El domingo próximo, otro día de celebración muy a la mexicana, nos encontraremos hasta la saciedad con la multicitada palabra “revolución”, término que, pese a la mala concepción que del hecho al que alude tiene la sociedad contemporánea, ya está incorporada a nuestro lenguaje propio, común, de suyo tradicionalista y folclórico. Cada 20 de noviembre se le cantan loas al acontecimiento armado que todavía no acaba de darles pan y vida a los pobres.
Revolución para arriba, revolución para abajo: Revolución por todos lados.

El domingo próximo, otro día de celebración muy a la mexicana, nos encontraremos hasta la saciedad con la multicitada palabra “revolución”, término que, pese a la mala concepción que del hecho al que alude tiene la sociedad contemporánea, ya está incorporada a nuestro lenguaje propio, común, de suyo tradicionalista y folclórico. Cada 20 de noviembre se le cantan loas al acontecimiento armado que todavía no acaba de darles pan y vida a los pobres.
Revolución para arriba, revolución para abajo: Revolución por todos lados.
¿Revolución en el toreo y la Fiesta de Toros mexicana?
Así la entiendo: (cualquier parecido de nuestra Fiesta con la revuelta es mera coincidencia) la mentada revolución mexicana es una obra anidada en la sagrada liturgia del ritual civil que marca las pautas de su propia consagración. La rebelión que pretendió hacer justicia por su propia mano fue realizada con el fin de dar legitimidad a los vencedores del nuevo régimen que, en oposición a la tiranía e ineptitud del porfiriato para dar satisfacción a sus intereses, le dio un carácter populista y simbólico a la cruenta matazón que, finalmente, dejó al país como estaba: ¡todo amolado!
¿Es ahora el tiempo en el que estalle la revolución en el toreo mexicano?
Así lo entiendo: la folclórica revolución huele a intento no logrado, a falsedad rematada, a progreso no conseguido, a equilibro no prosperado. Tiene el tufo acedo del desgaste cruel y atroz que si bien, según los historiadores, dejó una relativa paz social, los niveles de bienestar y mejoría económica no alcanzaron una proyección generalizada: el rico siguió siendo rico, y el pobre siguió con la punta de la lengua en la miseria. Suena patético, pero antes y después de la revolución el pobre pueblo sigue siendo el tarugo del cuento.
¿Estarán ya entre nosotros los revolucionarios del toreo mexicano?
Porque, tal y como lo entiendo, el toreo mexicano acusa realidades y sentimientos de sometimiento a la tiranía del poder español. Sigue siendo, pese a su riqueza expresiva y su nobleza integral el tarugo del cuento.
¿Serán Arturo Macías, José Adame, Arturo Saldívar, Mario Aguilar, Fabián Barba, Víctor Mora los revolucionarios que agitarán al medio para convertirse en paladines del cambio?
Abrigo fundadas sospechas de que Juan Pablo Sánchez sea el que defina el rumbo libertario y revolucionario toda vez que, con voz y timbre de líder, el domingo subirá al estrado de la plaza México para arengar a la tumultuosa legión de toreros ansiosa de beneficios y derechos.
Lo cierto es que las condiciones están dadas para que los toreros revolucionarios mexicanos impongan orden e imperio en su suelo, y que es ahora el momento ideal para que, como lo hace toda revolución, la de estos toreros marque la pauta del cambio y evolución.
Para muchos la Fiesta mexicana es un estado en ruina, hecho que la Historia acusa y que los taurinos modernos tratan de justificar explicándola sin razones convincentes; para muchos la Fiesta de México reclama de la valiente intervención de titanes que fulminen a los héroes extranjeros que explotan su papel de redentores; para muchos es de vital importancia asesinar a mansalva al escepticismo que le niega el paso al toreo mexicano.
Yo no le temo a la revolución taurina –la que pondría orden en las cosas ocultas del negocio- pese a que la palabra sugiere el desmoronamiento del orden establecido. Antes bien, la deseo con el alma.
¿Con qué argumentos, que serán sus armas, cuenta Juan Pablo Sánchez para sumarse al grupo que liderará la inminente revolución taurina mexicana masacrando al invisible poderío del mando español?
Él, Juan Pablo, como sus compañeros de gesta, tiene la visión clara y optimista que caracteriza a la juventud recia, llena de las ilusiones y de los bríos primerizos de los aventureros y conquistadores, insuflada por la pasión y la nobleza del heroísmo, la que yendo al frente del batallón, no le importa que en la escaramuza en los ruedos brille la sangre de mártir.
No tengo que apostillar que confío en Juan Pablo Sánchez -y los jóvenes que sueñan con dirigir a la generación que sea la reconstructora del medio taurino mexicano -, pues parece el predestinado que avizora el medio con la mirada del gran táctico que quiere forjar el futuro de la Fiesta sometido, atrapado y encarcelado en sus propias ilusiones.
arrastrelento@gmail.com

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