24 julio, 2021

ALUMBRA YA LA ALBORADA TAURINA CON AIRES DE PRIMAVERA Y ALEGRÍA.

La vida es así: incluye en alternativa temporalidad la magnificencia del día, y la hondura y solemnidad de la noche. La vida es así: la luz y la sombra atadas a un mismo proyecto. La vida es así: caprichosa concesión que brinda generosa un espacio para la luna y las estrellas, y otro para el sol radiante. La vida es así: un ordenamiento –horas para estar en vigilia, y horas para dormir- que a cada reacción le da su tiempo, su espacio y su vigencia.

La vida es así: incluye en alternativa temporalidad la magnificencia del día, y la hondura y solemnidad de la noche. La vida es así: la luz y la sombra atadas a un mismo proyecto. La vida es así: caprichosa concesión que brinda generosa un espacio para la luna y las estrellas, y otro para el sol radiante. La vida es así: un ordenamiento –horas para estar en vigilia, y horas para dormir- que a cada reacción le da su tiempo, su espacio y su vigencia.
¡Así es el toreo! Un fenómeno que a veces se pinta en claro, y a veces en oscuro; a veces se congela como el agua hasta convertirse en hielo, y a veces se derrite en el pebetero del medio día como cera ardiente. Así es el toreo. Un fenómeno que sólo un fino retratista podría describir en toda su complejidad.
La galaxia se enriquece. Afortunadamente, con la aparición de nuevas estrellas en formación, -“Arturo Saldívar, Mario Aguilar, Juan Pablo Sánchez, José Adame, Fabián Barba”- y viviendo en el deslumbramiento de un nuevo amanecer, hoy ya no es tan tormentoso describir la realidad del día del toreo moderno de México: Ayer, noche que se fue, cuando se cometieron y toleraron un sinfín de abusos, describirla en cualquier forma posible era una labor caótica y compleja, tanto que en ella predominaban los resplandores del desorden y del caos, del siniestro y la desesperanza, de la insatisfacción y el vacío.
El cuadro insolente de las plazas vacías, era un lienzo vergonzante, ridículo y patético. Se describía, como una realidad tremendista, absurda, incurable, tramposa, y sin nunca compadecerse de sus víctimas. El ayer inmediato –hago referencia al estado de cosas en la capital del país atrasando el tiempo tres o cuatro años-, mal escribió su historia con letras chuecas, abusó del remedo y perdió credibilidad. Negra, larga, tediosa la noche aquella en la que, pese a figurar toreros brillantes, nunca deslumbró más allá de sus propios límites.
Noche triste aquella en la que, con las plaza vacías, especialmente la México, a quienes asistían a la gran coso les obsequiaba la sensación de presenciar una simulación artificial que se rebajaba al tono de la grosería. La vida es así. Qué bueno que aquella terrible noche parece emigrar con su manto de pesares a otras latitudes. Aún recuerdo de ella la insípida teatralidad de ciertos toreros que, con pavoroso pánico, se hacían uno con la sombra nocturnal.
Pero por fortuna la noche disipa ya su negro manto dando paso a un nuevo amanecer. Con él la Fiesta en México adquiere la fragancia, el brillo y el resplandor del día de primavera. ¡Por fin amanece!
Así la cosas, es el alba quien nos pone ante la recia figura de jóvenes que, gallardos y decididos, con el brío de los conquistadores, dan señales de que la Fiesta está a punto de recobrar la salud gracias al sano rejuvenecimiento de los actores que, abandonando la modorra, se revitalizan para renovar de raíz los malgastados cuadros que a los aficionados les parecen anticuallas.
Lo cierto es que en la alborada el aficionado, motivado por la animosa presencia de la nueva torería mexicana, siente redescubrir su refinada capacidad para convivir armónicamente con la naturaleza dramática, violenta, lujuriosa, poética y espiritual que propone el brusco, tosco, ya la vez delicado ejercicio del toreo, sobre todo el realizado a los compases del ritmo y el tono a la mexicana.
La vida del toreo es así. Me queda claro que los toreros de renuevo, a pesar de salir alegremente de la madriguera para fundirse con el nuevo día, no intentarán imitar al el oso que divierte burlonamente con su torpe obesidad a la fervorosa clientela.
En definitiva, la vida del toreo es así: una experiencia pintada en trasparente claroscuro que siendo vieja, no se repite nunca y siempre es nueva. Un lienzo que siempre, cuando es puro y claro, nos deja con la boca abierta. Como nos deja la más bella de las composiciones en el toreo.
Y me gusta la nueva generación de toreros toda vez que, al menos a los que aludo en estas líneas, aspiran a cualquier cosa, menos a volverse una caricatura burlona como tanto personajes pasajero que, al menos vestido de luces, son tan abominables para la cultura popular como lo es el que defiende la mentira, el engaño, la burla, la mistificación y la perfidia.
Ni hablar. La vida es así, sorpresiva y repentina, deslumbrante y pasajera… como los mil y un pasajes con los que está escrita la vida del toreo en Aguascalientes.
arrastrelento@gmail.com

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