27 julio, 2021

LAS BUENAS ESTOCADAS VALEN LA OREJA, LOS SARTENAZOS NO.

Sábado 10 de diciembre del 2011. Plaza de toros Vicente Segura de Pachuca, Hidalgo Corrida extraordinaria para conmemorar los 33 años de existencia del coso.
Toros: Dos de Rancho Seco para rejones (primero y cuarto). Bien presentados, colaboradores y nobles, aunque demasiado desmochados.
Cuatro de Torreón de Cañas, y un séptimo (regalado por Saldívar) que se anunció como de la misma ganadería, pero que no llevaba la divisa de los señores Uribe. Los primeros cuatro para los de a pie estuvieron impecablemente presentados. El segundo y el sexto tuvieron bravura y alegría. Al tercero y al quinto les faltó un poco de fuerza y tuvieron las complicaciones propias de la casta. El de obsequio desmereció en presentación pero fue el más noble.

Sábado 10 de diciembre del 2011. Plaza de toros Vicente Segura de Pachuca, Hidalgo Corrida extraordinaria para conmemorar los 33 años de existencia del coso.
Toros: Dos de Rancho Seco para rejones (primero y cuarto). Bien presentados, colaboradores y nobles, aunque demasiado desmochados.
Cuatro de Torreón de Cañas, y un séptimo (regalado por Saldívar) que se anunció como de la misma ganadería, pero que no llevaba la divisa de los señores Uribe. Los primeros cuatro para los de a pie estuvieron impecablemente presentados. El segundo y el sexto tuvieron bravura y alegría. Al tercero y al quinto les faltó un poco de fuerza y tuvieron las complicaciones propias de la casta. El de obsequio desmereció en presentación pero fue el más noble.
Toreros: Diego Ventura, en el que abrió plaza, rejón de muerte a la media vuelta que cayó atrás de la paletilla derecha del toro: oreja. En el cuarto, bajonazo traserísimo: oreja que fue motivo de una bronca. No pudo dar la vuelta al ruedo, la gente se lo impidió: tímida salida al tercio después del abucheo.
Arturo Macías, gran entera en el segundo del festejo: oreja. En el segundo de su lote, dos pinchazos y cuatro golpes de descabello: silencio tras aviso. Arturo Saldívar, al tercero lo mató de dos pinchazos y un colosal descabello sin ayudarse con la muleta: silencio. Al que cerraba plaza lo despachó de formidable estocada (un poco trasera) en los medios. El toro rodó sin puntilla y le fue concedida una oreja. Regaló un séptimo al que mató de casi media trasera y un elegante y certerísimo golpe de descabello: petición y ovación.
En otra tarde verdaderamente moscovita –por aquello de las temperaturas subárticas- la plaza de Pachuca presentó una buena entrada, más de media plaza, unos seis mil espectadores. La parte seria del festejo fue a todas luces interesante, los dos Arturos, Macías y Saldívar estuvieron decididos y aunque no siempre entendieron a los de Torreón de Cañas, sus magníficas estocadas al segundo y al sexto les hicieron acreedores a un apéndice por barba.
Macías recibió al primero de su lote a porta gayola, el toro salió enterándose y por poco le pasa por encima. Luego lo lanceó a pies juntos y quitó por chicuelinas modernas. El coleta de Aguascalientes empezó su faena de muleta con los ya inevitables pases cambiados por la espalda, ahora quizá justificados pues el toro se arrancaba de largo con gran alegría. Los mejores momentos, entre las ráfagas de aire polar, los tuvo al torear al natural. A continuación, Macías se perdió un poco por los vericuetos del tremendismo, pero como mató a ley obtuvo una oreja bien merecida.
Al quinto, le repitió la dosis de la porta gayola, y esta vez el toro sí que lo arrolló, dándole un fuerte pisotón en el empeine izquierdo, cosa que lo trajo cojeando durante el resto de la lidia. Sin arredrarse, Macías le recetó otras dos medias largas cambiadas de rodillas en las tablas: la primera de ellas fue espeluznante.
Con la muleta, el Arturo de mayor antigüedad en el cartel exhibió su arrojo toreando al natural con empaque. Lástima que a continuación vinieron los muletazos de hinojos, el ahogar al toro y los desplantes pueblerinos. El toro terminó agarrado al piso, el espada anduvo desafortunado con la ídem y la cosa no pasó a mayores.
Arturo Saldívar reaparecía después de la operación motivada por el último percance que sufrió en España. Su primero fue un castaño muy bonito que tenía ganas de embestir, pero era débil. Ahí el segundo Arturo de Aguascalientes estuvo muy torero ante un burel complicado e incierto, que punteaba, no repetía igual nunca y que quizá merecía una faena de más poder.
En el último de la lidia ordinaria, un berrendo en negro calcetero y caribello, Saldívar lanceó por chicuelinas con el compás abierto, muy al estilo de José Tomás. Con la muleta instrumentó derechazos de gran verdad en los meros medios, ante un cornúpeta encastado en bravo y difícil. Pensando que no habría triunfo, Arturo regaló un séptimo, sin contar con que la gran estocada haría que cortara una oreja.
En el de regalo, un bicho más moderno, de menor trapío y muy noble, Saldívar logró los muletazos más templados y largos del festejo. Desgraciadamente para él, falló en la suerte suprema y aunque hubo petición todo quedó en aplausos para el diestro.
Hablemos ahora de las tribulaciones de Ventura, quien aunque cortó sendos apéndices en su lote, no convenció a la totalidad de los parroquianos. ¿Será porque cada vez mata peor?
En el segundo de Rancho Seco, un animal extremadamente colaborador, nos deleitó con miles de banderillas de todos tamaños y un desplante muy chabacano, el de colocarle el sombrero cordobés en el testuz al toro. La hoja de peral cayó casi en la panza del animal, más cerca del rabo que del morrillo, provocándole al astado de Tlaxcala una muerte infamante. Algunos villamelones pidieron la oreja, y cuando ésta fue concedida el abucheo fue ensordecedor, obligando a Ventura a refugiarse en el burladero, del que, cuando amainó la bronca, salió para recibir una discreta ovación en el tercio.
La Porra Libre, en un gesto que la enaltece, no dejó de mostrar una manta en la que, palabras más, palabras menos, le decían al rejoneador que en México sí sabemos de toros y que por favor se fuera de vuelta a su país. Eso le pasa a este artista del caballito por andar denostando y faltándole al respeto a la afición azteca. Recordemos que insultó soezmente al público de Guadalajara, por ejemplo…
Quizá lo más interesante del festejo fue ver el juego que dieron los de Torreón de Cañas. Esos toros no son aptos para las faenas largas y almibaradas, pues tienen raza. Sin embargo, mantienen el interés del respetable, no se caen y embisten con codicia. Recordemos lo dicho por Enrique Martín en el blog Toros Grada 6: “…no hay toro que aguante cincuenta pases como Dios manda, ni toro encastado que se los deje dar.” Afortunadamente, pues ese burel encastado es el alma de la Fiesta y todo lo que se le haga tiene mucho mérito.

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