1 agosto, 2021

LOS PUYAZOS DE SERGIO.

Los enemigos más peligrosos de la fiesta brava mexicana están dentro de ella misma; se bullen como sierpes, astutas, silenciosas y con sigilo, en su propio interior.
Pueden estar tranquilos los ignorantes e idiotas “protectores de animales” y “políticos” ordinarios, no tendrán más que trabajar para que se convierta en humo el espectáculo taurino, pues de seguir empeñados y ciegos los “administradores” de las plazas en imponer nombres y proyectos a satisfacción personal, y no planteamientos que la fortalezcan, nada lejos está el día en que la fiesta será únicamente un fabuloso dato histórico de México.

Los enemigos más peligrosos de la fiesta brava mexicana están dentro de ella misma; se bullen como sierpes, astutas, silenciosas y con sigilo, en su propio interior.
Pueden estar tranquilos los ignorantes e idiotas “protectores de animales” y “políticos” ordinarios, no tendrán más que trabajar para que se convierta en humo el espectáculo taurino, pues de seguir empeñados y ciegos los “administradores” de las plazas en imponer nombres y proyectos a satisfacción personal, y no planteamientos que la fortalezcan, nada lejos está el día en que la fiesta será únicamente un fabuloso dato histórico de México.
La disminución y/o desaparición del trapío y la casta en cuyos lugares han entrado ilegítimamente el becerro de engorda y la mansedumbre, han provocado al espectáculo la fragilidad suficiente para convertirlo en un objeto de vulnerabilidad tal que con el menor golpe, por medio de la infeliz política que México vive, la noquearán sin que haya quien la defienda, mucho menos la incorpore del sitio en que tenga la desdicha de caer.
La merma de valores taurinos, evitan entonces que haya contraargumentos para las amenazas de legislar la abolición de espectáculos taurinos profesionales en el DF.
Sordos y ciegos a los palpables amagos de prohibir las corridas en la loca ciudad de México, El conjunto de Herrerías “noblemente” entrega en cada tarde de temporada el espacio de la México para satisfacción de los ibéricos que, canallas e indolentes hacia nuestra fiesta que mucho les ha dado, imponen el becerrete que se comporta en consonancia con la empresa, es decir, mansa y mensamente; en tanto que por el norte Bailleres y su “organismo” prosiguen cultivando malos productos, en vez de extender un movimiento dinámico administrativo que genere movimiento y energía, como si se tratara de una fiesta para dar gusto a sus incultos paladares y no de un patrimonio cultural y de tradiciones de este México cada vez más débil en sus cimientos sociales y humanos.
Ahí está, para abrir año, una feria de León, Guanajuato pueblerina, vulgar y satírica, en la que han propuesto carteles desgraciados y tan monótonos que es altamente predecible lo que en el feo coso de La Luz sucederá –orejas y rabos por kilos-. Sin agravio sea dicho de los jóvenes que tendrán sitio y espacio de expresar su manera fresca de interpretar el arte de Cúchares.
Son seis carteles anunciando seis corridas; escaso número de un serial en el que cualquier repetición insulsa resulta ofensiva. Dos tardes estará el desagradecido francés que así, aplicando su pésima política de “teofilitos” y anexas, paga a la tauromaquia mexicana las deferencias que se le tuvieron para con su formación, cuando era nadie en su etapa de novillero –Cortina Pizarro y Corlomé, par de criaderos jaliscienses, le abrieron las puertas no de sus casas, si no hasta el de los corazones de sus dueños, y se le ofrecieron los tentaderos sobre una sincera amistad-.
A la administración de Juan Pablo Sánchez no le bastó el petardo de encierro con el que fue a confirmar a la Plaza México y nuevamente, en su segunda comparecencia en la capital de las pieles, matará los productos de Javier Bernaldo… quizás por gusto de Castella. Ojalá que cuando el joven hidrocálido comparezca en cosos como Sevilla, Madrid, Pamplona y Bilbao, -como debe ser de un torero que quiere ser importante en el atlas mundial- el galo también ponga a su disposición encierros de características similares a los que él estoquea en nuestras disminuidas plazas.
Y no podría faltar en una de las seis funciones el de Azcapotzalco, elemento que no puede ya dar más a los toros porque se ha secado su perfil; por demás vistos sus vicios y fraudes, mejor desgasta que aporta a la ya de por sí lacrada línea equivocada que va indicando la ruta hacia el desfiladero.
Ortega, Rafael el tlaxcalteca, tampoco tiene dentro algo digno como para ser exhibido en los ruedos.
Por añadidura, son seis divisas desteñidas las que se verán prendidas en las otras tantas corridas comentadas: Begoña, Teófilo Gómez, Bernaldo de Quiroz, Fernando de la Mora, Villacarmela y San Isidro.
Se lamenta lo de San Isidro, más que lo de otras explotaciones, ya que se tenía fe de que pudiera ser catalizador y referente de la bravura de un estado que se autoproclama como el más taurino de México, no obstante el que con desprecio por la pirámide de valores y tradiciones que tiene la fiesta, se ha anexado al pairo de complacientes y sumisos entes de los que dirigen erráticamente la fiesta.

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