24 julio, 2021

EN EL NOMBRE DEL CIELO OS PIDO POSADA…

ARRASTRE LENTO… Ya huele a caña, cacahuate y colación. Estamos a minutos de que empiece la ensordecedora celebración anual del calendario que ya poco o nada conserva del espíritu que la originó. Las posadas, vistas desde el perfil mexicano, es una tradición que traicionó su esencie pues ya no son sino una mascarada ficticia de las huellas del peregrinar de José y María en busca de un lugar donde pudiera nacer el que incendiaría la tierra de amor.

ARRASTRE LENTO… Ya huele a caña, cacahuate y colación. Estamos a minutos de que empiece la ensordecedora celebración anual del calendario que ya poco o nada conserva del espíritu que la originó. Las posadas, vistas desde el perfil mexicano, es una tradición que traicionó su esencie pues ya no son sino una mascarada ficticia de las huellas del peregrinar de José y María en busca de un lugar donde pudiera nacer el que incendiaría la tierra de amor.
EN EL NOMBRE DEL CIELO OSPIDO POSADA…
Me niego a sepultar los ricos legados de la tradición: creo que las posadas siguen siendo un elemento que inspira sentimientos facultados para optimizar la fraternal convivencia en torno a una piñata que, cuando es vapuleada, explota con el estruendo obsequioso de la alegría y la esperanza.
EN EL NOMBRE DEL CIELO OS PIDO POSADA…
Claro que le tengo afecto a la Navidad, si la conozco desde niño. Como desde niño conservo el añejo gusto de mirar al cielo de noche en busca de la estrella guía que evitó que los Reyes Magos no sólo no se extraviaran sino que, iluminados con el centellar esplendoroso de la luz que otros ojos no pudieron apreciar, sumisos dieron una gran lección de humildad.
EN EL NOMBRE DEL CIELO OS PIDO POSADA…
Viendo la corrida del domingo pasado en la plaza México, algo parecido me ocurrió. Buscando en el cielo de la televisión la estrella que pudiera guiar a las nuevas generaciones de toreros para que no pierdan el rumbo a la gloria, me encontré con la estrella de Diego Silveti, joven astro que brilla en un escenario donde ya resplandecen Arturo Saldívar, Juan Pablo Sánchez, José Adame, y Mario Aguilar. Claro que le tengo afecto a la Navidad, como le tengo respeto y admiración sacramentado al toreo. Es por eso que asocio una con otro: porque desde niño ambas expresiones, la Navidad y el toreo, fueron depositarias de mis sueños, ilusiones, esperanzas y alegrías.
EN EL NOMBRE DEL CIELO OS PIDO POSADA…
Viendo la actuación de Silveti, y ya influenciado por los aires navideños, se despertó en mí el deseo de que el toreo moderno sea felizmente apreciado aceptando las nuevas maneras de interpretarlo y concebirlo.
Fugazmente vino a mi mente la estrella de belén. Cuando la tuve en la imaginación, emocionado con los alarde expresivo de Diego Silveti convertido en un astro brillante, comprendí que el torero no debe poner la vista en la arena de los ruedos buscando la convencionales estrellas sino dirigir la mirada al firmamento de la esperanza labrada para preciar el embrujo del misterio y la magia de la sencillez del arte, la inspiración y la entrega con comerciales.
EN EL NOMBRE DEL CIELO OS PIDO POSADA…
Lo cierto es que no renuncio a revitalizar las ilusiones depositadas en la Navidad y la Fiesta de toros mexicana pues a pesar de lo viejas que son, no se agota su rico manantial, ese que la ingeniería emocional, trazando canales luminosos, lucha por evitar que se le fuguen las corrientes de su propia tradición.
Lo cierto es que los toreros jóvenes no deben poner los ojos en el suelo sobre el que van los vanidosos pies de los peregrinos de la Fiesta. Su mirada debe hacerse uno con el azul del firmamento que anuncia ilusiones, esperanzas, magia y fantasías, como las que inspira la Navidad.

Deja un comentario