5 agosto, 2021

¡¡¡LA NAVIDAD ES UNA NOCHE QUE NO SABE DORMIR!!!

No deja de parecerme única la noche de Navidad. Noche luminosa, festejada con estridente sonoridad y estremecedora alegría. Lástima que la escandalosa publicidad le conduzca, malformada, en medio de un carnaval hipócrita y enmascarado, a una comercialización irritante.
¡QUE ES UNA NOCHE QUE NO SABE DORMIR!
Noche, la de Navidad, que a pesar de sus dos mil años de existencia llega a los corazones todavía con aires de primicia. Noche que, por los cánticos y arrullos que le acompañan en acordes de fantasía, parece que fuera la primera en clavarse en el corazón.

No deja de parecerme única la noche de Navidad. Noche luminosa, festejada con estridente sonoridad y estremecedora alegría. Lástima que la escandalosa publicidad le conduzca, malformada, en medio de un carnaval hipócrita y enmascarado, a una comercialización irritante.
¡QUE ES UNA NOCHE QUE NO SABE DORMIR!
Noche, la de Navidad, que a pesar de sus dos mil años de existencia llega a los corazones todavía con aires de primicia. Noche que, por los cánticos y arrullos que le acompañan en acordes de fantasía, parece que fuera la primera en clavarse en el corazón. Noche ciertamente paradójica.
Y cómo no haría de ser paradójica si el Niño Dios habiendo nacido débil, tiritando de frío, urgido de abrigo, de caricias, de atenciones, alimentos, mimos y ternuras. Se convirtió en una criatura tan fuerte y vigoroso que llegó a ser considerado como el señor de los ejércitos.
¡QUE ES UNA NOCHE QUE NO SABE DORMIR!
Como rayo, y con estruendo, viene a mi mente el toreo. Cuánto celebro que la Fiesta de Toros mexicana viva otra vez una noche tan larga que pareciera impedida a despertar, como la de Navidad. Y celebro que la opacidad de sus sombras, las que enturbiaban la atmósfera hace apenas unos años, se diluyan con la notable esperanza depositada en la generación de toreros modernos de alguna manera configurados en España.
¡QUE ES UNA NOCHE QUE NO SABE DROMIR!
Y también me parece paradójico que el toreo, habiendo venido al mundo entre palacios, reyes, príncipes, cortes y ejércitos, y su ejercicio haya provocado aullidos escandalosos y estridentes de alegría en los pueblos apasionados que celebraron y festejaron su nacimiento, hubiese llegado en determinado momento a eclipsarse tan desmesuradamente, al grado de invocar al espíritu de la Navidad para que, como obsequio generoso, nos concediera el gozoso placer de insuflarnos con el novedoso aliento de los toros jóvenes que parecen ser capaces de llenar al medio con venturoso optimismo.
¡QUÉ ES UNA NOCHE QUE NO SABE DORMIR!
Y es paradójico que el brillo de las candilejas del toreo mexicano haya estado a punto de extinguirse. Más paradójico me resultaba contemplar la manera en la que los grandes capitanes y generales del toreo mexicano, como soldados rasos, vivieran confundidos con la milicia.
¡QUE ES UNA NOCHE QUE NO SABE DORMIR!
Y como al niño recién nacido, al toreo mexicano le urgían las caricias que lo mimaran. Sobre todo ahora que, entre advertencias de alarma, y picoteado con la ponzoña de los enemigos disfrazados de ecologistas y redentores, se bate entre la vida agotada y la muerte anunciada, toda vez que quieren a como dé lugar exterminarlo.
¡QUE ES UNA NOCHE QUE NO SABE DORMIR!
Pues sí, hoy más que nuca al toreo le urgen las bondades de la Noche que no sabe dormir para que extrayéndola de entre sus dádivas, le obsequie al toreo caricias que lo mimen y le den calor. Lo cierto es que si en lo personal celebro la luminosa manifestación artística del toreo, no puedo negar que la Fiesta de toros mexicana estaba viviendo en una noche silenciosa, como esas en las que se adivina la fatalidad.
¡QUE ES UNA NOCHE QUE NO SABE DORMIR!
Paradojas de la vida, que no es lo mismo que la vida en paradojas. Pues paradójica me parece que la noche de Navidad, pese a su larga existencia, sea escandalosamente promovida con grandes espectaculares y monumentales espacios luminosos, y que el toreo, también con cientos de años de vida, ya no la promuevan ni publiciten con el brío reparador del optimismo, como ese que es palpa, vive y goza en la primera Noche de Navidad.
También es ciento que entre el dulce sopor de la Noche que no sabe dormir, y como entre sueños, me pregunto ¿por qué la sociedad mexicana se ha desinteresado del toreo convirtiéndose ahora en su enemiga atroz?
Tal vez porque la dejaron dormir en una noche tan larga que, cuando bosteza con amenazas de despertar, vuelve a caer en el sopor que perdió el calor de la primera Noche.

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