24 julio, 2021

“CAGANCHO”, EL CABALLO QUE AMA LOS TOROS.

«CAGANCHO» ha hecho historia. El rejoneador lo compró a precio de saldo y pronto descubrió una facultad única en el equino: instintivamente coloca al toro a la distancia justa, Pablo Hermoso de Mendoza nunca olvidara el viaje que hizo en 1990, a Portugal, para debutar en el país lusitano. Era un joven torero a caballo que iniciaba su andadura. Fue a Portugal para torear en una plaza portátil en un festejo que no llegó a celebrarse por culpa de la lluvia. Se acercó a la casa de Brito Páez, un jinete portugués, para ver si había algo que mereciera la pena. Allí, en la cuadras estaba Cagancho, todavía joven con apenas cuatro años. Cagancho había llegado hasta allí como consecuencia de un regalo que recibió Brito por haber enseñado a montar a caballo a Ana

«CAGANCHO» ha hecho historia. El rejoneador lo compró a precio de saldo y pronto descubrió una facultad única en el equino: instintivamente coloca al toro a la distancia justa, Pablo Hermoso de Mendoza nunca olvidara el viaje que hizo en 1990, a Portugal, para debutar en el país lusitano. Era un joven torero a caballo que iniciaba su andadura. Fue a Portugal para torear en una plaza portátil en un festejo que no llegó a celebrarse por culpa de la lluvia. Se acercó a la casa de Brito Páez, un jinete portugués, para ver si había algo que mereciera la pena. Allí, en la cuadras estaba Cagancho, todavía joven con apenas cuatro años. Cagancho había llegado hasta allí como consecuencia de un regalo que recibió Brito por haber enseñado a montar a caballo a Ana Batista, más tarde rejoneadora.
Pablo vio todos los caballos de la cuadra. Cagancho no era el más vistoso, pero tenía buenos orígenes. Preguntó su precio y le pareció barato, unos 1.700 euros. Era hijo de un caballo prestigioso, Nilo, y hermano de otros caballos toreros muy reconocidos. De todos los que tenía allí Brito Páez, ese caballo cuatralbo era el único que entraba dentro de sus posibilidades económicas. Así llegó a manos de Pablo este lusitano de hechuras poco toreras, no muy alto, que con el tiempo llegaría a ser el más famoso del mundo del rejoneo.
Hermoso de Mendoza se lo llevó y le puso el nombre con el que pasará a la historia. Su cuadra no era todavía muy lujosa, pero quería que todos sus equinos tuvieran por nombre el de alguna celebridad del toreo. A este castaño oscuro traído de Portugal le pondría Cagancho, en recuerdo del genial torero gitano Joaquín Rodríguez.
El rejoneador navarro se llevó a Estella a su nuevo caballo y se percató pronto de que era muy pesado de movimientos, le faltaban flexibilidad y velocidad. En la temporada de 1991 comienza a salir en algunas plazas en el último tercio de la lidia, cuando ya se supone que el cansancio del toro permite que el caballo sea menos veloz. El caballo no se muestra a gusto en la cara de los toros. La lidia en esos momentos exige llegar muy cerca. Cagancho no destaca e incluso comienza a tropezar más de la cuenta con las reses.
«Estaba casi seguro de que me había equivocado. Lo retiré de las plazas después de una tarde desafortunada en Egea de los Caballeros (Zaragoza). Al final de ese año de 1991 lo saqué un día para poner un par de banderillas largas. Mi sorpresa fue que le puse en un sitio distinto, frente al toro y más cerca, y el caballo denotaba que estaba más alegre y seguro. El caballo era otro distinto y empezó a mejorar», recuerda.
A partir de esa temporada y mucho más con la llegada de 1992, Cagancho se transforma. El caballo gana virtudes cada día y desarrolla el galope a dos pistas de costado con una elegancia que le convierte en la estrella que se conoce. «Las carreras a dos pistas se pueden enseñar a todos los caballos a base de doma, pero Cagancho tiene una condición diferente, porque templa a los toros mucho y muestra esa punta de reacción cuando está en peligro porque un toro se acerca demasiado. Es como una máquina diseñada para llevar a los toros a una distancia justa y nunca se aumenta o disminuye. Ese temple es lo que le ha dado fama».
Fue en Pamplona, temporada 1992, cuando sale un toro muy difícil y Pablo Hermoso se percata de que tiene en sus manos un verdadero talismán. Resuelve la papeleta con valor y facilidad y su propietario queda convencido de la clase de animal que ha llegado a sus manos. «Su progresión fue enorme, hasta el punto de que por entonces ya lo hacía todo. Me permitía hacer toda la lidia, lo que ocurre es que eso no se hace porque no lo soportarían. Por entonces, los buenos aficionados empiezan a hablar de Cagancho, pero fue en una corrida en 1993, en Colmenar Viejo (Madrid), y luego en un toro que maté en Zaragoza cuando todo el mundo se hizo eco de sus virtudes y la gente comenzó a conocerlo por su nombre».
Han sido 11 temporadas de comunión perfecta entre jinete y caballo. Desde 1991, ambos han paseado juntos por el mundo logrando éxitos de clamor. Pablo no es capaz de destacar unas cuantas tardes, «aunque es verdad que la mañana del rabo en Sevilla el día 25 de abril de 1999 no se me podrá olvidar nunca».
A raíz de la explosión de Cagancho, los rejoneadores comenzaron a buscar en su familia a algunos equinos con sus mismas condiciones. El propio Hermoso de Mendoza ha tenido hasta ocho hermanos, «y los ha habido muy buenos, como Gallo, Chicuelo, Danubio. Han desarrollado algunas de sus cualidades pero no todas».
La conjunción entre caballo y caballero es muy fuerte, «hasta el punto de que a Cagancho no lo ha montado nadie desde que está conmigo, salvo mi mujer. No sé qué podría ocurrir si otro lo monta para torear. Es verdad que a mí me conoce y que muchas veces se adelanta a mis órdenes, algo que al principio me llamaba mucho la atención, aunque ahora ya lo conozco y sé que él siempre sabe lo que tiene que hacer».
Se va Cagancho y deja a Pablo Hermoso en la cumbre del rejoneo. Nadie pone en duda que el caballero de Estella está destinado a ser una figura de época, pero también es cierto que el encuentro con este caballo ha precipitado las cosas. Conforman una pareja única. Cagancho ha ido dejando paso a otros equinos, incluso muchas tardes no ha salido a las plazas, aunque ello no gustaba a los públicos, que siempre querían ver a ese corcel de andares cansinos, como si saliera triste, pero que se transformaba en la cara del toro para escribir páginas de toreo ecuestre que no se podrán olvidar.
D.N.I. DE UN FUERA DE SERIE.
1.- Raza: lusitano, hierro Veiga (Lisboa). Hijo de Nilo y una yegua no registrada que murió poco después del parto, era propiedad de Brito Páez.
2. Edad: 16 años. Hermoso de Mendoza lo compró cuando tenía seis años.
3. Color: castaño oscuro. Cuatralbo (las cuatro patas blancas). Crines y cola muy desarrollados.
4. Peso: entre 420 y 425 kilos, ya sea temporada o tiempo de descanso. 5. Altura: 1,60 metros a la cruz.
6. Musculación: se caracteriza por su desarrollo posterior, que está por encima de la media.
7. Cogidas: cinco, tres de ellas graves en el anca derecha. Ha toreado 12 temporadas, unas 700 corridas.
8. Hijos: 50 potros, entre machos y hembras. Lleva cinco años padreando. Cagancho no está en venta, pero uno similar costaría 500.000 euros.

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