24 julio, 2021

LOS PUYAZOS DE SERGIO.

Hoy que ha fenecido un año menos de la existencia y ha nacido otro que se acumulará como resta en la vida del todo, se ve la suma taurina dejada atrás y al frente del paisaje, como horizonte, rayos de expectativas que generan la nueva esperanza de mejores acontecimientos. De sustancia opulenta; de contenido suntuoso.
El amor de los aficionados, el verdadero, no muere, permanece muy a pesar de lo sufrido y de lo que va en cardinal contrario a lo deseado. La fiesta, por su grandeza, sigue siendo cautivante.

Hoy que ha fenecido un año menos de la existencia y ha nacido otro que se acumulará como resta en la vida del todo, se ve la suma taurina dejada atrás y al frente del paisaje, como horizonte, rayos de expectativas que generan la nueva esperanza de mejores acontecimientos. De sustancia opulenta; de contenido suntuoso.
El amor de los aficionados, el verdadero, no muere, permanece muy a pesar de lo sufrido y de lo que va en cardinal contrario a lo deseado. La fiesta, por su grandeza, sigue siendo cautivante.
Pero si los que componen el espectáculo taurino abren un episodio lleno de los mejores augurios, nadie se ha atrevido a pedirle a la fiesta perdón por las ofensas hechas durante el 2011 y aún en muchos años anteriores. Para ese acto noble, el de pedir perdón, se necesita mucho valor.
Y creo que es ya hora de que se haga un acto de contrición y se confiese lo pecado. Luego se firme el propósito de enmienda.
Perdón por los empresarios que el 2011 no consideraron la fiesta como una herencia opulenta en tradiciones y cultura, e indolentes extendieron propuestas absurdas, carentes de atractivo, sin la macicez suficiente para, en buen son, ayudar a evolucionar y engranar en la consolidación a los buenos toreros mexicanos que se van retrasando y aplomando en el pasado de los olvidos.
Perdón por los “ganaderos” que, amachados en satisfacer caprichos personales, minimizaron al toro, convirtiéndolo, según las exigencias de las comodidades de coletas extranjeros que poco dan ya al país taurinamente, en un animal desbravado, sumiso, débil, engrasado, y que no emociona, mucho menos genera la sensación de peligro, indispensable para que la fiesta conserve uno de sus distintivos.
Perdón por los monopolios inoperantes, veleidosos y egoístas que no producen choques positivos de competencia leal que genere bullicio en la fiesta y éste a su vez figuras de arrastre y pasiones.
Perdón por los “cronistas” que altamente traicioneros a la causa de la grandeza real de la fiesta, mintieron deliberadamente, se prostituyeron por un intercambio mercantilista y hueco ponderando lo mediocre y omitiendo lo grandioso. Perdón porque lejos de engendrar crítica, abrir polémica, forjar criterios, con la falsa bandera del “pro positivismo” dañan más a la fiesta, desorientan a l público y ofenden el intelecto de la afición.
Perdón por los toreros peninsulares que en su actitud acomodaticia pasaron por los ruedos llevando una cauda de tedio, ventajas, engaños y medios esfuerzos y cobraron con billetes grandes sus actuaciones exiguas en sustancia ante becerros inofensivos e hicieron de su paso por América –léase México- unas vacaciones sobre pagadas a costa de la buena fe de los que todavía tienen fe en un espectáculo agónico.
Perdón porque el sector taurino no ha sabido, o no ha querido, formar toreros de exportación. Perdón porque los jóvenes valores, conscientes de ello, se han visto en la difícil obligación de emigrar a Europa para fraguar su oficio y escribir sus nombres en el libro internacional.
Perdón por las mafias que han contaminado hasta provocar tumores graves que serán muy difíciles de extirpar.
Perdón porque el gobierno ya desechó la fiesta de la hoja de sus prioridades culturales y la entregó completamente a esos sectores taurómacos que no tiene como primera intención conservarla en buen estado, sino por el contrario, disminuirla más hasta quizás desaparecerla.
Perdón por los novilleros indolentes que sin pasión por el toro toman la profesión como un estatus para dimensionar sus banales aspiraciones.
Perdón por todas las ofensas; perdón por no saber aquilatar cual es el verdadero precio cultural del toro y su órbita.

Deja un comentario