ALCALDE VALIENTE, TORERO COBARDE.

Había compuesto la Comisión de Fiestas un cartel de lujo a la Feria de San Miguel: el sábado 1 de octubre de 1927, “El Niño de la Palma”, Félix Rodríguez y Vicente Barrera despacharían en el coso de San Nicasio seis toros del conde de Santa Coloma. Ahí era nada.
El caso es que la madrugada del 28 de septiembre se desencajona las reses, mezcla de Saltillo y Parladé, y muchos aficionados asisten al acto. El día 29, La Provincia señala que “el Conde ha mandado seis hermosos ejemplares, de excelente presentación, con muchas carnes y buenas herramientas, que han de dar bastante juego”. Y aquí se acabó lo bueno, porque las cosas se torcieron, y mucho, para la corrida grande de la Feria.
No debían ser los toros tan grandes ni tan buenos, o el vino hizo que los aficionados los vieran de otro modo, de noche ya se sabe cómo son los gatos. El caso es que en la crónica del 3 de octubre se dice que los toros fueron desiguales, “unos grandes, otros pequeños, unos de desarrolladísimos pitones, otros mal presentados y casi sin cuernos, unos gordos y con poder, otros flacos, de fea lámina”. Bravos parece que salieron casi todos y, ya abiertos en canal, pesaron unos mil quinientos kilos. El periodista se ríe al ver en lo que quedó tan fiera corrida y la compara con la de Concha y Sierra que por aquellas fechas toreó Belmonte en Salamanca. Pero tan fieros parecieron los toros, que las dos principales figuras se cayeron del cartel.
Cómo y cuándo se cayó el “Niño de la Palma” lo desconocemos. Pero sabemos que Vicente Barrera presentó un parte médico, o lo engañaron diciéndole que los toros eran de aúpa o le tocó el lote de los gordos o era más miedoso que “Cagancho”. El caso es que el Ayuntamiento acude con los médicos del Hospital de Santiago a comprobar si el diestro realmente está enfermo y resulta que no, que lo que está es mentiroso. Mientras tanto, se ha cundido por las calles festivas de Úbeda el rumor de que Barrera no se las quiere ver con los de Santa Coloma y la actitud del diestro “fue motivo de gran escándalo y comentarios sabrosísimos sobre la falta de vergüenza torera del pollo valenciano”. Cuando los médicos confirman el engaño, el Alcalde, don Baltasar Lara, “con arrestos, energía y decisión”, ordena que Barrera quede detenido en la habitación de la fonda, evitando así la burla: para salir tuvo que pagar la nada despreciable cantidad de mil pesetas. Lo sustituyó el cordobés “Zurito”. En lugar del “Niño de la Palma” toreó “Rayito”.
La corrida transcurrió sin pena ni gloria, pero ha dejado una enseñanza: la de que no es nuevo que las figuras del toreo elijan y apañen sus toros y se nieguen a torear cuando no les convencen. Lástima que hoy no haya autoridades como aquel alcalde que detengan a los toreros que se ríen de los públicos.

Deja un comentario