24 julio, 2021

LOS PUYAZOS DE SERGIO.

La campaña grande 2011-2012 en el coso de la “Ciudad de los Deportes” se ha entroncado con su referencia ecuatorial. Once funciones se han derramado con distintos matices en aquel nimbo, foro arenoso otrora lisa plataforma de gloriosos hechos.

La campaña grande 2011-2012 en el coso de la “Ciudad de los Deportes” se ha entroncado con su referencia ecuatorial. Once funciones se han derramado con distintos matices en aquel nimbo, foro arenoso otrora lisa plataforma de gloriosos hechos.
La corrida de aniversario es una de las más conocidas y populares efemérides del año taurino (5/02/1946, “El Soldado”, Manolete y Procuna con seis de San Mateo) y durante la dictadura de la empresa actual que “administra” el gigantesco edificio, esa fecha se consolidó en el gusto de público y aficionados y es, acaso, la única tarde en que se cubre la totalidad del aforo del coso.
Por cierta considerable serie de tales corridas de cumpleaños, uno de los protagonistas fue el valenciano Enrique Ponce, quien vino a lucirse sin esfuerzo, según arraigada costumbre ventajista, toreando confortablemente novillos grandotes, bien cebados y por adición descastados. Lo bravo hace sudar, y el de Chiva venía a “disfrutar” el toreo. A no despeinarse.
De cualquier modo, en la fecha estelar se programan diestros importantes, figuras, vamos, más que nada internacionales, que alternan con los jóvenes que en la temporada han surcado el paisaje taurómaco del socavón de Insurgentes con entrega, afición y virtudes lidiadoras.
Es el caso, juzgado en paralelas circunstancias con el denominador del ganado disminuido, de Arturo Saldívar, el espada novel que en la corrida que hizo obertura al ciclo en corriente, cuajó a uno de los toretes obesos que remitió desde Aguascalientes el titular de San Isidro. Aquel sumiso animal pasó abobado siguiendo la traza que el jalisciense le marcó cuanto quiso con su muleta, teniendo el basamento de su bien absorbida preparación profesional en círculos de una Iberia rígida, franca, dueña y cuidadora de una fiesta que sabe, es un verdadero patrimonio y no solo folklore.
Sin embargo el “sanisidro” aquel que fue arrastrado sin rabo, salió de extra en la función; Saldívar lo obsequió adicionado su ánimo por la insatisfacción que tenía consigo mismo, muy a pesar de que a uno de los de su lote lo había desorejado limpiamente.
Arturo, según la norma establecida, anunció el obsequio en su oportuno momento; el asunto estaba ya organizado y solo se esperaría que la corrida, en su parte ordinaria, concluyera. Pero surgió una sombra de envidia y se interpuso un antojo de la empresa: “El que la res que pagó Saldívar le fuera cedida por éste a otro espada joven, Diego Silveti”; a lo que el de Jalisco, haciendo válidos sus derechos, temperamento y carácter, no transigió. No tenía motivos, ni morales ni éticos, para complacer semejante absurdo. Ahí fue en donde hasta recordatorios maternales surgieron de parte de Rafael Herrerías en contra del coletudo adoptado por Aguascalientes, quien no intimidado ni mermado su ánimo por la altisonancia de lo desprendido de la lengua de aquel, se desgajó de la tronera del burladero de matadores y recibió al de San Isidro para torearle plácidamente, con trasparencia técnica, plástica, estética y dominio como de quien trae en el palmarés el oficio que da el afrontar en plazas españolas importantes al verdadero toro. Su pieza ha sido hasta la aparición de esta planilla, la mejor forjada en lo que va de campaña en el gigantesco edificio de la Noche Buena.
Luego del éxito escrito de Saldívar, el día de la conmemoración de la Revolución Mexicana, fue a presentarse el joven diestro aguascalentense Juan Pablo Sánchez, y a la vez a ratificar su alternativa. El excelente y prometedor torero, con valor sereno y temple como básicas virtudes, camina a la sombra del galo Sebastián Castella, y éste, en cosos mexicanos, no se verá con otro ganado que no esté quemado con las figuras ganaderas de Teófilo Gómez o Bernaldo de Quiros, quizás alguna tarde con Mimiahuapam y/o Begoña, y la función a referencia tenían que imponerse por vicio, jamás por honra, toretes de Javier Bernaldo. Vale más decantarse por un proyecto precautorio con la mansedumbre que exponer y arriesgar con la bravura, pese a que parte de la naturaleza de la fiesta sea eso: ¡el peligro latente!
Juan Pablo se halló en el nimbo ante su segundo, un animal insulso al que solo le faltaba un arado atrás; la res esta pasó bobeando y el de Aguas, sobrado de sitio, le hizo un trasteo de nota aprobatoria, en el que hubo un vaivenear acompasado y muletazos de muy buen gusto además de lentos –Efecto físico con el que los cómplices de la mafia confunden el temple-. Lamentablemente Juan Pablo nunca entró a la suerte y pinchó al bovino, perdiendo quizás las orejas. Entonces por esta vez sigue siendo mejor y más completo el trasteo de Saldívar.
También Silveti hizo lo suyo teniendo en el círculo otro animal de obsequio al que le interpretó momentos excelentes pero al que jamás cuajó. Ya en otra fecha.
Empero los cronistas en prensa, radio y televisión ponderan demasiado las faenas de Sánchez y Silveti mientras olvidan, deliberadamente, la de Saldívar. La actitud de tacañear méritos al diestro es clara. Parece que se trata de una conspiración para que este buen diestro no esté en la “corrida de la empresa”.

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