23 julio, 2021

LOS PUYAZOS DE SERGIO.

Fin y principio, clausura y apertura. Es como dan desahogo a la campaña taurina internacional en el sur del nuevo continente.

Cali y Manizales, ciudades colombianas, tienen en sus respectivos mapas urbanos unas plazas importantes. Ambas son capaces de albergar en sus amplios escaños a 17,000 espectadores. En su sitio geográfico, Quito, Ecuador, presume un edificio taurómaco tan vasto como para que quepan 16,000 personas.

Fin y principio, clausura y apertura. Es como dan desahogo a la campaña taurina internacional en el sur del nuevo continente.

Cali y Manizales, ciudades colombianas, tienen en sus respectivos mapas urbanos unas plazas importantes. Ambas son capaces de albergar en sus amplios escaños a 17,000 espectadores. En su sitio geográfico, Quito, Ecuador, presume un edificio taurómaco tan vasto como para que quepan 16,000 personas.

Manizales comenzó su feria taurina en la década de los cincuentas, y fue el éxito obtenido tan jugoso que impulsó a que Cali también trazara un proyecto para su propia feria, el cual obtuvo excelente recompensa que no demoró en compactarse.

La serie de Manizales en su versión recién saldada presentó cinco corridas y algunos festejos de distinto rango como fue un festival y la novillada. El mayor triunfador entre los matadores fue Luis Bolívar, uno de los buenos candidatos a empuñar el trono como más importante figura americana –gracias a Dios los aztecas despertaron y le están estrechando la vía-, quien en dos tardes pudo acumular en su espuerta estadística cuatro apéndices y un indulto. Así hizo valer legítimamente su condición de local. Con diferente contabilidad también caminaron sobre el circular trazo del tercio con trofeos empuñados, el centauro navarro Pablo Hermoso de Mendoza y los lidiadores de a pie El Cid, El Juli y el galo Sebastián Castella.

Poca variedad de hierros se ven quemados en las pieles de los encierros jugados; como en cada edición, predominaron básicamente dos criaderos: Ernesto Gutiérrez y Dosgutiérrez. El juicio hacia éstos, ya promediado, se balanceó sobre el flanco positivo así de presencia como de comportamiento. Ambas casas ganaderas mantienen sus respectivos nombres en buenos pedestales, lo que de algún modo justifica su retorno en cada feria, caso en contraparte superlativa a como sucede en México, que ganaderías que en las ferias adormecen por su mansedumbre y firman petardos de antología, a contentillo de los involucrados en la compacta mafia, son impuestas absurdamente y en rotor contrario al crecimiento y dinámica de la fiesta.

La circulación de la afición en el coso resultó de cuatro entradas de tres cuartos, una media y un lleno, es decir, aceptable promedio que da el total de un porcentaje aproximado de los tres cuartos de entrada; más alto de lo que cualquier feria de México obtiene.

Cali, entre tanto, ofreció una serie de seis corridas y una novillada. Ahí se aposentó en el polín de mayor triunfador entre los novilleros el tlaxcalteca Sergio Flores, y entre los matadores nuevamente Luis Bolívar seguido muy cerca del peninsular Miguel Abellán. Igualmente pasaron en clave exitosa el rejoneador Pablo Hermoso de Mendoza y los de a pie Iván Fandiño, Paco Peralza y Ramiro Cadena.

Hasta allá fue a dar otro encierro de Ernesto Gutiérrez y acabalaron la demanda de ganado explotaciones como Fuentelapeña, La Carolina, Salento –con honores- y otras. En apreciación global solo hubo un hierro que mandó reses justas de presencia, el resto marcó los aires con sus diáfanas buenas crianzas y en lidia se observó la variedad, dominando lo encastado.

La voluntad de adquisición de billetes de acceso dio para que se observaran en el graderío cinco entradas de tres cuartos, una de media, una de un cuarto y un lleno absoluto. Los totales arrojaron cifras aproximadas a las que arrojó el ciclo de Manizales.

Quito, mancha urbana ecuatoriana, igualmente dio a realidad su serie decembrina de Jesús del Gran Poder en la cual hubo siete funciones. Ahí se observó una afluencia de clientes oscilante entre los tres cuartos y las medias. Las tercias se combinaron con varios espadas de segunda consideración oriundos de la madre patria, con Ponce como única figura, el francés Castella, algunos locales y hasta un mexicano, Diego Silveti, que triunfó y fue su quehacer destarado con tres orejas obtenidas de un par de toros genuinos, con trapío y muy bien socorridas perchas.

Ahí están tres ferias que, si bien, hispanizadas y huérfanas de un identificativo meramente nacional, importantes. Esa importancia y categoría que da la presencia rotunda del toro legítimo, no la del apócrifo, el desfile de figuras y toreros importantes y que como feliz fin da el resultado de productos atractivos y vendibles, se proyecta en la buena venta de boletos que hacen posible no solo el sostenimiento de la fiesta sino la realidad de utilidades líquidas para quienes se responsabilizan de la parte empresarial.

Mientras tanto en Aguascalientes se sufre la mitomanía colectiva y se autoproclama que se tiene la feria más importante de América.

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