31 julio, 2021

LA OPINION DE RAMÓN FRANCISCO ÁVILA RIVERA, “YIYO”.

Periodistas que derraman tinta cobrada más no dorada, como textos rimbombantes mal leídos para que se escuchen bonitos sin algo que decir. Ahora que es demasiado tarde entran al quite de lo indefendible en una fiesta brava, que pasó de fiesta a pachanga, de brava a mansa y de negocio a trinquete. Esto es algo que no se puede aguantar.

El maestro Rafael de Paula dijo que “el soplo era el soplo” o el duende pa´torear, incluso hasta el pellizco si acaso hablamos de lo más puro en el toreo: lo natural, que salta de la inspiración, sin temer al miedo, mucho menos al qué dirán.

Dejémonos de posturas y al Toro.

Periodistas que derraman tinta cobrada más no dorada, como textos rimbombantes mal leídos para que se escuchen bonitos sin algo que decir. Ahora que es demasiado tarde entran al quite de lo indefendible en una fiesta brava, que pasó de fiesta a pachanga, de brava a mansa y de negocio a trinquete. Esto es algo que no se puede aguantar.

El maestro Rafael de Paula dijo que “el soplo era el soplo” o el duende pa´torear, incluso hasta el pellizco si acaso hablamos de lo más puro en el toreo: lo natural, que salta de la inspiración, sin temer al miedo, mucho menos al qué dirán.

Dejémonos de posturas y al Toro.

Hemos perdido de vista al Rey del espectáculo, el toro. Sí, tan sencilla la palabra que incluye cuatro años, puntas intactas, peso según reglamento de cada plaza y trapío que llega por añadidura, como dijo El Paula, por el soplo. En Jerez se torea como se es… En México como lo que es.

Nos dejaron la nuestra mini fiestecita del señor rico con plazas arrumbadas, encaladas y, en el mejor de los casos, hasta pintadas. Ganado bravo dicen, para no decir toros hasta que se demuestre lo contrario en examen veterinario con equipos de precisión llamados postmortem que definan edad y, de existir, manipulación de astas, defensas se llaman mejor. Piden se compruebe lo que no tendría que admitir prueba alguna en contrario, la palabra y la seriedad.

Los encargados de hacer rendir los dineros son gerentes amafiados con la autoridad y su juez de plaza, que pasa lo que le dicen las figuras a quien paga el supuesto empresario, ese que dice comprar de buena fe al ganadero.

El ganadero, otrora señor, apela a la sequía de sus potreros y la cruda de bravura pues no saben ya por donde van sus reses, mucho menos sus líneas de bravura confundidas con boyantía u obediencia al embestir. Imagina a un toro obediente que haya “dejado” a Belmonte cargar la suerte o a Joselito ir a su suerte en Talavera.

Del veedor, personaje de la fauna taurina, éste ni ve, ni oye, ni entiende. A éste solo le manda el apoderado a pasearse a los potreros para ver que acomoda a su torero y, una vez reseñado, el torito al peluquero. Muchas veces con conciencia del ganadero y si no, en el viaje, “¡Bolas, don Cuco!” que el camión se descompuso y a llamar al que lo va a arreglar.

Al camión, no sea Usted mal pensado que no acertará. ¿A poco creía que a los toros?

Las figuras extranjeras viento en popa van con la inventiva al costa de chotillos, que se dejan hasta reposar para la fotografía del recuerdo de su creación. Enrique con su poncina, Sebastián con la castellina, Alejandro con su talavantina, Julián con las lopecinas, etcétera.

El toro dónde queda. Ahora que lo veo no lo creo.

Si viviera José Alfredo Jiménez, ahora así estuviera en condiciones de decir que la vida en León, Guanajuato, no vale nada, al igual que la fiesta de becerradas de San Alberto, San Teófilo y San Bernaldo, que van para santitos y con bonitos novillitos, motivantes para los viajantes de sueños de gloria por España en primavera o verano.

Porque en el invierno de México se tienta de luces y a los de tierras aztecas con arco y flecha alineados, por la derecha si no, no torean. Pena por los nuevos valores de la baraja torera mexicana, que al igual que otras generaciones viven de la coba de aduladores que van solo por el dinero de la entrevista y la publicación editorial, que van por el chayote, para que de toro a toro el joven ya se convirtió en maestro y, de tarde en tarde, de figura a mandón.

“Caballo Negro” donde está la defensa con Manolo Sanlúcar, “Entre Dos Aguas” con Paco de Lucía o “Leyendas del Tiempo” con Camarón. Guitarra y cante, como Triana a Belmonte, Sevilla y su duende, Paula y Jerez, Curro y su romero, Manolete con su Lupe, Tomás y “Navegante”, Sabina y sus 19 días, sus 500 noches con su joven aprendiz, Morante con su Puebla y… la verdad sin mentiras.

Perdón por el atrevimiento buena suerte y hasta la próxima… Lejos de la mediocridad cerca del miedo, cuando sabes que hay una verdad y no se atreven a decirla mucho menos a escucharla por eso luego nos dicen enemigos de la Fiesta que ya terminó en pachanga.

yiyoartista9@hotmail.com

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