5 agosto, 2021

ABURRIDO ENTRENAMIENTO PÚBLICO AYER EN LA MÉXICO.

El enrome edificio taurómaco del DF, como la mayoría de los cosos de la geografía nacional, está convertido en espacio de entrenamiento de las figuras peninsulares.

Ayer por la lluviosa tarde se cumplió con la corrida número trece, que lamentablemente cumplió su cabalístico perfil en la persona de Juan Pablo Sánchez al ser herido por su primero, el cual casi le atravesó el muslo izquierdo.

Fernando de la Mora, sin ética, sin honor, sin moral y prostituyéndose a favor de los deseos de los actuantes, mandó de sus serviles potreros a seis reses sin trapío con las cuales se hubieran completado tres yuntas de arado o carruaje.

El enrome edificio taurómaco del DF, como la mayoría de los cosos de la geografía nacional, está convertido en espacio de entrenamiento de las figuras peninsulares.

Ayer por la lluviosa tarde se cumplió con la corrida número trece, que lamentablemente cumplió su cabalístico perfil en la persona de Juan Pablo Sánchez al ser herido por su primero, el cual casi le atravesó el muslo izquierdo.

Fernando de la Mora, sin ética, sin honor, sin moral y prostituyéndose a favor de los deseos de los actuantes, mandó de sus serviles potreros a seis reses sin trapío con las cuales se hubieran completado tres yuntas de arado o carruaje.

Lo visto en los cuadrúpedos no fue descastamiento, fue domesticidad intolerable que bien pueden tomar los antitaurinos como arma para alegar que la fiesta carece de valores pero está sobrada de abusos en contra de animales inofensivos.

Caminaron en el paseíllo “El Zotoluco”, palmas y silencio, Julián López, “El Juli”, palmas, división, pitos en el que mató por Juan Pablo y pitos de despedida, y Juan Pablo Sánchez.

Las gradas de la plaza de la “Ciudad de los Deportes” no se llenaron. Ya ni “El Juli” la llena, por lo menos en esta función no las llenó; lo que es más, tal vez ni los numerados se completaron. Como que el público presentía el fraude y/o el simulacro de espectáculo que se daría, o se está guardando para las funciones de aniversario.

Soltado el primer casi toro, El Zotoluco hizo de utilidad a su favor la docilidad borreguna que manifestara y puso de acuerdo a la mayoría con un grupo de pases sobre ambos flancos, tan suaves que hicieron de aquello algo muy tierno; como un entendimiento agradable y sin dramas que le hubiese granjeado un apéndice si no se hayan aparecido dos pinchazos antes de la estocada caída y delantera.

Con voluntad pero con ciertos apuros resolvió el quehacer con la tela grande al recibir al cuarto; luego perdió el interés por forjar la faena que ese rumiante, por la docilidad y buen estilo, pedía. Como villano hizo valer sus bien aprendidos vicios, dejó pasar el momento bueno del de La Mora haciéndolo ver mal, lo que con razón hizo enojar a muchos. Para mantener la consonancia de su convencional intervención, pinchó y posteriormente dejó un efectivo golletazo.

Y salió el jovenazo segundo, cuya mansedumbre casi truncó la posibilidad de ver la estupenda capacidad capotera de “El Juli”, que no la muletera, aprobada de hacendosa y terca. El ungulado ese no habría sido ni de carreta porque para doblez de lo inepto le faltó también fuerza; empero el extranjero, sin sudar, como dividendos del uso que hizo de su sitio, le hurtó un partido imposible que valía una oreja, trofeo que no llegó a su mano por los pinchazos que precedieron al buen espadazo.

Con ramo de formidables lances e inmejorable media a brazos muertos, carentes sin embargo de emoción, saludó al quinto. Ese sentimiento lo asesinó la mansedumbre y así también sofocó una faena que se redujo solamente a amago. En un momento se exhibió, absurdamente, malo y grosero, cuando un sector de la clientela le recriminaba la falta de emoción, encarándose hasta el tendido, como si no haya sido gran parte de su culpa la imposición de los desbravados pupilos de don Fernando. En nueva versión pinchó para después dejar un espadazo caído y trasero.

Del que mató por Juan Pablo será mejor no hablar. Daba la impresión de que habría sido más factible que le hubiera dado un cariñoso beso a que le agrediera. Así, con petardo, por sus caprichos feminoides, pagó el de Madrid junto con la afición sufrida, el hacer un esfuerzo sin provecho

Juan Pablo Sánchez posee temperamento y temple no solo en su muleta, sino en su joven carácter. Con tranquilidad pasmosa inició el trasteo del tercero; y cuando apenas empezaba a enseñar el diáfano temple con que apoya los pases, “de la nada” le llegó la cornada en la parte inferior del muslo siniestro. El cuerno del bovino encontró en su paso la carne fresca del aguascalentense quien pese a que escurría abundante sangre, permaneció en el foro tratando de cuajar la faena. Sus muecas de dolor eran evidentes; tenía la herida profunda. Luego se tiró a matar y yéndose en falso fue nuevamente zarandeado, afortunadamente ya sin consecuencias.

Fue conducido a la enfermería de donde ya no retornó.

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