5 agosto, 2021

SOBERBIA TARDE DE “CLAVELLERO”.

Esto fue; “Clavellero, No. 151 de 485 kilos se adueñó de la tarde en la Plaza México durante la primera función de aniversario, XIV corrida de la campaña.

Los señores de la dehesa de Barralva ejemplificaron lo que es vender un encierro variado de verdad en tipo y cuajo, no obstante salió a proteger la honra de la divisa aquel castaño oscuro, albardado, ojo de perdiz y rebarbo quinto de la lidia ordinaria. Amén de que todos recargaron cuando la faena de varas –de modos brutales y emocionantes el primero-.

Esto fue; “Clavellero, No. 151 de 485 kilos se adueñó de la tarde en la Plaza México durante la primera función de aniversario, XIV corrida de la campaña.

Los señores de la dehesa de Barralva ejemplificaron lo que es vender un encierro variado de verdad en tipo y cuajo, no obstante salió a proteger la honra de la divisa aquel castaño oscuro, albardado, ojo de perdiz y rebarbo quinto de la lidia ordinaria. Amén de que todos recargaron cuando la faena de varas –de modos brutales y emocionantes el primero-.

Para levantar el telón soltaron un ejemplar demasiado justo de presencia llegado de lo que quedó de los potreros, antes extensos, de La Punta.

La mujer hermosa duplica sus encantos a caballo; como que adquiere en truco arcano el rango de binomio mítico y celestial.

La bella amazona lusitana Ana Batista (pitos tras matar de bajonazo) practicó un rejoneo educado y atento con los mandatos de la ortodoxia, empero común y corriente frente a lo que los nuevos revolucionarios del “Arte de Marialva” han construido.

Después, breves pero intensos fueron los lances templados y abiertos por el flanco siniestro de Alejandro Talavante (palmas tras pinchazo hondo atravesado, caído y pasado, vuelta al ruedo tras pinchazo, estocada delantera y un descabello y oreja tras excelente estocada), quien no dobló la capa hasta figurar emocionantes chicuelinas abelmontadas y el respectivo remate. Pero con la sarga en las manos, el extranjero no sostuvo el temple durante la duración de un trasteo que quedó en detalles. Sí que enseñó redaños, pero permitió que le maltratara la roja tela el par de facas de un toro que entero y franco pasó y que no supo descifrar cabalmente.

Después presumió arrogante el son musical y el sentido del arte que domina con la capa cuando lanceó al cuarto. Posteriormente dijo en su hacer muletero de un toreo templado, armónico y bello para lo que se hizo cómplice del noble pero nada encastado bovino de Barralva al que variadamente, advirtiendo su inofensividad, se pasó por donde quiso.

Como extra regaló al reserva, un torillo descastado y tardo ante el que hizo las cosas tranquilas y bonitas que no pudo-quiso hacer con su primero.

Mejores fueron las chicuelinas que las verónicas de la bienvenida al modo de Joselito Adame (silencio tras dos pinchazos y tres cuartos caídos y tendidos, salida al tercio tras dos pinchazos y descabello y cálidas palmas tras pinchazo, pinchazo hondo y descabello en el de obsequio), y que si algo despegado el tercer par de banderillas, los dos primeros se le observaron simétricos en ejecución y colocación.

Con visible técnica correcta, bien pudo después resolver a un toro que casi de inicio, al ver la muleta, sintió al de brocados y no admitió faena lucida.

E irrumpió en legítima soberbia el quinto de lidia ordinaria; un torazo, el mejor que va de la campaña… ¡un toro!… simplemente un toro, así o mejor, hasta allá o acá, que de una vez por todas humilló la falsa e insulsa idea de quienes sostienen que el toro mexicano es el mejor del mundo.

Aquello fue el acabose. Poderoso, cuajado, noble y bravo, con ancestral energía atacó al peto y luego a los avíos embistió, sobre todo por el lado diestro, largamente y con inmejorable estilo. El de Aguascalientes lo acogió gallardamente, con dinamismo y vistosidad en una serie de zapopinas; luego le clavó decorosamente las banderillas y le presentó la muleta haciéndole diligencias decorosas y muy interesantes, sin embargo el público, impresionado y no acostumbrado a ver bureles tan completos en su ser y hacer, tomó partida por él hasta definitivamente casi reprochar todo al joven espada. Las palmas fueron abundantes y merecidas cuando le arrastraban al desolladero.

Siguió la fórmula aburrida del regalo y pese a que estuvo decoroso ante él, nada pudo remontar de mención.

Pueden salir toros menos buenos, buenos, superiores o superiores-superiorísimos, el caso real es que “El Payo” (silencio tras pinchazo y estocada delantera y pitos tras buena estocada) tiene extraviado su interior y el sentido del toreo y cada tarde, como el humo que no se logra sujetar con nada, la Madre Tauromaquia Mexicana va perdiendo la posibilidad de ver en realidad a este rubio que fuera excelente prospecto.

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