5 agosto, 2021

ANTONIO LOMELÍN, DIÁFANO PROSPECTO, VISITARÁ LA SAN MARCOS.

El cielo interpuso vestiduras discretas; entoldó a la Atenas de Jalisco y envolvió al “Coloso de los Altos” en una atmósfera fantasiosa.

Era el pasado domingo 5 de febrero y se anunciaba en el lienzo charro Santa María de Lagos de Moreno un festejo mixto.

El cielo interpuso vestiduras discretas; entoldó a la Atenas de Jalisco y envolvió al “Coloso de los Altos” en una atmósfera fantasiosa.

Era el pasado domingo 5 de febrero y se anunciaba en el lienzo charro Santa María de Lagos de Moreno un festejo mixto.

En un extraño callejón que hace ocasiones de patio de cuadrillas, penetró cuando el reloj apuraba media hora para que se iniciara la función. Caminó lentamente, se paró en la cercanía siniestra de un muro aladrillado y bajó su rostro. Aquella mirada estaba encajada físicamente en el piso encementado pero su mente, se adivinaba, estaba reconcentrada en el sí mismo.

Era Antonio Lomelín, vástago de aquel valiente torero de sangre mexicana que se inscribiera en las importantes hojas de la tauromaquia setentera y ochentera y que, como no, triunfara también en el coso más severo del atlas, La Monumental de Madrid.

Nada parecía que interrumpiera su meditación, solo el instante en que, imaginariamente, se escuchó sobre el viento la orden de desatar el paseíllo.

Y soltaron un sardo salinero de Chinampas; novillo cuajado, noble y de excelente estilo, aunque mal dotado de energía. Y delante se plantó el joven de seda y brocados e hizo el toreo con gusto refinado, dejando claro el estilo de clase que posee y también el valor más que necesario para pararse en donde se necesite.

Capotes y muletas, las hace ondular suave, mandona y artísticamente. Siempre concentrado con el toreo, impresionó gratamente a los aficionados. Y si acaso su padre se distinguió como uno de los mejores estoqueadores de los últimos tiempos, por esta vez fue traicionado y pinchó, perdiendo la fortuna de pasear una oreja.

Y salió el segundo de su lote, un cárdeno de pelo, también fuerte, con más fuerza y claridad en sus embestidas; ahí surgió otra vez el toreo de manufactura cara, así con el percal como con la sarga. No fue accidente lo anterior. Tenemos otro real prospecto para enriquecer, primero, las resecas filas novilleriles aztecas.

Acabado el festejo dijo al que la nota firma, algo apenado por los pinchos: -Iré a Aguascalientes a la plaza San Marcos a la temporada antes de la feria.

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