1 agosto, 2021

EL GRAN GALIMATÍAS DE LAS FIGURAS.

Mientras se atisba el año más decisivo por la brutal crisis que sacude a la sociedad española, empresas y figuras se enredan en un extraño debate en el que nadie dice con claridad sus pretensiones.

El G-10 asegura que se tergiversa su mensaje y que han empezado a airearse cifras para reducir el debate al dinero.

José Tomás se mantiene fuera de la polémica; él ya fue traicionado por muchos de sus compañeros en su momento.

Mientras se atisba el año más decisivo por la brutal crisis que sacude a la sociedad española, empresas y figuras se enredan en un extraño debate en el que nadie dice con claridad sus pretensiones.

El G-10 asegura que se tergiversa su mensaje y que han empezado a airearse cifras para reducir el debate al dinero.

José Tomás se mantiene fuera de la polémica; él ya fue traicionado por muchos de sus compañeros en su momento.

El toreo sigue sumido en su particular marejada de credibilidad absoluta. En plena crisis económica, el llamado G-10 de los las figuras (Enrique Ponce, Morante de la Puebla, César Jiménez, Julián López ‘El Juli’, David Fandila, ‘El Fandi’, José María Manzanares, Manuel Jesús Cid, Miguel Ángel Perera, Cayetano Rivera y Alejandro Talavante) plantea una batalla por sus derechos de imagen. Una reclamación histórica en la que no hace muchos años, dos de los que forman parte ahora este grupo -Ponce y El Juli- trazaron una alianza para dejar solo en su pelea a José Tomás, que fue uno de los pocos toreros del escalafón (junto a Joselito y Luis Francisco Esplá) que plantó cara al sistema de contratación impuesto por las empresas y las plataformas televisivas. Aquello les costó muy caro y el que peor lo pasó fue Esplá, al que le quitaron, incluso, de ferias como las de Madrid. Ahora, estas figuras se unen dejando fuera al resto del escalafón, y plantean una batalla en la que vuelan los comunicados, las ideas de crear una fundación entre todos los toreros para custodiar el toreo y plantear las negociaciones en bloque. Algo raro, toreen los que toreen en cada una de estas ferias, las empresas parece que tienen que pagar en bloque. En un comunicado emitido por los propios diestros del G-10 tras quedarse fuera de las fallas matadores como Morante o El Juli (que no están apoderados por las empresas) dicen que «pretendemos que al torero se le reconozca el derecho a defender y gestionar su imagen. Más aún cuando el vehículo audiovisual es el canal fundamental para establecer puentes con una sociedad que se aleja del fenómeno taurino. No es, por tanto, una cuestión de dinero», argumentan.

Y van más allá: «Queremos responsabilizarnos de nuestros derechos de imagen para conseguir una mejor y mayor difusión. Apostamos por un regreso a las cadenas generalistas y reivindicamos un tratamiento informativo más regular y constructivo». El G-10 asegura por activa y por pasiva que «no hemos reclamado un euro de más a las televisiones. Somos conscientes de la crisis y nos hemos resentido de ella. Por eso insistimos en que la prioridad no está en el dinero, sino en el respeto». Y rematan la obra con esta petición: «¿Los números? Nos parece sensato que los toreros se repartan el 50% de los ingresos de la televisión. No hablamos del G10, sino del porcentaje que debería corresponder a los diestros en cada festejo. Nuestra sería la parte proporcional en función de las actuaciones. Esa, y no otra, ha sido la línea con que ASM ha planteado las negociaciones».

Les preocupa el futuro.
Este grupo de toreros explica que «tan preocupados estamos con la situación de la Fiesta que hemos acordado entre nosotros la creación de una Fundación para reivindicarla y defenderla en su dimensión cultural, sociológica y educativa. De hecho, vamos a financiarla precisamente con el dinero recaudado que nos depare los eventuales derechos audiovisuales. Nos preocupa la promoción y el impacto en el público joven. Nos inquieta la situación de las enfermerías de muchas plazas y la precariedad con que se jubilan muchos toreros. Nos escandaliza que los toros se utilicen como bandera política y nos indigna que la Fiesta termine siendo un espectáculo prohibido como en Barcelona o edulcorado como en Quito».

Pero si el lío no es lo suficientemente pequeño, la empresa encargada de gestionar los derechos de imagen de estas figuras, explicó así el modelo de contratación: «Nunca hemos impuesto a diez toreros. Hemos planteado un paquete audiovisual de un máximo de diez puestos, de forma que quedaba a su arbitrio escogerlos, combinarlos o excluirlos. Era una oferta perfectamente sensata. Primero porque los diez puestos respondían al criterio con que él mismo había hecho las ferias anteriores. Y en segundo lugar porque garantizaba a los aficionados y a Canal Plus la presencia de las grandes figuras y por lo tanto, un contenido Premium que garantiza una mayor difusión y audiencia».

Las preguntas son evidentes: ¿Es una cuestión de dinero o de alianza entre figuras para no contar con el resto de compañeros del escalafón?

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