29 julio, 2021

LA MENTIRA EN EL TOREO SI BIEN ES CIERTO QUE NIEGA LA VERDAD, TAMBIEN ES VERDAD QUE ES MENTIRA.

ARRASTRE LENTO… La plaza México ¿verdad o mentira?

La sesentona plaza México si bien asombra por su imponente dimensión estructural, en lo relativo al perfil normativo a los ojos de los aficionados serios se empequeñece en tan tosca proporción que su altura no rebasa a la de un plato vacío. ¿Habíase visto un gigante enano?

El lamento no es delirante. Es verdad que para muchos aficionados no existe equilibrio armónico entre la jerarquía, el prestigio, y la realidad del coso que lamentablemente viene escandalizando a la llamada clientela purista del toreo mexicano.

ARRASTRE LENTO… La plaza México ¿verdad o mentira?

La sesentona plaza México si bien asombra por su imponente dimensión estructural, en lo relativo al perfil normativo a los ojos de los aficionados serios se empequeñece en tan tosca proporción que su altura no rebasa a la de un plato vacío. ¿Habíase visto un gigante enano?

El lamento no es delirante. Es verdad que para muchos aficionados no existe equilibrio armónico entre la jerarquía, el prestigio, y la realidad del coso que lamentablemente viene escandalizando a la llamada clientela purista del toreo mexicano.

Los aficionados viejos con aturdida resignación han subordinado de inferior a superior a otras plazas que han desplazado a la que sobresale por su colosal tamaño, no así por la frágil e inconsistente seriedad normativa en la cual se sustenta.

Cierto es que cuando se alude al tópico se tiene la sensación de andar sobre senderos retorcidos y resbaladizos toda vez que son vaguedades e imprecisiones encima de las cuales se transita en el ámbito de las ideas. No puedo ocultar que en estos tiempos, cuando se dialoga al respecto de la gran plaza metropolitana, se habla de una imagen, cual aurora polar pasajera, de mentiras.

El afectado prestigio de la plaza, pese a continuar siendo la que en términos reales y coloquiales “da y quita”, ya no da la impresión de ser una verdad centellante como lo es un incendio auroral, ni tampoco propicia la idea de ser un sol regenerado y rehecho de sus propios fuegos. Con pena se llega a la conclusión de que en muy diversas circunstancias y condiciones no es un modelo de perfección en cuanto a rangos de seriedad, dignidad y categoría.

Para bien del prestigio de la afición mexicana, la que tiene por estandarte de su nombradía a la plazota, no puede dejar de ser un monumento –consagrado por la legitimidad- donde se concreten la categoría y la dignidad profesional. El coso, inaugurado a ritmo de aceleración el 5 de febrero de 1946, no debe ser una plaza de “mentira”. La mentira, si bien es cierto que niega la verdad, también es verdad que es mentira.

¡San Pedro bendito líbrame de no escribir barrabasadas ni locuras! Y cuídame los ojos para no perder la vista con las lágrimas por la emoción vertidas.

El que no es de “mentiras” es don Julián López “El Juli”. Algo me dice que el domingo pasado, en el altar de la plaza México, don Julián vivió la experiencia de la proximidad con Dios. ¡Así me lo dio a entender!

Al lector le parecerá barrabasada o locura que así lo crea y escriba.

Empero la algarabía de los capitalistas, atentos al ruedo, en íntima transmisión con el trance frenético que vivía el torero, y entusiasmados hasta el efervescente delirio, me obligó a suponer lo –la barrabasada o locura- toda vez que también el cielo celebró con lágrimas de emoción las gráciles maniobras del madrileño, singular portento que por méritos propios está a un tris de su santificación taurina. “El Juli” sabía que estaba, pues así se sentía, en la gloria: ¡Así me lo dio a entender!

El regocijo del diestro en oración, realizando sendos trasteos en piadosa devoción, me hizo comprender que la proximidad con Dios no es una idea tan lejana como el fulgor de una estrella sino que, por el contrario, su cercanía es algo tan concreto, tan asible, al par que tan atractivo, que el torero se entregó en cuerpo y alma al gozo celestial. Puesto que todo brillaba, adiviné que el corazón de “El Juli” se sintió tan lleno de luz que contradijo al ateo que afirma que Dios es para los ciegos.”El Juli” sabía que estaba en la gloria. ¡Así me lo dio a entender!

arrastrelento@gmail.com

Deja un comentario