24 julio, 2021

LOS POLITICOS AUDACES Y ASTUTOS LE TOMAN EL PULSO AL “PUEBLO” SOCIEDAD EN LAS PLAZAS DE TOROS.

ARRASTRE LENTO… Hay individuos, muy especialmente cuando acuden a los tendidos de una plaza de toros, cuya personalidad se dimensiona con luminosa efervescencia. Llaman la atención del “pueblo”, que así, más por costumbre que por adjudicación peyorativa, se le llama al conglomerado expectante que se reúne en el graderío del recinto toricida.

ARRASTRE LENTO… Hay individuos, muy especialmente cuando acuden a los tendidos de una plaza de toros, cuya personalidad se dimensiona con luminosa efervescencia. Llaman la atención del “pueblo”, que así, más por costumbre que por adjudicación peyorativa, se le llama al conglomerado expectante que se reúne en el graderío del recinto toricida.

Quienes en tales ocasiones suelen distinguirse son los políticos. No es ninguna novedad que hay políticos que, al margen de su afición al toro, merecen decidida admiración. Estos no son por cierto los que con visceral pasión, enfundada en fingida cordialidad y aparente nobleza, construyen una plataforma sobre la que su imagen y personalidad pueda ser idolatrada. De ese tamaño es su narcisista ambición.

Los políticos admirables son los que obran, operando con discreción, en sentido contrario a la corriente de esa casta a la que el “pueblo”, el que conoce a Dios ¡sin haberlo visto!, y siente al diablo en sus entrañas cuando el hambre le cose las tripas que, parasitarias, se adhieren a la piel como cartulina de misericordia, les reprocha entre burlonas amonestaciones los vanos idealismos de relumbrón.

Así las cosas, resulta normal que los tendidos de las plazas de toros sea el escenario donde el político siente la dulce y en ocasiones ardiente caricia del afecto popular, o bien se congela con el frío del hielo del desprecio o la indiferencia colectiva.

Lo cierto es que resulta por demás curioso ver el comportamiento del “pueblo” –la clientela- en una plaza de toros cuando están en ellas políticos que llamen la atención. Y es que el “pueblo” no acaba de entender cómo es posible que los políticos, por fortuna no todos, luchan con ardoroso denuedo por establecer condiciones donde la pobreza sea desterrada, y la justicia venerada, si, a la postre, desligados de las necesidades que laceran a la sociedad en su conjunto, se comprueba, por los resultados, que fue prioritario su muy particular beneficio.

Y es el “pueblo” anémico, el que no puede comer porque la sopa de letras, lo único que, con la esperanza de enseñarse a leer, alcanza a comprar con el salario de risa que devenga, herido de muerte, toma venganza muy a su estilo en la plaza de toros. Y es el rencor, secretamente adormecido en el alma de la sociedad, el que, como revancha, toma la palabra. Y lo hace a plenitud en los lugares públicos en los que, como en una plaza de toros, se le otorga generosamente la voz al cónclave.

Las cosas en Aguascalientes son muy diferentes a las que se escenifican en la tosca plataforma en la cual bailotea prosaicamente la burda politiquería. Y aunque aquí todavía brilla la cortesía popular en las dos plazas de toros, no deja de ser elocuente el tono y timbre de la inconformidad social que se delata en la voz del “pueblo”.

Aquí, cuando el reproche se expresa, tiene el sano perfil de la neutralidad estrictamente anecdótica. Aquí han existido, y existen, políticos que se les admira, se les respeta, y hasta se les estima. Ante ellos se ha dejado sentir el redoble gigantesco del aplauso, semejante a la lluvia del granizo que, alba, ensordece su alma.

Queda claro que en el cónclave democrático de las plazas de toros palpita el corazón de la sociedad “pueblo”. Como claro es que hay políticos astutos que no van a los tendidos de las plazas porque carecen de escudos para protegerse de las ruidosas ofensas.

Son los políticos sagaces y astutos quienes, al margen de su afición al toreo, y según la concepción filosofal de Ortega y Gasset, se hacen presentes en la plaza “para ver cómo van las cosas”. Este modo de tomarle el pulso a la sociedad, cual si fuera asunto de toreros –tomar al toro por los cuernos- es de políticos valientes. Como Carlos Lozano de la Torre.

arrastrelento@gmail.com

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