5 agosto, 2021

LOS PUYAZOS DE SERGIO.

Que la Madre Tauromaquia Mexicana tiene actualmente en las tardes un racimo fabuloso de espadas con aptitudes tales para titularse como figuras mundiales, es un hecho blindado contra refutaciones.

Lo que genera indignación y el peligro que hay de perderlos, es que el sistema está ciego, y con una indolencia potente desaíra, en posición de Malinche, a las esperanzas propias y mejor se dedica a exportar matadores a los que ofrecen estrellas y perlas como muestra de su herencia ancestral del vasallaje, en vez de plantear una competencia cabal entre caballeros, interponiendo para ello al toro genuino y no al apócrifo que apetecen esas nombradas figuras.

Que la Madre Tauromaquia Mexicana tiene actualmente en las tardes un racimo fabuloso de espadas con aptitudes tales para titularse como figuras mundiales, es un hecho blindado contra refutaciones.

Lo que genera indignación y el peligro que hay de perderlos, es que el sistema está ciego, y con una indolencia potente desaíra, en posición de Malinche, a las esperanzas propias y mejor se dedica a exportar matadores a los que ofrecen estrellas y perlas como muestra de su herencia ancestral del vasallaje, en vez de plantear una competencia cabal entre caballeros, interponiendo para ello al toro genuino y no al apócrifo que apetecen esas nombradas figuras.

Ahí está, entre un granel, Fermín Spínola, diestro que se niega a quedar en las filas de lo ordinario.

Durante la corrida décimo sexta de la campaña grande del coso de las antiguas ladrilleras, el diestro firmó una foja de sensaciones fabulosas que en mejor medida entendieron los aficionados.

Ni discutir el valor del rabo ante el obsequio de Los Encinos, lo sustancioso fue otra cosa muy ajena a ese trofeo de cerdas.

De los alambrados tlaxcaltecas de La Soledad llegaron cuatro ejemplares más bien con características de deshechos, sin embargo ello no obstó para que constara que el segundo de la tarde se comportó de modos malditos. Enjuto de carnes, humilde en trapío, si que traía por enfrente un par de facas para dañar. E iba, fue y se movió en embestidas rasposas, meneando la testa en cada una, como para encontrar en su trayecto lo que fuera. Fuerte tequila y no empalagoso licor. Había que soportarle todo para sobreponerse y dominarle, y el coletudo, compacto de alma y cuerpo toreros, aguantó enterrándose sobre sus pedestales de seda y oro. Como si en cada trance “quemara sus naves” se entregó entero.

Hubo episodios de angustia y en cada uno la lógica respuesta de la emoción.

Poco a poco, lentamente aquel vendaval oscuro y desordenado se fue apaciguando hasta convertirse en olas lentas y suaves; los calamocheos se hicieron acometidas hasta de aceptable estilo; y ahí llegó la parte artística en pases nítidos, extensos e intensos y de excelente fin, rematados, vamos, cuando ondulaban los encajes del engaño marcando el término del natural o el derechazo.

¡Qué torero estuvo en verdad! Lamentablemente averió su meritorio quehacer con la toledana, pero ello no borró lo anteriormente cristalizado con las telas.
Spínola es recio, seco, de escasa o muy escondida expresión artística, sin embargo en él se observan las valiosas formas del toreo sustancial. Por sus planteamientos acerados se le puede tasar en alta calificación. Lo exhibido en la Monumental del DF lo venía apuntando ya de atrás, cuando en el escenario circular de la plaza más importante del planeta, La Monumental de Las Ventas del Espíritu Santo de Madrid, hizo frente al severo compromiso en la corrida de la hispanidad del pasado año. Del departamento de toriles, aquella función, dieron libres a seis torazos imponentes de Aldeanueva; y el azteca se plantó como hombre, desdobló sus avíos y los recorrió para entregar dos piezas toreras de mucha importancia. Uno de los bureles de su lote fue bravo, noble y de excelente estilo, y aprovechando semejantes cualidades hasta artístico se dio, transparentando aquella escuela llamada “mexicana”, y que tiene como basamento central el sentimiento mismo y que toma entidad en el temple y la impresión de que el cuerpo del intérprete se va a dislocar y a deshacer de pasiones –Silverio, El Callao, El Ranchero, El Pana, etcétera.

Pero hay estilos diversos en el toreo; quien pueda paladear la mayoría de ellos, será mejor aficionado. Y en contrapartida con el perfil de Spínola, se observó a un José Mauricio refinado, desnudando su exquisito gusto. Este joven, ya reencontrado con su interior, puede ser un torero tan fino como el mejor de donde sea.

Si en anteriores versiones había ofrecido ciertos desencuentros, como desvaríos de un trastorno anímico personal, el domingo se vio centrado, atento con el toreo e hizo degustar lo sedoso que tiene la tauromaquia en muchos detalles formidables, con sustancia y estética.

Ejemplificando la fidelidad a su concepto, jamás, bajo ninguna circunstancia descarrilándose del trazo de la clase, principalmente fundamenta su hacer a compás abierto, adelantando la pierna de la salida, cargando la suerte y acompañando con delicado giro de cintura así las suertes de capa como las de muleta. Entonces ahí es donde toma profundidad el lance o pase.

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