5 agosto, 2021

VAMOS HOMBRE, QUE EL TOREO TAMBIÉN ES CULTURA, Y LA ÓPERA CARMEN UNA SUNTUOSA DELICIA.

ARRASTRE LENTO… ¿Qué se puede decir de la ópera Carmen que no se haya dicho ya? Ópera en realizada en cuatro actos, tomados ellos del libreto de la novela homónima de Próspero Merimée es para disfrutarla involucrándose en su trama y sentido musical. Coros, voces de primer nivel, y una sinfónica que es envidia de otras latitudes son los depositarios de tan magnífica composición lírica.

ARRASTRE LENTO… ¿Qué se puede decir de la ópera Carmen que no se haya dicho ya? Ópera en realizada en cuatro actos, tomados ellos del libreto de la novela homónima de Próspero Merimée es para disfrutarla involucrándose en su trama y sentido musical. Coros, voces de primer nivel, y una sinfónica que es envidia de otras latitudes son los depositarios de tan magnífica composición lírica.

La perspectiva del escenario no puede sino proyectar al espectador al ambiente que tanto se identifica con la magia del toreo. Gitanos, Sevilla, contrabandistas, mujeres y tabernas. De ellos de desprende, al menos sugestivamente, el rudo y tosco aroma del tabaco que recubre cual ensoñación a la esplendente hermosura de la mujer, víctima mortal de su hosca independencia y libertad.

“El amor es una pajarillo que nadie puede enjaular”.

Y es en ese ambiente, en el que también se dibujan los perfiles de la Sierra de Despeñaperros, y descrita la trama en enjundiosa orquestación, en el que giran con agresiva hostilidad la pasión, el amor, los celos, el romance, la belleza, la bestialidad, la sangre y, finalmente, la muerte.

Claro, no podía faltar el torerillo –Escamillo- que, consentido y aclamado como un héroe, da vida a la triste historia de una mujer –Carmen- que, indómita y rebelde, pierde la vida en manos de quien, antes –José- habiendo sido su enamorado, por celos la fulmina hundiendo su cuchillo en la infortunada, en tanto el torero triunfa clamorosamente en la plaza reina de Sevilla.

En tal ambiente festivo, de intenso colorido cromático propio del toreo español, en el que se hace sentir el drama en creciente tensión, se gozan los acontecimientos que se suceden de modo precipitado y frenético ante el asombro de los espectadores.

Espectadores que podrán relajarse hasta donde les sea posible cuando vean en el ruedo la lidia de un toro que, viviendo el rol de Escamillo, Arturo Macías en la primer función, y Fabián Barba en la segunda, diestros de afiligranadas hechuras capaces de conceder los suficientes elementos con los cuales se convalidan la estrechísima relación que existe en el folclor netamente español y el toreo, ello pese a que los acordes y las melodías tienen aires musicales, según lo apuntan los conocedores, netamente franceses.

Total, me da la impresión de ser vano el intento de intentar persuadir al amable lector para que acuda hoy viernes a los tendidos del coso San Marcos y se emocione con brutal intensidad admirando esta extraordinaria puesta en escena, si cree que nada tiene de paralelismo el toreo y la vida española tal y cual la narra el autor de la novela Carmen.

Finalmente me queda claro que por íntima relación cultural todo aquel que se precie de ser taurino, si en verdad lo es, no puede dejar pasar esta oportunidad para adentrarse en el maravilloso mundo sinfónico y operístico.

Por lo demás, la nombradía torera de Aguascalientes va en aires de “creciendo” toda vez que los toreros de la tierra siguen cosechando sonoros y clamorosos triunfos, pues tales han sido las sorprendentes actuaciones de José Guadalupe Adame en México, Juan Pablo Sánchez y Arturo Saldívar en Jalos, Fabián Barba y Arturo Macías en Guadalajara.

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