28 julio, 2021

TOROS CELEBRES.

Los tiempos más pretéritos del arte de Cúchares son los más dados a las historias legendarias. Y desde luego que en la época en la que los caballos no llevaban peto las estadísticas sobre número de varas y caballos muertos no tienen fin. Eran también tiempos de experimentación, con combates, que podríamos denominar como “felinianos”, entre el rey de las dehesas y tigres o elefantes. Sirva el siguiente escrito, extractado de la inagotable fuente del Cossío, como ejemplo de una época irrepetible en modos y maneras.

Arbolario: Era un toro de don Carlos López Navarro, de Colmenar Viejo, lidiado en Vitoria el 2 de agosto de 1885. El animal saltó al tendido y salió a la calle por la puerta de los toreros que en ese momento se encontraba abierta. Allí

Los tiempos más pretéritos del arte de Cúchares son los más dados a las historias legendarias. Y desde luego que en la época en la que los caballos no llevaban peto las estadísticas sobre número de varas y caballos muertos no tienen fin. Eran también tiempos de experimentación, con combates, que podríamos denominar como “felinianos”, entre el rey de las dehesas y tigres o elefantes. Sirva el siguiente escrito, extractado de la inagotable fuente del Cossío, como ejemplo de una época irrepetible en modos y maneras.

Arbolario: Era un toro de don Carlos López Navarro, de Colmenar Viejo, lidiado en Vitoria el 2 de agosto de 1885. El animal saltó al tendido y salió a la calle por la puerta de los toreros que en ese momento se encontraba abierta. Allí fue donde le dieron muerte a tiros.

Bailador: Esto es parte de la carta que Lagartijo y los picadores de su cuadrilla dirigieron al ganadero Andrés Fontecilla a propósito de semejante animal: “… tomó veintiuna varas, y con decir que mató trece caballos es suficiente para comprender que no dejó nada que desear, pues es toro que no puede olvidarse con facilidad… Que críe usted muchos y que podamos torearlos”. Bailador se lidió el 29 de agosto de 1883 en la plaza de Linares, y era hijo de un semental de la ganadería de Miura.

Baratero: Toro de don Manuel García Puente y López, lidiado en Madrid el 29 de octubre de 1882, que tiene la marca de haber saltado ocho veces al callejón. Ha sido uno de los cornúpetas más difíciles de llevar desde la dehesa hasta la plaza. Estuvo destinado para estoquearlo primero en Murcia, después en Madrid y luego en Burgos, escapándose desde Buitrago. Al final consiguieron encajonarlo y llevarlo en un carro hasta Madrid.

Barbudo: Es el toro que entró en la historia por haber matado al célebre torero de la época José Delgado “Pepe Hillo”. La leyenda cuenta que el matador, acompañado de varios amigos, se acercó hasta el lugar en el que se encontraban expuestos los astados. Uno de ellos se acercó hasta el lugar en el que estaba José Delgado, y dirigiéndose al mayoral de la vacada le dijo: “Tío Castuera, ese toro para mí”. Efectivamente, a él se le designó. Ese toro era Barbudo, que pocas horas después iba a ser el responsable de la muerte de “Pepe Hillo”.

Batallón: Lidiado en Vinaroz en el año 1880, fue el responsable de que el público presente en el festejo intentase destruir la plaza de toros. Batallón mató a todos los caballos que había en el coso. Ante la suspensión del espectáculo y las consecuencias que se podían derivar de esta decisión, los empresarios tuvieron que salir inmediatamente a buscar más monturas, pagando por ellas precios astronómicos.

Bolero: El 23 de marzo de 1865 luchó contra un elefante en la plaza de Madrid, y el quince de octubre de ese mismo año volteó sin consecuencias a “Lagartijo”. Otro toro con el mismo nombre arrancó en 1873 dieciséis metros de barrera de la plaza de Úbeda.

Cantarero: Otra furia de la naturaleza que ha pasado a los anales de la historia. Era un toro de la ganadería de don Vicente Romero, de Jerez de la Frontera, lidiado en la plaza del Puerto de Santamaría el 26 de julio de 1871, en una corrida de competencia entre esa ganadería y la de Miura. Tomó veintiocho varas y mató a nueve caballos.

Caramelo: Precisamente lo que no le dieron a este animal. Según las excentricidades de la época, este toro de la ganadería de Manuel Suárez Jiménez, de Coria del Río (Sevilla), se presentó por primera vez en Madrid el 15 de agosto de 1848 para luchar contra un león y un tigre. Encerraron a los tres en una jaula, y Caramelo salió triunfador. Por aquel entonces se convirtió en uno de los personajes sociales más famosos de la época.

Civilón: O un animal de compañía excepcional. En el campo se dejaba acariciar y le daban de comer en la mano. Parecía que ese carácter bonachón iba a desaparecer para siempre con su lidia en la plaza de Barcelona en la primavera de 1936. Cuando más dura era la lucha contra el picador, el mayoral de la ganadería de don Juan Cobaleda, de Campocerrado (Salamanca), llamó a Civilón y éste se dejó acariciar. El público, testigo de este hecho inusual, pidió su indulto, cosa que se concedió también con el permiso del matador Luis Gómez “El Estudiante”.

Chaparro: Pequeño, pero matón. Toro de don Romualdo Jiménez y Beltrán, lidiado en Jaén el 15 de agosto de 1896. Tan ágil de movimientos que en los dos primeros tercios volteó sin consecuencias graves a cuatro banderilleros. Cogió al torero Montes cuando lo estaba toreando con la muleta. Mató dos caballos, y revolcó a cuantos toreros se le aproximaron, en vista de lo cual fue devuelto a los corrales, donde se acabó con su vida de un tiro.

Finito: Toro de don José Antonio Adalid, que se escapó en el apartado del día 4 de mayo de 1878 y persiguió con saña a Frascuelo. Éste se metió con el caballo que montaba en el río Jarama, pero Finito lo alcanzó, hirió su caballo e hizo que el matador tomara un baño de forma obligada. Frascuelo estoqueó doce días después a Finito en Madrid.

Miranda: Pertenecía a la ganadería del duque de Veragua, y fue el último astado que se lidió en la plaza de Madrid derribada en 1874.

Pamado: También se le podría llamar “el toro atleta”. La plaza de Madrid vio la tarde del doce de octubre de 1882 como este toro saltó la barrera catorce veces, dos de ellas detrás del banderillero Galindo, y lo intentó nueve veces más.
Fuente: Club Taurino de Pamplona.

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