24 julio, 2021

“EL PRECIO DE LA GRANDEZA ES LA RESPONSABILIDAD”… CHURCHILL.

OLIVENZA VIO el retorno a los ruedos de Juan José Padilla hace solo unas pocas horas, los asistentes vieron a un hombre con el rostro marcado con cicatrices y cubriendo un parche el lado izquierdo para ocultar que un ejemplar de Ana Romero le dejó sin el ojo de ese lado, por eso mismo es que al conocer que en la tarde de su regreso a los ruedos ha cortado un apéndice a cada uno de sus enemigos, es que…

OLIVENZA VIO el retorno a los ruedos de Juan José Padilla hace solo unas pocas horas, los asistentes vieron a un hombre con el rostro marcado con cicatrices y cubriendo un parche el lado izquierdo para ocultar que un ejemplar de Ana Romero le dejó sin el ojo de ese lado, por eso mismo es que al conocer que en la tarde de su regreso a los ruedos ha cortado un apéndice a cada uno de sus enemigos, es que…

ESTOY ENFRASCADO en la búsqueda de alguna frase que describa el acto que le conocimos a Juan José Padilla, el espada jerezano que ayer, regresando a los ruedos, literalmente le ha guiñado un ojo a la muerte, misma que le coqueteó y no pudo llevarse su cuerpo al más allá, su alma, esencia y energía le ganaron la pelea a quien llegó tarde por esta ocasión.

ALGUN ORIENTAL dijo… “Las grandes almas tienen voluntades; las débiles tan solo deseos”… John F. Kennedy decía que… “La grandeza de un hombre está en relación directa a la evidencia de su fuerza moral”… “Nada grande se ha hecho en el mundo sin una gran pasión”, mencionó el señor Friedrich Hegel.

CREO FIRMEMENTE que solo con estas cuatro expresiones he encontrado mi husmeo, son suficientes pero desde luego que la mejor, la que pinta de cuerpo entero al espada de largas patillas fue su actitud regresando a los ruedos sin su ojo izquierdo, consecuencia de la delicada, dolorosa y grave cornada sufrida apenas el pasado 7 de octubre en la plaza de Zaragoza por el de Ana Romero al salir y resbalar de un par de banderillas.

DECIA EL parte firmado por el doctor Carlos Val-Carreres, cirujano en jefe de la plaza de toros aragonesa el día del percance… “Grave traumatismo cráneo facial por lesión en el aparato auditivo y el ojo izquierdo. Pronóstico muy grave. Se le aplica sedación profunda y entubado para respiración traqueal y es trasladado al hospital Miguel Servet”.

SI BIEN es verdad que han existido toreros que dejan escuela por su técnica, por sus formas de interpretar su tauromaquia, por su clase, por su carisma, e inclusive hasta por su manera de vestir, es indudable que Padilla desde el pasado domingo será un prototipo de vergüenza y amor a su profesión. Por cierto.

LE PREGUNTARON en cierta ocasión que cual era el mejor consejo que le habían dado y esto respondió… “Estoy seguro de que me han dado muchos, quizá tenga que destacar los que me ha dado mi padre que para mí ha sido una persona muy exigente, que siempre ha estado muy encima de mí, ayudándome muchísimo en lo profesional y en lo personal. Y entre sus consejos, destacaría el de que nunca me arrepintiera en el hotel de lo que tendría que haber hecho en la plaza. Cuando llegamos al hotel y nos quitamos la chaquetilla, no podemos decir tendría que haber hecho en la plaza esto o aquello. Siempre que estoy en la plaza, antes de empezar una faena, me acuerdo de esas palabras de mi padre e intento seguirlas”. Ni duda queda pues que la cornada ya la ha digerido y ahora es parte de la historia, y “borrado” de su memoria.

ASÍ AL de patillas largas, especialista en corridas duras y en cocinar carrilleras al tinto, rabo de toro con col, pucheros y gazpacho, tratado ya por muchos medios de comunicación como un héroe, le espera una temporada interesante con encierros con encastes diferentes a los tan difíciles lidiados en el pasado, los que le llevaron a la popularidad, ahora, el cocinero familiar que personalmente va a los mercados de compras, se alista a escribir la segunda parte de una biografía llena de valor y honestidad, los difíciles momentos en el sanatorio son cosa de un pasado que no han quedado registrados en su cerebro, sea esto para bien de su familia, su guapa esposa Lidia, y sus pequeños hijos Paloma y Martín.

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