28 julio, 2021

GRAN TARDE DE SANTA FE DEL CAMPO.

¡Qué hermosa es la fiesta donde se funden ardientemente el oro, la seda, la sangre y el sol cuando en el redondel aparece ganado como el que remitió ayer al coso San Marcos el titular de la dehesa zacatecana de Santa Fe del Campo! Fueron seis novillos, que al centro de un espectáculo adicional como resultó el lleno en los escaños, ondularon soberbios los listones de la divisa encajada en jurisdicción de San Pedro Piedra Gorda.

Casta, nobleza y clase formaron un caudaloso venero que ahogó a dos de los alternantes quienes como para que se lamenten toda su vida, no pudieron cortar ni un apéndice. De seis, seis; merecidamente halagados con las palmas del respetable fueron arrastrados el segundo, cuarto y sexto. Tales reses merecían mínimo el arrast

¡Qué hermosa es la fiesta donde se funden ardientemente el oro, la seda, la sangre y el sol cuando en el redondel aparece ganado como el que remitió ayer al coso San Marcos el titular de la dehesa zacatecana de Santa Fe del Campo! Fueron seis novillos, que al centro de un espectáculo adicional como resultó el lleno en los escaños, ondularon soberbios los listones de la divisa encajada en jurisdicción de San Pedro Piedra Gorda.

Casta, nobleza y clase formaron un caudaloso venero que ahogó a dos de los alternantes quienes como para que se lamenten toda su vida, no pudieron cortar ni un apéndice. De seis, seis; merecidamente halagados con las palmas del respetable fueron arrastrados el segundo, cuarto y sexto. Tales reses merecían mínimo el arrastre lento, empero la autoridad para según ella no hacer ver mal a los chavales, no ordenó ningún honor. De plano alguien en el tendido gritó: “¡Que umpire tan gacho!”

Envueltos en deseables presagios ganaderos hicieron el paseíllo Michel Lagravere, hijo (Palmas tras pinchazo y estocada contraria y bronca luego de estocada delantera) jovencito que por acomodarse de punta contra la prensa local y el público, a quien mentó la madre, firmó su carta definitiva de despedida de esta localidad, el peninsular Luis Gerpe (Al tercio tras dos pinchazos y buena estocada, al tercio luego de un par de pinchos, media atravesada tendida y caída y seis descabellos y un aviso) y el aguascalentense Alejandro López (Pitos después de estocada caída, un pinchazo delantero, tres descabellos y un aviso y vuelta al ruedo por su cuenta tras medio espadazo).

Con fabuloso detalle Michel Lagravere cumplió capoteramente; más delgado físicamente y más real como aspirante a las glorias, y no conforme reveló un plausible quite por chicuelinas, superadas por firma abelmontada.

Instantes muleteros de verse… los hubo; eficaz técnicamente con claridad se le observó, sin embargo, por pegar pases y no torear, se achicó al tratar de cotejarse con un excelente bóvido, su primero.

Ya exigido por el cuajado bicorne, cuarto de la función que era aprovechable, y por el multicéfalo (En ese plano lo mal han configurado), no fue suficiente para satisfacer taurinamente. Sus ventajas le granjearon el repudio general.

Rápida y atronadora serie de verónicas irrumpieron en el foro de parte de Luis Gerpe, y sin dejar espacio entre su físico y el del ungulado, quitó según la herencia de chicuelo.

Ya pasado el último tercio radical metamorfosis experimentó. Arrastrado fue por aquel caudal de bravura, fijeza, clase y recorrido, representados en el cornicorto animal que mejor suerte merecía y al que solo le burló bien el joven en una serie derechista y deshilvanados pases loables.

Con mejor sentido de la modulación torera acomodó estéticamente un grupo de series por el flanco diestro, llenas de calidad y temple haciendo suyas la nobleza y calidad insuperables del quinto tresañero.

Regaló uno, este pastado en los agostaderos de Rosas Viejas; novillo complejo, tosco, sin clase y tardo al que con pases compactos y mandones ganó la contienda.

Como tercero liberaron a otro ejemplar dotado de virtudes como son la claridad y la nobleza. Para dar presunta solución apareció el joven local Alejandro López, pero huérfano de sitio y sin la menor torería ello no fue, ni será posible. Ingrata descalibración exhibió en todo momento.

¡Ejemplar de bandera ese sexto! Genuino broche de oro al soberbio paso de Santa Fe del Campo por la arena hidrocálida. Inauguraba su embestida aquí y la remataba lejos, muy lejos, hasta allá; siempre atento a la pésima ondulación de las muletas, su testa casi araba la arena dimensionando una bravura y una nobleza que pocas, muy pocas ocasiones se puede paladear a rango de éxtasis. Sin la mínima idea de lo que es el trazo, el sentido y la geometría del toreo, el sano joven de Aguascalientes quizás deba meditar muy en serio si podrá continuar en este calvario que significa la profesión del lidiador de reses bravas.

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