20 octubre, 2021

“GRANDEZA” Y GRANO, REALIDAD INOBJETABLE DE AGUASCALIENTES EN EL CONTEXTO DEL TOREO UNIVERSAL

ARRASTRE LENTO… En tanto el país, agobiado hasta el tormento por los infernales estragos de una sequía catastrófica, la Fiesta de toros en Aguascalientes goza con celestial alivio de los beneficios de las claras corrientes de ríos que, inundando con la frescura del paraíso primaveral de donde emanan, surcan generosos la tierra en la que abunda con pródiga magnificencia el asombroso brote de retoños que pronto, y gracias a los cuidados con que se les mima, se convertirán en árboles tan frondosos y fecundos que su sombra cubrirá, renovándolo, el árido terraplén que hoy crujiente se rasga y destroza de tristeza.

ARRASTRE LENTO… En tanto el país, agobiado hasta el tormento por los infernales estragos de una sequía catastrófica, la Fiesta de toros en Aguascalientes goza con celestial alivio de los beneficios de las claras corrientes de ríos que, inundando con la frescura del paraíso primaveral de donde emanan, surcan generosos la tierra en la que abunda con pródiga magnificencia el asombroso brote de retoños que pronto, y gracias a los cuidados con que se les mima, se convertirán en árboles tan frondosos y fecundos que su sombra cubrirá, renovándolo, el árido terraplén que hoy crujiente se rasga y destroza de tristeza.

Lo cierto es que las campanas echadas a vuelo repican con jubiloso estremecimiento la potencial riqueza de los aires y aromas de la torería local. Con la algarabía de los bronces, unas a otras se comunican el feliz nacimiento de becerristas y novilleros con pasta de estrellas. El bullicio del campanario no tiene punto de reposo toda vez que, apenas el domingo pasado, el regocijo de los badajos festejó el incuestionable triunfo de Fabián Barba, y la indomable actitud, merecedora de una oreja, de Víctor Mora en la plaza México.

Este -Víctor-, que en sus inicios parecía exponer su argumento torero replanteando la íntima naturaleza del más puro sentimiento litúrgico del toreo con sabor añejo, por absurdas y nocivas administraciones e influencias de quien nada tiene que hacer a su lado, parecía perderse. Hoy, después del domingo, toma fuerza la figura emblemática “del hijo pródigo”. Mora ha regresado a la casa paterna, ahí donde la reconciliación con el triunfo sabe a consuelo.

¿Cuál entonces es la realidad nutriente de Aguascalientes dentro del contexto del toreo nacional?

No encuentro el adjetivo que la califique y defina con precisión, certeza y objetividad. El adjetivo que le es propio no puede ser nada que no sea un elemento de su propia “grandeza”. La impresión que les causa –Aguascalientes- a los taurinos foráneos les deja muda y balbuceante su propia sensibilidad. ¡Así de “grande” es!

¿”Grande”? ¡Claro!

Ya lo comentaba con mi compadre saboreando la fresca ingesta de los líquidos cafeteros y o tabernarios que aclaran la garganta haciendo que la voz suene con limpieza y aseo: “Idiomáticamente, le decía a mi compadre, lo “grande” se asocia con el latín “granum”, lo cual equivale a grano, motivo por el cual me hace pensar que su legítima valencia surge cuando se valora el sentido nutritivo de ese grano que, cultivado con atención y esmero, empieza a dar el fruto deseado”.

De tal suerte que, lo escribo corroborando las corrientes de opinión de los taurinos, -le continuaba diciendo a mi compadre-, “Aguascalientes, convertido en granero –grano y “grandeza”- ha posicionado a México como el segundo país productor de la riqueza del toreo después de España”.

¡A lo “grande”! “Grande” los aires de torería de las nuevas camadas; “grandes” su actitud y disposición con la que asumen su vocación; “grande” el sentimiento con el que matizan sus obras de arte; “grande” su corazón; “grande” su ambición”; y “grande” es la emoción estética de quienes las contemplamos; “grande” la amalgama del movimiento, el ritmo y el color de la esplendente –milagrosa “grandeza”- de la Fiesta de toros.

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