17 septiembre, 2021

EFRÉN ROSALES O LAS ANSIAS DE NOVILLERO

Si algo deben tener los novilleros, es un mar de ansias por querer sobresalir; como un ardor por agradar con valentía, gusto y sentimiento.

Estas cualidades, entre otras, quedaron vaciadas generosamente en el ruedo del coso San Marcos de Aguascalientes por la persona de Efrén Rosales.

Si algo deben tener los novilleros, es un mar de ansias por querer sobresalir; como un ardor por agradar con valentía, gusto y sentimiento.

Estas cualidades, entre otras, quedaron vaciadas generosamente en el ruedo del coso San Marcos de Aguascalientes por la persona de Efrén Rosales.

Vendaval con rumbo, ruta y meta fue su actuación ayer durante la quinta novillada de la campaña que hace de aperitivo a la feria de San Marcos. Si aún con deficiencias técnicas –torea bien poco- su alegría inoculó a la concurrencia y acabó por cortar las orejas de su primero, lo que le dio la visa para repetir el venidero domingo en la sexta fecha de la campaña.

Se jugó un encierro de La Cardona, de cuyos pastos se arrearon seis novillos cuajados, variados de tipo y de buen juego, subrayándose los aparecidos en segundo, tercero y sexto lugares que por bravura y nobleza fueron aplaudidos en el arrastre.

Partieron plaza el regiomontano Alberto Valente (al tercio y silencio tras aviso), el peninsular Martín Campanario (silencio y pitos tras dos avisos) y el aguascalentense Efrén Rosales (dos orejas tras golletazo contrario y ovación tras aviso).

Tan dúctil como débil fue el primero, problemas que no solucionó Alberto Valente con la suficiencia que debería tener como eternizado que está en el rango de novillero. Fuera de algunos disgregados derechazos y un susto su diligencia, llevando tres plausibles pares de banderillas, fue de lo más común y corriente. Terminó su paso de buena estocada, lo que generó el ánimo para aplaudirlo en el tercio.

La porta gayola y un segundo tercio vertiginoso hicieron de puerta a su trasteo intrascendente, desalmado y de escaso chiste. Esto ya en el cuarto de la nublada tarde, un bello pero complicado novillo que exigía mucho más para dar algún partido. Para taparse, Valente se hizo un desbarajuste con los aceros.

Transformado en ramo frondoso de nervios, Campanario usó la capa de modo brutalmente destanteado; así gritó su petardo muletero, viéndose con tamaño de enano ante la buena res coahuilense que embistió abajo y claramente y que murió de efectiva estocada.

Con su segundo le dio el acabado a un fracaso de esos que pocas veces se tienen que soportar. Ya vendrán nuevas oportunidades.

Alegre y atrabancadamente le dio el saludo a su primero Efrén Rosales; con ese su capote hizo de todo y al desdoblar la tela escarlata animó a los consumidores más con su contagiosa obstinación que con toreo genuino. Enredadas en un trasteo huérfano de estructura emergieron las últimas tandas valiosas, ahora sí, de temple y mando acotadas por valientes manoletinas antes de entregarse matando de un tizonazo delantero y contrario.

Juncalmente y en el eje del anillo realizó un par de tafalleras adornadas con sentimiento, ese clásico del que quiere ser. Con ese cierra plaza provocó una cascada de emociones en el tendido. El joven tiene personalidad, planta de buen torero y un gusto desapaciguado por torear. Le es fácil provocar consecuencias positivas en el público; carismático, dotado de valor más que suficiente, por episodios toma la figura del novillero paradigmático de las novelas, los cuentos, las viejas pláticas o las pinturas románticas. Si por debajo del excelente bovino, claro, noble y de embestidas de estilo deseable, mucho bueno también dejó en el redondel. Lo mejor lo dio por el siniestro lado en naturales longitudinales y desbordados de temple. Encajó sus pedestales de seda y oro y lanzó a la suerte su brazo largo para hace vibrar las cuerdas del toreo. No debió pinchar, empero las realidades superan los deseos, por buenos que estos sean y así perdió la fortuna de haber paseado las orejas del buen cuadrúpedo.

Deja un comentario