26 septiembre, 2021

LOS PUYAZOS DE SERGIO.

Que si la generación salida de la nueva hornada de coletas mexicanos está sobresaliendo de los extranjeros en nuestra patria –todavía en la última corrida de la campaña dos aguascalentenses, Fabián Barba y Víctor Mora, de esos que actúan cada que viene el obispo, triunfaron sustanciosamente en la México-, e irónicamente forjados en España la mayoría, nuestros novilleros siguen anestesiados y dejan pasar el tiempo y desperdician las pocas oportunidades que se dan al año y se están dejando bañar por tres ibéricos que han pisado con punto más que decoroso torero el alfombrado arenoso del viejo inmueble de la calle E. J. Correa de la capital de Aguascalientes.

Que si la generación salida de la nueva hornada de coletas mexicanos está sobresaliendo de los extranjeros en nuestra patria –todavía en la última corrida de la campaña dos aguascalentenses, Fabián Barba y Víctor Mora, de esos que actúan cada que viene el obispo, triunfaron sustanciosamente en la México-, e irónicamente forjados en España la mayoría, nuestros novilleros siguen anestesiados y dejan pasar el tiempo y desperdician las pocas oportunidades que se dan al año y se están dejando bañar por tres ibéricos que han pisado con punto más que decoroso torero el alfombrado arenoso del viejo inmueble de la calle E. J. Correa de la capital de Aguascalientes.

Esto muy a pesar de que se les pone todo a favor –formidable ganado-, con algunas situaciones, que si bien intencionadas, de resultados contrarios para una real educación taurómaca, como que la “autoridad” haga número de pelele en la obra y reciba ordenes de la cantidad de orejas que debe de soltar, como lo hizo Manolo Arruza el domingo 18 de marzo durante la cuarta novillada de la serie y el señor juez le atendió con una ductilidad lacayuna.

Sigue fallando el cultivo de novilleros.

Ciegos, indolentes a la verdad y a la misma Madre Tauromaquia Mexicana, de la que han vivido toda su vida, muchos de los involucrados en el organismo local inventan triunfos para, según ellos, dueños de largo poder y corta mente, “estimular” a los muchachos. Imaginémonos que cierto mozo saca en el examen escolar un cuatro, pero para alentarlo se le obsequia un seis…

¡Vaya modo de formar profesionistas!

El túnel oscuro, hermano y desembocadura de los toriles, ha sido cruzado por tres añeros notablemente estupendos.

Real de Saltillo fue el alba de la campaña con tres bovinos bravos, nobles y de irreprochable estilo; acaso hubo un paréntesis descastado con Arellano Hermanos, siguió la soberbia aportación de Santa Fe del Campo, dehesa de la cual arrearon seis utreros como para cantarles coplas y colgar en el muro del pasillo de las corraletas una placa que los perpetúe por el resto de la existencia de la fiesta.

En la cuarta fecha El Vergel propuso otros seis ungulados de interesante juego; fue éste el que dieron sobre la marca de la casta, no amagando ninguno con la sosería, siempre en el terreno de la pelea y acaso con oscuras intenciones el primero, destacó con bastante el segundo, “Jardinero”, No. 507 de 392 kilos, que fue lisonjeado con el arrastre lento.

Ahí quedaron también el tercero, de bravura seca, el cuarto que manifestó claridad y movilidad, el quinto que trastornó por todo el ruedo claridad, nobleza y clase, por lo que se despidieron sus restos con palmas, y el que cerró plaza, un animal que llegó algo crudo al tercio mortal y que hizo transpirar tinta a su presunto lidiador.

Hasta antes de la tarde de ayer se han apersonado tres extranjeros, ibéricos por más señas; de éstos se han visto buenas notas. En la tarde inaugural cruzó el paseíllo Javier Jiménez, un joven que resolvió sin compromiso la lidia del primer novillo, al que pasó con la punta y a más que prudente distancia; mejor aconsejado en su segundo, centró a más las embestidas, aproximó los puntos de encuentro y convenció cortando dos orejas.

Se esperó después a Luis Gerpe, amargoso de verde la campaña 2011, mejor fraguado en esta, asentado, afinado y entendido de la sintonía del toreo, mal con la espada, independiente diligencia a sus dos salidas al tercio como incentivo al buen sabor de boca que dejó.

Encubierto el cuerpo con bordados azabache, se presentó ante los aguascalentenses Tulio Salguero, un joven que firmó su proyecto dando a ver el decanto de un toreo con las rarezas del sentimiento ancestral, harto de buen gusto, clase, dimensión y honradez. Salió al tercio solamente por haber herrado con el metal, cuando ya llevaba en el perineo una cornada de quince centímetros, conclusión de una falla técnica al realizar una serie de bernardinas.

Lo de mayor interés local lo han ejercido tres jovencitos casi debutantes: Nicolás Gutiérrez, Javier Reynoso y Diego Emilio. Se trata de una tercia de aguascalentenses que en la segunda fecha se presentó ante sus paisanos.

Son trío de aspirantes a la trascendencia brillante en la esfera de la fiesta que firmó una hoja de presentación excelente, independientemente a que se les sobre estimó con bruta lluvia de orejas.

Poseedores de cualidades como son el temple, la extensión, el buen gusto y un concepto “amexicanado” del toreo, también padecen, sin embargo, el natural síndrome del verdor. Será, por ello, prematuro el anunciarles en cualquiera de las dos novilladas programadas para la feria en el monumental coso de las Flores.

Del resto, poco hablar.

Antonio Galindo retrocedió, Alejandro López no tiene más que deseos, Ricardo Frausto poco siente la tauromaquia y Michel Lagraver hijo, no pudo sostener delante de los ojos de Aguascalientes el cuento vaquero de que es el novillero más joven de la historia. Con sólidas mañas se echó encima al público, al que mentó la madre, acto idéntico al que ejecutó su padre con dedicatoria a la prensa.

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