27 octubre, 2021

LOS TOROS Y LAS “MAÑANITAS” HACEN LAS VECES DE LA ESTACIÓN DE ABASTO DE LAS EVOCACIONES Y RECUERDOS.

ARRASTRE LENTO… Las voces de mi tierra. Su voz fue la que me contó con palabras de cristal los primeros romances que incendiaron mi imaginación. Luego escuché muchas voces más, tantas, que de tanto escucharlas supe diferenciar los timbres vocales, pero sobre todo el espíritu que las anima.

ARRASTRE LENTO… Las voces de mi tierra. Su voz fue la que me contó con palabras de cristal los primeros romances que incendiaron mi imaginación. Luego escuché muchas voces más, tantas, que de tanto escucharlas supe diferenciar los timbres vocales, pero sobre todo el espíritu que las anima.

Y fue mi tierra la que me contó, a veces con el brío sonoro de sus raíces folclóricas, a veces con la encantadora timidez provinciana que aún le caracteriza, que su pasado era el fresco orgullo de sus tradiciones. Mi tierra, cuando de niño me hablaba, lo hacía narrando sus sentimientos entre sentidos compases de tono romántico, como cantando por “torerías”.

Fue ella la que me contó que la perfumada coquetería taurina de este rinconcito geográfico emanó de los dulces y apacibles aromas de su primavera, estación serena que hoy todavía es “muy de Aguascalientes”, cálida región donde los manantiales fueron el regalo elegido por la naturaleza para la Villa de la Asunción de las Aguas Calientes.

Y recuerdo que me habló entre mágicos susurros de “las mañanitas” de la feria, y ¡de los toros! Mágicos momentos los que viví sintiendo que mi ser se desgarraba dulcemente escuchando el escandaloso vocerío de las risueñas aves que en sinfonías alegres con su algarabía enmarcaban el inicio de la Feria de San Marcos. Los pajarillos cantores me trasladaban a donde iban los perfumes y los sueños.

Lo tengo como vivo recuerdo. Después de las “mañanitas” era preparase para vagabundear en los interiores de la plaza de toros San Marcos esperando la hora de asistir al ritual del sorteo, y luego soñar que podría ver la corrida de la tarde, cosa prohíba para una paupérrima economía de un chaval de apenas siete años.

Era la voz de mi tierra. Cuando la recuerdo, cada narración, a manera de escena, se hace un cuento toda vez que en cada episodio de su historia hay una sentida evocación, un cuadro solemne, o bien una llana fotografía que en las vías del tiempo hacen las veces de estación de abasto de recuerdos. Y en ella se detiene, a manera de descanso, el fluir de la memoria pues son los recuerdos quienes hablan y cantan los primores de nuestra historia taurina.

Pero como también hay palabras huecas que resultan cantos desagradables, historias oscuras, evocaciones dolorosas, cuadros ridículos, o simples fotografías mal reveladas, no me queda sino desentenderme de ellas para no mirar en un espejo roto mi mundo destrozado en fragmentos que nunca más se unirán.

Lo cierto es que -me- duele que las corrientes orales, de falsos redentores, quieran ahogar la voz de mi tierra negando sus tradiciones, gustos y preferencias. Y es que, según parece, la tendencia es que las “mañanitas” en el jardín de San Marcos, al perder su vitalidad costumbrista, pierda su esencia. Como quieren que se pierda la vitalidad y esencia del toreo en México.

¿Por qué destrozar la grandeza del arte del toreo, sobre todo cuando los auténticos toros y toreros son parte de una cultura viva? ¿Por qué considerar a los tradicionalistas taurinos como una reza estéril de sobrevivientes totalmente desamparada ante el progreso que va desestimando la utilidad “espiritual y emocional” del toreo?

Al tiempo no puedo sino mirar a las “mañanitas” y al toreo como realidades que se han apropiado marcada de la representatividad de mi tierra. La tierra que con su voz me sigue alentando a tenerles compasión a los que niega la riqueza de su pasado.

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