25 octubre, 2021

EL COMENTARIO TAURINO DE JOSÉ LUIS ESPAÑA.

50 AÑOS DE LA MUERTE DE BELMONTE.
Queridos amigos, ayer 8 de Abril, casi a la misma hora que en La Real Maestranza se lidiaba una descastada corrida de Juan Pedro, a la que Manzanares le cortó una orejita, Morante escasamente pudo lucir su personalísima gracia y Luque bordo el toreo de capa en su primero, se cumplieron 50 años de la muerte de Juan Belmonte.

50 AÑOS DE LA MUERTE DE BELMONTE.
Queridos amigos, ayer 8 de Abril, casi a la misma hora que en La Real Maestranza se lidiaba una descastada corrida de Juan Pedro, a la que Manzanares le cortó una orejita, Morante escasamente pudo lucir su personalísima gracia y Luque bordo el toreo de capa en su primero, se cumplieron 50 años de la muerte de Juan Belmonte.

Desde que tengo uso de razón, de esto hace ya tanto tiempo que ni me acuerdo, vengo escuchando hablar de Joselito y Belmonte. Estos nombres en mi infancia eran de uso común entre los niños que jugábamos al toro por las calles y plazas de mi querido pueblo de Cubres Mayores.

Joselito se quedo en ese personaje histórico, mítico desde la infausta tarde del 16 de Mayo de 1.920 en Talavera, unido en los siglos y por los siglos al toro Bailaor de la viuda de Ortega, torero poderoso donde los hubiera, que quizás por no tener tiempo de demostrarlo, (solo 25 años duro su vida) carecía de esas historias personales, que te ayudan a conocer mejor a los genios populares, solo alcanzaba a conocer las que emanaban de su afición, dedicación y pasión desmedida por los toros.

Al respecto, hay una anécdota que define hasta que punto le llenaba su afición. Cuentan que en una entrevista que le estaban haciendo para un periódico de la época, el entrevistador le preguntó si sabia conducir coches, José contesta: “Si, el Hispano que tenemos en casa, lo conduzco siempre yo” y ¿le gusta?, le interpelo el periodista. José se quedó pensativo y contestó. “Pues mirándolo bien, no. No tengo tiempo para que me guste otra cosa que no sea el toro”.

Sin embargo, Juan Belmonte produjo siempre en mi una admiración enfermiza, y sin tener tiempo aun de conocer su vida, en los tiempos en que nuestros juegos, la mayoría de las veces se desarrollaban en una imaginaria plaza de toros, cuando no me tocaba ser toro y tomaba esa vieja toalla a modo de capote, siempre me hacía llamar Belmonte.

¡Juan Belmonte! ¡El genio! ¡El pasmo de Triana!

Mi sueño fue siempre conocerle, haberle acompañado por las calles de Triana, de esa Triana que parecía estar muy lejos de Sevilla, de estar con el en la quincalla de su padre en el Altozano, o de empapelar naranjas con los trianeros en el muelle de las delicias, en los comienzos del siglo XX.

Mi sueño ha sido saber cómo era su toreo en el despertar de su pasión, en los corros de chavales que deambulaban por el Altozano, escuchar con él las tertulias taurinas que se formaban en la tienda de su padre y pertenecer a la pandilla de torerillos insubordinados y atrevidos que le acompañaron en los primeros escarceos nocturnos, por las dehesas de bravos trianeras.

Ayer se cumplieron 50 años de su muerte, solo lo conocí en mis sueños.

Que Dios reparta suerte.

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