27 octubre, 2021

EN AGUASCALIENTES SE CONVULCIONA EL ALMA CUANDO SE ACARICIAN LAS SILUETAS ESFUMADAS DEL ROMANTICISMO.

ARRASTRE LENTO… Al romanticismo taurino lo tengo como la imagen de lo real y lo fantástico a la vez, como algo impregnado de una religiosidad que, cual vejecita encapuchada, siendo real tiene su contraparte en una esencia afantasmada que vaga en el templo de la fantasía.

Por más que lo intento, no logro rematar la suerte. A pesar de mis infructuosos proyectos comprensivos no asimilo a quienes apodan al romanticismo taurino, concretamente al romanticismo provinciano de Aguascalientes, con un epíteto ridículo e injusto. ¡Es de pueblo!, apuntan indiscretos con vulgar discriminación.

ARRASTRE LENTO… Al romanticismo taurino lo tengo como la imagen de lo real y lo fantástico a la vez, como algo impregnado de una religiosidad que, cual vejecita encapuchada, siendo real tiene su contraparte en una esencia afantasmada que vaga en el templo de la fantasía.

Por más que lo intento, no logro rematar la suerte. A pesar de mis infructuosos proyectos comprensivos no asimilo a quienes apodan al romanticismo taurino, concretamente al romanticismo provinciano de Aguascalientes, con un epíteto ridículo e injusto. ¡Es de pueblo!, apuntan indiscretos con vulgar discriminación.

En consecuencia, para ellos, para los que tienen al romanticismo como un símbolo decadente, sólo significan los triunfos y proezas conseguidos en plazas cuya magnitud honorífica es legendaria: Madrid, Sevilla, Pamplona, Valencia. ¿Y en México? En México nada vale toda vez que su Fiesta es de segunda. Divinizan con honores a España, y satanizan con desprecio a México.

Estos falsos jerarcas de la opinión curiosamente se deleitan catalogando a la Feria –taurina- de Aguascalientes como un evento pachanguero que, según su enviciada óptica, carece de la rigidez ostentosa, ceremonial y normativa del primer mundo.

Tan sólo atino a digerir el romanticismo tal cual lo entiendo. Las componendas traidoras de quienes reniegan del generado en su tierra me hacen mal estómago.

Me queda claro que triunfar en Aguascalientes es como darle otra dimensión al rango y prestigio torero. Y lo es porque mi tierra no ha perdido la fragancia de aquella sensualidad rústica, entre aborigen y campesina, que le han dado un carácter propio a la ciudad.

Lo cierto es que Aguascalientes sigue conservando ese no sé qué de languidez acogedora y pausada que recibió de sus ancestros como una herencia legada al hijo predilecto. En la ciudad se siguen iluminando las mansiones de sus moradores cuando, a través de las primeras oraciones matinales, se comunican con piadoso romanticismo con los dioses del toreo.

También es cierto que los taurinos románticos de Aguascalientes llevan colgada al cuello, golpeándoles el busto, la gruesa cadena del toreo que, cual señorial camafeo, más se afina mientras más envejece. Y centellea para envidia de quienes tienen a la Fiesta como un asunto polémico y controversial.

¿Sera decadencia que el corazón romántico de Aguascalientes se agite conmovido cuando se encuentra con las huellas pasajeras de los fugados relámpagos del toreo convertidos en drama y pasión? Mi tierra es una de las pocas ciudades que, dando albergue a un pueblo anónimo nutrido de leyendas y de magia, eligió como alternativa creadora al “milagro revelador” del romance del toreo.

En la mente de grandes personalidades de la tauromaquia universal Aguascalientes es considerado el hogar espiritual de los toreros que ardorosamente intentan evolucionar para llegar a la cima convertidos en rutilantes piedras preciosas. Ahora no se podrá negar que mi tierra es un polo magnético del ceremonial, litúrgico y ritual –festividad solemne- de intensa concentración mística bohemia. ¡Romanticismo puro!

Y asombra que Aguascalientes haya tenido el coraje de no agotar el exquisito manantial del cual emana el vital líquido que riega el jardín de la Fiesta mexicana.

Así las cosas, mi tierra, convertida en un escaparate natural del toreo, sigue siendo el alma religiosa de los idealistas que, envueltos en aires de genuino romanticismo, se abrazan al toreo con briosa cuanto piadosa disposición y devoción taurina.

¿Les faltarán a los tres lectores que se han tomado la enfadosa molestia de leer estas líneas motivos para comprender que Aguascalientes es cosa única dentro del universo del toreo?

Por eso es que celebro que toreros y ganaderos de renombre afirmen que triunfar en Aguascalientes es tocar un pedacito del cielo que nos cobija.

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