17 septiembre, 2021

LOS TOREROS BRILLARON POR SU AUSENCIA ANTE LA DE CUADRI.

Sevilla, martes 17 de abril del 2012.
Plaza de toros de la Real Maestranza de Caballería.
Sexto festejo del abono.
Toros enormes, algunos de más de 600 kilos, con trapío y cierta raza. Uno muy bueno, el tercero: noble, bravo y con cierta alegría. Dos manejables, el cuarto y el sexto. Y nadie que les hiciera fiestas.
Vamos a glosar velozmente este nembutalesco festejo (Leonardo Páez dixit) con algunas frases célebres (y otras que aun no lo son) que –con un poco de suerte- medio explicarán la tarde, tan plagada de avisos y de vulgaridad.

Sevilla, martes 17 de abril del 2012.
Plaza de toros de la Real Maestranza de Caballería.
Sexto festejo del abono.
Toros enormes, algunos de más de 600 kilos, con trapío y cierta raza. Uno muy bueno, el tercero: noble, bravo y con cierta alegría. Dos manejables, el cuarto y el sexto. Y nadie que les hiciera fiestas.
Vamos a glosar velozmente este nembutalesco festejo (Leonardo Páez dixit) con algunas frases célebres (y otras que aun no lo son) que –con un poco de suerte- medio explicarán la tarde, tan plagada de avisos y de vulgaridad.
Para los tres espadas viene bien la reflexión de don Gregorio Corrochano: “Se torea y se baila con la cintura. A veces, por una confusión de aptitudes, algunas mujeres torean y algunos toreros bailan”.
Asimismo, todo aficionado sevillano sabe que dar pases no es lo mismo que torear. Por eso lamentamos tanto que a los toros de Cuadri que se dejaban meter mano los coletas no les hayan pegado más que mantazos mil.
Antonio Barrera, un torero al que hay que admirar por su pundonor, hoy estuvo poco lucido y sin el aguante y la hondura de los que es capaz. Tuvo el tino de quitarse las zapatillas -durante su faena al cuarto- mientras una cigüeña sobrevolaba La Maestranza, el edificio más hermoso construido por la humanidad, cosa que, si no salvó la tarde, fue muy poética por supuesto.
Javier Castaño carece de poder y sitio, algo inusitado en un torero que se está dizque especializando en las corridas duras. Mientras pinchaba al quinto con gritos y pérdida del engaño, uno se preguntaba si en esta época de crisis los aficionados podríamos cobrar horas extra.
Peor nos fue con Alberto Aguilar, quien estuvo zaragatero, birlongo, y muy audible. Es duro decir que se le fue el astado, pero hay que declararlo sin ambages: el tercero de la tarde era para que algún diestro con hambre seria se le arrimara y le instrumentara una faena de escándalo. No fue así porque su faena fue un compendio de gollerías y despropósitos, dejando ver al respetable que le sobró toro.
Ciertos optimistas le dirían a usted que la tarde no estuvo tan mal, que más vale ver eso que estar ciego, pero, como dijo Montherlant –el genial autor francés de “Los Bestiarios”-, todo lo ocurrido hoy en el coso del Baratillo fue irremediablemente aburrido e inútil.
No faltó el iluso que, viendo a Joselito Adame en el palco de la tele, pidiera al triunfador indiscutible de lo que va del serial que regalara al sobrero.
Lástima de toros, lástima de plaza, lástima de una tarde tan soleada y apta para ver toreo del bueno.

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